Cruyff, el esteta del futbol

Por ALEJANDRO FLORES VALENCIA | ➜

Hace unas semanas, falleció un astro del futbol, el holandés Johan Cruyff. Y pocos días después escribió en Facebook (sí, en Facebook) algo a propósito el español Agustín Fernández Mallo. Comentó en una entrada acompañada por una fotografía del holandés portando el uniforme nacional mundialmente conocido como La Naranja Mecánica: “En efecto, él, quien a mediados de los años 70 no sólo inventó el fútbol moderno sino que inventó la actitud del fútbol moderno, quien trajo la cultura pop a los estadios españoles, quien hacía en el campo exactamente lo que le daba la gana, quien cuando lo veíamos jugar nos parecía que no era un futbolista sino una estrella del rock camuflada, Cruyff, en efecto, Él Era el Juego”.

Mucho se ha hablado de la época de Guardiola o, actualmente, de Luis Enrique como técnicos que han dado continuidad a un estilo de juego que quizás inicia con lo que aportó Cruyff. El juego es caprichoso. A principios de 2016, la gente no paraba de decir que esta versión del equipo de futbol Barcelona era la mejor de la historia, que de la mano de Luis Enrique lo ganarían todo. El 14 de abril pasado fue eliminado de la Champions Ligue y en este momento tiene la peor racha de los últimos 12 años al hilar tres derrotas consecutivas lo que ha puesto en duda quién se alzará con el título de la Liga española. En fin.

Decidí preguntarle a un par de escritores cuál es el misterio o el secreto llamado Johan Cruyff para comprender el futbol contemporáneo: el entrenador y columnista argentino Matías Manna y el escritor catalán Joan Trejo. Esto fue lo que me contestaron:

En tanto icono cultural pop, ¿qué representó en su momento y cómo podemos leer la figura de Johan Cruyft en la actualidad?

Joan Trejo (JT): Cruyff no tardó en convertirse en algo más que un jugador de fútbol. En seguida se convirtió en un símbolo, tanto en Holanda como en España. De algún modo, le aportó al mundo del deporte,  y en concreto a un ámbito tan cuadriculado y poco sutil como el fútbol en los años 70, una frescura y un desparpajo, un desenfado y un carácter lúdico, impropios hasta entonces. Cruyff, como jugador, parecía materializar un tiempo nuevo. Además, ese teórico advenimiento venía acompañado de un factor estético que vestía a la perfección su llamativo carácter, frontal e independiente, herencia de la rebeldía sesentera. Su figura espigada, su ropa a la moda y, sobre todo, su rostro anguloso y expresivo, transmitían sofisticación, elegancia y modernidad. Excepto en lo que respectaba a su vida privada, sumamente discreta, podía pasar por una estrella de la música. Hoy en día las figuras del deporte son simplemente elementos económicos, sirven para vender productos, del tipo que sea, ya no simbolizan, más allá del terreno de juego, nada más que el poder del dinero; a veces con una desfachatez insultante.

Matías Manna (MM): Retomo una idea de David Winner en su libro “Brillant Orange”: Cruyff representa al fútbol lo que hicieron The Beatles en la música.

¿A qué tipo de “heroicidad” pertenece este tipo de hombres o figuras?

JT: Cruyff ha sido siempre un hombre de ideas claras, sencillas pero demoledoras. Nunca ha callado su opinión ni le ha importado verse contracorriente, en minoría absoluta. Por otra parte, esa sencillez de sus planteamientos, a veces casi risible, le ayudó siempre a colocarse a favor de la suerte y también, llegado el caso, a saber a reírse de los envites de la mala fortuna. Por eso se convirtió en un modelo para gente como yo. Como jugador fue excepcional, por su técnica, por sus capacidades físicas y tácticas. Y por haber articulado a su alrededor al menos dos equipos que encandilaron al mundo: el Ayax de Ámsterdam y la selección holandesa. Por otra parte, y como ya se ha dicho, era un símbolo, la materialización de los nuevos tiempos. Pero si fue grande como jugador, como entrenador cambió la historia del fútbol. Llegó a un Barcelona, en el año 1988, completamente fracturado por una grave crisis interna, perseguido por lo que parecía una inamovible fama de perdedor o segundón. No hablaré aquí de sus aportaciones técnicas, que fueron muchas, a cada cual más aventurada (sencillas pero demoledoras), pero sí diré que en menos de seis años convirtió ese equipo perdedor en la referencia de cómo había que jugar al fútbol. Convenció incluso a los más escépticos, después de unos años 80 plomizos respecto a lo futbolístico, de que era posible jugar bien, jugar bonito, encandilar, y ganar. No solo ganar, avasallar. Y lo hizo contra todo y contra todos. Y siempre con una sonrisa en la boca. Aportó esperanza a través de una simple práctica deportiva; porque el fútbol es algo más que un deporte, es una escuela de vida. En eso consiste su heroicidad.

