Breve instructivo para inducir arrebatos creativos

Entrevista a Alain Cano y  David Sánchez | ➜

Por KARINA ZAVALETA | ➜

Una perspectiva de la improvisación en la arquitectura y el jazz.

Existen pequeños inconvenientes en la vida cotidiana que nos orillan a utilizar lo que tenemos a la mano para darles una solución rápida, como cuando la clavija del microondas tiene un falso y le ponemos cinta para que funcione “en lo que la arreglamos”. Pero pasan los días y dicha solución provisional se vuelve parte del funcionamiento y decoración de la casa.

El término gambiarra, acuñado en Brasil, se refiere justamente a estas soluciones improvisadas. A través de ellas se reutilizan los objetos y se le da un uso totalmente distinto del que tenían, como consecuencia hay una importante apropiación y reconfiguración del entorno. En algunos contextos, recurrir a estas soluciones podría ser mal visto por considerarse sinónimo de una planeación y organización deficientes; pero en otros, la improvisación es la base de la práctica en cuestión.

Para reflexionar sobre lo anterior, a continuación se exponen dos perspectivas: la de Alain Cano, un músico que explora la improvisación en el jazz, y la de David Sánchez, un arquitecto que lidia con ella en su quehacer laboral. Una vez explicado el concepto de gambiarra, esto es lo que tuvieron que decir:

¿Qué problemas buscan solucionar a través de la improvisación?

Alain: no busco hacer frente a algún problema mediante la improvisación, más bien a veces la improvisación te pone en contextos y situaciones que tienes que resolver buscando otros recursos “fuera” del instrumento, como las técnicas extendidas. A veces el free jazz, así como la música libre, requieren un uso del instrumento que va más allá de lo convencional. Un ejemplo es cuando un contrabajista, en lugar de frotar las cuerdas con el arco, las golpea con una vara de madera o las frota con un pequeño cepillo; un guitarrista puede amarrar un cordón a alguna cuerda y frotarla con los dedos o frotar las cuerdas con algún arco de violín. Así,  la música no solo se limita a los sonidos convencionales, se expande creando nuevas posibilidades, entornos y sucesos musicales.

David: el quehacer de un arquitecto ofrece constantemente motivos de improvisación, sobretodo en obra. Muchas veces son los albañiles quienes la aplican. Por ejemplo, al no tener una escalera o banco, ocupan una cubeta; cortan y manipulan los envases de refresco para que sirvan como recipiente de pintura o como embudo; un pedazo de madera sirve para anotar la lista de material faltante; un pedazo de vidrio con filo sirve como navaja o lija. En fin, hay cientos de ejemplos. Un pedazo de cuerda de ixtle es un maravilloso cinturón.

¿Consideran que la improvisación genera complicaciones? Y de ser así, ¿qué tanto alteran el resultado?

Alain: uno va creando su lenguaje por medio de recursos melódicos, rítmicos y armónicos. Así como cuando una persona usa muletillas, los músicos tienen “frases” o recursos característicos que les funcionan en diferentes contextos. La música improvisada y/o free jazz son como una charla entre ejecutantes que se van conociendo entre sí, y que identifican los recursos característicos de cada uno. Se pueden utilizar estos recurso, pero si se abusa de ellos, se pierde un poco la esencia de la improvisación. El chiste es que el resultado sea netamente improvisado. Conocer tus recursos al máximo para no caer en el cliché.
David: modifica el proceso pero no el resultado. Quizá aquí se pueda hablar de riesgos, porque no es lo mismo que se suban a una escalera que a un bote, o que se pongan un guante a que solo se forren la mano con un pedazo de plástico. Sin embargo, el resultado es muy apegado al producto final que se desea.

¿Qué factores y condiciones determinan la improvisación?

Alain: creo que para improvisar debe haber un contexto tanto emocional como cultural bastante definido. Así como el lenguaje hablado, la improvisación es un tipo de lenguaje que se sustenta en alguna tradición, ya sea son huasteco, cubano, blues, jazz, rock. Uno no puede improvisar así de la nada sin un lenguaje definido, es como si quisieras hablarme de Edgar Allan Poe sin haber leído nada de él.
David: en buena medida hay un criterio que te ayuda a decidir si usar o no improvisaciones: la calidad de la obra, su exigencia, el cliente y lo que hay en juego. Si el trabajo requiere mano de obra especializada, entonces no puedes andar improvisando. Hay trabajos cuya flexibilidad es mucho mayor y otros en los que no tienes margen.

¿De qué manera enriquece improvisar?

Alain: al improvisar uno tiene que buscar su identidad para generar un discurso propio. El hecho de que la música no tenga estructura lo hace un poco más difícil, y si no tienes recursos o técnica para abordarla, ni algo que decir, no vas a poder tocarla. La improvisación te ayuda a definirte como músico, artista y persona.

David: la improvisación es necesaria porque a la hora de hacer pétreo y construible algo siempre salen problemas y cosas que no se tenían contempladas en etapas anteriores. Sin embargo, el quehacer arquitectónico procura detectar y eliminar todas esas posibles condiciones adversas y de improvisación. De hecho, procesos como la planeación, el proyectar, el diseñar, la adecuación, el dimensionar, así como las herramientas (los programas de diseño y modelado por computadora), involucran ir creando un objeto o proyecto, pero a su vez ir solucionando, previo a construir, cualquier atisbo de problemas. Las herramientas eliminan en buen grado los problemas a la hora de construir.

¿Consideran que hay pasos a seguir para improvisar?

Alain: no sé si haya pasos o una guía, ya que de haberlos se estaría estructurando un arte que particularmente carece de estructura. Hay ejercicios para desarrollar lenguaje y reacción, pues esta música se crea a partir de la respuesta del músico ante lo sugerido por sus compañeros. Yo simplemente escucho lo que los demás músicos tienen que decir en ese momento y reacciono dependiendo de cómo me siento. Así como uno no siempre se siente igual, la música no siempre sale de la misma manera.

David: primero que nada la lluvia de ideas. Escuchar soluciones de colegas, técnicos o trabajadores. Entonces entran en escena disyuntivas y decisiones de tiempo, de costo, de riesgo laboral, de apariencia final, de procedimiento, etc. Pero sirve mucho la lluvia de ideas; algunos aportan experiencias previas, conocimiento de materiales, etc.

Como podemos apreciar, la improvisación, como la gambiarra, no sólo implica parchar desperfectos. Se trata también de la capacidad de adaptación y de reacción (la cual requiere un conocimiento profundo del contexto en el que se está inmerso), así como de un proceso de aprendizaje y de reinvención. Como Alain Cano plantea, “todo el tiempo estás aprendiendo y reinventando el lenguaje”, lo cual nos hace pensar sobre la importancia de estar abiertos a la improvisación. Mientras que para David, improvisar “representa una oportunidad para replantear procesos, usos y costumbres. El aprendizaje empieza siendo empírico y local, con el tiempo se va haciendo de dominio público y acaba siendo un proceder general y común”. Finalmente, la improvisación artística es mucho más que meros arrebatos de inspiración; mientras que en las disciplinas donde se requiere de planeación y metodologías estrictas, existe también creatividad y maleabilidad de ideas; es decir, improvisar y dejarse llevar.

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