Nosotros Los Fanzineros

Por SIRAKO SUFLÉ | ➜

Los fanzines nacieron desde que alguien se saltó al editor, el formato periódico/revista/libro; quiere decir que, aquí en México, probablemente ya había fanzineros antes de Flores Magón (que algunos consideran el primer fanzinero mexicano), si no nos ponemos muy exigentes, las imprentas móviles que llevaban los ejércitos en la época de la Independencia para hacer panfletos pueden hacerse pasar por fanzines. Pero el término nació más bien de publicaciones hechas por fanáticos de ciencia ficción que se mandaban cartitas y buscaron formas de escribir a varias personas al mismo tiempo por allá de los años 40.

También se reconocen como fanzines a las autopublicaciones de cómic que rondaban en Estados Unidos.  Con el tiempo, culturas como el Punk, se sirvieron del fanzine para distribuir opiniones sobre sus bandas favoritas y reseñas de discos que querían dar a conocer, digamos que el fanzinero es quien hace las veces de una revista, pero se busca otras formas de imprimir, de maquetar, de formar, etc.

Hoy en día, existen en México muchas publicaciones autoeditadas, hechas tanto con fotocopias de baja calidad como con procesos que se consideraban obsoletos, como las duplicadoras risográficas o la serigrafía. Cada quien le hace como puede, sobre todo para que se vea bonito. Cada vez hay más fanzineros y más porque desde hace un par de años se realizan ferias de fanzines, en las que el fanzinero promedio es un artista emergente o diseñador que busca una forma de publicar su trabajo y darse a conocer fuera del internet, a veces por mero capricho, y otras porque es posible venderlos (aunque existen los webzines, esos no nos atañen).

Podríamos decir que el fanzinero es un maestro de la gambiarra (o soluciones improvisadas), pues de entrada, soluciona la falta de espacios (o su hueva que a veces no le permite buscarlos) y distribuye su trabajo en serie, aunque en series chiquitas, permitiéndose ser la institución de cultura que no lo ha respaldado. Después de hacer sus fanzines, tiene que buscar en dónde venderlos y, antes de crear sus propios espacios, se metía en cualquier lugar en donde lo dejaran meterse (y lo sigue haciendo), por ejemplo, en los bazares de diseño -en donde generalmente se venden acuarelitas enmarcadas, tazas, playeras- el fanzinero hizo sus primeros intentos por vender, aunque generalmente no le iba muy bien. Luego en las ferias del libro. Hemos hecho pasar el nombre de nuestros colectivos por editoriales independientes, lo que nos ha permitido llegar a públicos muy diversos, como señoras muy bien peinaditas que pasean casual un domingo por el centro de Tlalpan.

Pero al nacer las ferias de Fanzines, también se han generado otras dinámicas gambiarras. Primero, hemos convertido ya varias galerías en tianguis con mesas y manteles, se llenan de fanzines y de stickers.

Pero ¿qué pasa cuando las galerías no nos quieren? Fanzinorama que ya lleva 8 ediciones, se ha realizado en la Galería Autónoma de la FAD, en la fundación Pedro Méyer, en T.A.C.O. siempre valiéndose de la idea de que el fanzine es una forma de publicar arte (que esto quede muy claro, la mayoría de los fanzineros en México están convencidos de que sus fanzines son parte de su obra, su obra como tal, o la forma más honesta de hacerle llegar su obra a la mayor cantidad de gente posible), pero otros festivales como el Matazanos (que se ha realizado las últimas 3 veces en el Foro Alicia) empezó en una pulquería cerquita del Chopo, y en su segunda edición se realizó en el pasillo de un edificio en la Roma. Otros han usado casas abandonadas y al mismo tiempo todos los cacharros que forman parte del inmueble se vuelven mesas, sillas o espacios para exhibir los productos.

En estas ferias vemos los manteles de la abuelita cubriendo unos huacales que hace las veces de mesa, a los fanzineros sentados en cubetas, un burro de planchar unido a una mesa con una tabla convenientemente crea más espacios. También es común que el festival esté acompañado por otra actividad como conciertos, jams de poesía, o ambos, lo que lo convierte en una especie de fiesta cultural, que al final, muchas veces, sólo es un mega peda a la que asisten puros morritos despistados.

Como sea, como en todo lo que implica la gambiarra, los festivales de fanzines y los fanzines como tal, son bien bonitos.

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