MM: En medio de la década del 70 e inmersivo en Amsterdam, una ciudad donde irrumpieron nuevas ideas sociales, políticas y artísticas, Rinus Michels (entrenador del Ajax) dirigió un equipo comandado por el jugador Cruyff que cambió la perspectiva del fútbol. Crearon una nueva forma de jugar. Una nueva forma de gestión de los espacios para defender y para atacar. Ideas innovadoras y creativas. Fue el equipo más disruptivo en la historia del fútbol.  De ahí Cruyff, que consumió todas las ideas y las llevó al campo, participando de la Holanda del 1974, decidió ser entrenador y prosiguió con esas ideas primero en el Ajax (1985 a 1988) y luego en el Barcelona (89 a 95). Fue fundamental su primera etapa para llegar luego al Barcelona y construir un paradigma. Una idea de club. Un modelo de pensamiento y un conjunto de conceptos que llevó a cabo. Conceptos que nada tenían que ver con el fútbol tradicional de ese momento. Creó una filosofía de juego. Que todos después aplaudimos con Guardiola como entrenador en los últimos años. Los conceptos son los mismos. La piedra angular de todo fue Cruyff que eligió a Pep Guardiola como mediocentro en su equipo de principios de la década del 90.

Los intelectuales, ¿qué pueden leer en el deporte, en el fútbol en concreto, al menos a ti qué te interesa?

JT: Cruyff, como entrenador, me enseñó a ver el fútbol de otro modo. Desde niño era aficionado, seguidor del Barcelona en concreto, pero algo cambió con Cruyff. Hasta entonces era de aquellos que creen, como tantos otros, que el fin justifica los medios en el deporte. Es decir, lo único que me interesaba era que mi equipo ganase. Con Cruyff entendí que la estética, el disfrute de lo que se observa, y también las ideas que pueden derivarse de esa observación, son, de hecho, más interesantes que la victoria. La victoria es circunstancial, la belleza es eterna. Aplicar esa idea al fútbol fue una revelación. A mí me gustaba leer y escribir, era amante del arte y me interesaba también reflexionar sobre él, y el fútbol me permitió encontrar un ámbito lúdico en el que plasmar y ejercer también esas necesidades. Partiendo de lo estético, de algo hermoso que podía observar en el terreno de juego, entendí que podía encontrar en ese terreno de juego alimento para el intelecto. Se podía pensar el fútbol. Y no solo como práctica deportiva. Es decir, no solo cabía pensar sobre elementos propios del juego, sino que podía servir como símbolo, o metáfora, de muchas otras cosas. Eso convirtió un supuesto placer culpable en una materia de estudio real; o en un soporte reflexivo, si se prefiere. Y el placer derivado del hecho de ver fútbol creció de ese modo exponencialmente. Al punto que creo que dejé de ser un hincha, aunque siempre deseo en última instancia que gane mi equipo, para convertirme en un analista, en un ensayista futbolero espontáneo, que es donde verdaderamente me siento cómodo.

MM: El Cruyffismo es el único ismo al que adherí y voy a adherir en este juego. Fue la persona más influyente en la historia del fútbol. Fue un gran jugador, el mejor de Europa de todos los tiempos, un mejor entrenador. Pero sobre todo alguien que representa un paradigma, un modelo de pensamiento.

¿Qué distancia media entre Messi y Johann Cruyff?

JT: Cruyff, en tanto que jugador (pero también como entrenador) todavía podía pisar nieve virgen, todavía podía sorprender con sus propuestas, porque no todo se había visto. Además, en tanto que holandés no tenía sobre sí el peso de la historia futbolística. Por otra parte, el mundo del marketing todavía no había irrumpido en el deporte, el dinero no se había convertido en el rey absoluto y en la vara de medirlo todo. A eso hay que añadir la relación que se tenía entonces con el tiempo: en los años 70 se le suponía a las cosas, a todo, una duración, una perdurabilidad. Messi apareció en el mundo del fútbol cuando todo estaba inventado, cuando se creía que ya nada nuevo se podía ver. Messi, de hecho, no ha inventado nada, no podría hacerlo, simplemente ha hecho que lo ya visto parezca como recién salido a la luz. Messi le ha otorgado al fútbol, o le ha devuelto si se prefiere, un componente mágico; no de ilusionista, sino de mago. Todo el mundo sabe lo que hará Messi, e igualmente lo hace. Por eso la pregunta siempre es: ¿cómo lo ha hecho… otra vez? Messi tiene sobre sus hombros, por otra parte, todo el peso de los mercados, de lo económico, y de la sobreexposición que eso conlleva. Por no hablar del peso de la historia: desde sus primeros partidos se le comparó con Maradona. Aun así, ha sabido superar la presión del tiempo, rindiendo a un nivel de eficacia hasta hoy desconocido. Porque es innegable que ningún jugador de la historia ha sido capaz de brillar a tal nivel durante tanto tiempo de manera ininterrumpida, en partidos grandes, medianos y pequeños. Como jugador, Messi está a una distancia galáctica de cualquier otro jugador, no tanto por lo puntual como por la demoledora reiteración. Messi ha sabido reinventarse, lo que demuestra su inteligencia deportiva, y ha ido barriendo registros con una naturalidad desarmante. Pero jamás llegará a ser, si es que algún día lo intenta, algo más que improbable, ni la sombra de lo que fue Cruyff como entrenador. Entre otras razones, porque fue la visión de Cruyff respecto al juego lo que llegó a permitir, con el paso del tiempo, que un jugador como Messi pudiese expresar su grandeza sobre un terreno de juego.

MM: Creo que es interesante visualizar su liderazgo su filosofía para dirigir otras 20 o 25 personas, Cruyff fue un gran gerente alguien que dejó que el equipo fluya y que grandes personalidades puedan explotar dentro del campo de juego con una estructura y una metodología innovadora.

———–

Juan Trejo, vive en Barcelona, es un escritor español, periodista cultural, traductor y profesor universitario.

Matías Manna, vive en Rosario, Argentina. Es entrenador de fútbol y especialista en Comunicación Digital Interactiva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s