Nacionalismo basura o cómo construir una nación con basura

 

Por HANA MASRI* | ➜
Traducción MARIANA ROA | ➜

El imaginario nacional de los Estados Unidos está constituido y contestado por la basura. Cada año, miles de toneladas de objetos, a menudo descartados como basura, son dejados en las áreas fronterizas entre México y los Estados Unidos como resultado de la migración. Desde botellas de agua hasta mochilas, cepillos de dientes, ropa, paquetes de anticonceptivos, la serie de c osas en la frontera refleja las batallas vividas por la supervivencia en un terreno física y simbólicamente hostil. Las relaciones materiales que emergen a causa de esta “basura” evidencian y reproducen las dinámicas de pertenencia y exclusión negociadas en la producción discursiva de la nación. La denominada basura que se desecha por toneladas en las áreas fronterizas forma un nodo crítico dentro de la red de relaciones materiales y espaciales que constituyen los conceptos de nacionalidad, frontera y nación en los Estados Unidos. Dado que la basura es, como en la famosa definición de lo sucio de la antropóloga Mary Douglas, “materia fuera de lugar” , la asociación [1] de objetos abandonados en las zonas fronterizas con basura y la subsecuente asociación de lxs migrantes con ésta juega un rol crítico en la rendición de cuerpos migrantes como “fuera de lugar” y por tanto desechables. En resumen, la constitución del espacio nacional a través de la exclusión de cuerpos migrantes como “fuera de lugar” —un proceso que pasa extensivamente aunque no exclusivamente en las áreas fronterizas— tiene conexiones íntimas con la basura material en la frontera.

Más que una identidad, la ciudadanía es, como lo dice el teórico de la comunicación Aimee Carrillo Rowe, “una función de espacio y poder” . En las áreas fronterizas, la basura marca los [2] cuerpos migrantes (ausentes) que representa como esencialmente en el espacio equivocado, porque los objetos dejados dan testimonio de “comportamiento corporal inapropiado”: lxs [3] migrantes que los dejan son excluibles de una admisión formal a los Estados Unidos, y este movimiento justifica la inmensa violencia contra ellxs a manos del Estado. Los objetos abandonados a menudo representan también esta violencia. En la primera mitad de los años 90, la incrementada militarización en los puntos tradicionales de cruce de la frontera, forzó la migración hacia la región más peligrosa: el Desierto de Sonora. Mientras que estas políticas [4] hicieron muy poco por alcanzar su supuesta meta de disuadir la migración, sí lograron incrementar la tasa de muertes de migrantes al forzarlos a competir contra la mortal topografía del desierto. El inmenso riesgo a que se exponen lxs migrantes al cruzar, puede leerse en los [5] objetos que dejan en el desierto y que dan testimonio de las estrategias materiales para sobrevivir. La “basura” de la frontera sirve al mismo tiempo para establecer como desechables las vidas de [6] lxs migrantes y para evidenciar esa desechabilidad al representar su muerte.

Dentro de esta red de relaciones materiales, sin embargo, la ambigüedad y el exceso juegan un rol crítico en la ruptura de las lógicas totalizadoras de exclusión y desechabilidad que parten de la llamada basura. Además de representar el riesgo de muerte en el proceso de migración, los objetos abandonados también evidencian herramientas de supervivencia. La ambigüedad ciertamente acecha los objetos; no todas las personas que atraviesan las zonas fronterizas mueren, y los objetos invitan a quien observa a imaginar la variedad de resultados posibles para las personas que los portaban. Mientras que la muerte es una posibilidad muy real en la frontera, ésta es sólo una de entre un sinfín de otras.

Los objetos encontrados en las zonas fronterizas representan al cuerpo, incluso en la ausencia de cuerpos. A pesar de que lxs migrantes a quienes representan no están presentes, los objetos invitan a quien los observa a contemplar la migración como una práctica del cuerpo, encarnada. Suéteres negros abandonados pueden sugerir un intento de ocultarse de la policía fronteriza, al igual que una mala preparación para el calor letal del desierto. Una mochila puede significar la detención de un migrante, o su encuentro exitoso con alguien que le ayudaría a transportarse a otro lugar. Las conexiones siguen, pero la premisa es la misma: migrantes que, aunque ausentes, permanecen en los objetos abandonados, incitando a quien observa a hacer conexiones entre los objetos y las prácticas corporales de lxs migrantes, sus herramientas y sus estrategias. Estas estrategias materiales muestran la interacción precaria entre la muerte en potencia y la supervivencia.

Otra forma crucial en que los objetos abandonados interrumpen las lógicas de la desechabilidad del migrante es a través del exceso. Sólo en Arizona, la migración resulta en un estimado de 2,000 toneladas de “basura” por año . Mientras que los que advocan contra la inmigración usan [7] esta estadística para sugerir que lxs migrantes literal y simbólicamente ensucian los Estados Unidos, excluyéndolos así de la nación, el puro exceso de objetos también rompe con el imaginario nacional de las fronteras soberanas de cara al flujo neoliberal de productos y personas en constante incremento.

El exceso se manifiesta por todo el Desierto de Sonora. En varios puntos a lo largo de las vías de migración, los objetos se apilan llenando arroyos en un aparentemente infinito flujo de cosas abandonadas. La “basura” a menudo se extiende hasta donde llega la mirada, su continua producción sin dar señales de su fin. Temporalmente, también se estira hacia el pasado; mientras la generación de los objetos representados se extiende hacia el futuro próximo, también existe evidencia de su previa creación, ya que las capas de objetos (lo más nuevo hasta arriba, lo más antiguo abajo) sugiere que estos puntos llevan tiempo siendo usados para dejar cosas. La “basura” toma en sí una suerte de permanencia; su producción ha ocurrido por mucho tiempo, y continuará ocurriendo.

La “basura” de la frontera, invitando conexiones con lo corpóreo, dimensiones excesivas de la migración, provoca una ruptura crucial en el discurso de Estado de los Estados Unidos acerca de la frontera. Como la académica de la comunicación Anne Demo argumenta a través de una lectura de las representaciones visuales de la frontera en el discurso oficial del gobierno, al dirigir recursos para la militarización de refuerzo de la frontera como vallas y tecnología de vigilancia a ciertas áreas de la frontera, las políticas de militarización de la frontera implementadas en los primeros años de la década de 1990, dieron forma a una “estética de disuasión” que “simbolizaba la soberanía al producir orden a partir del caos” . Los objetos [8] encontrados, en su representación del acto corporal del cruce de la frontera, interrumpen la narrativa de una frontera segura y cerrada a aquéllos que los Estados Unidos tienen el derecho, como estadonación soberano, a excluir. La migración claramente sigue, y tiene lugar de una forma caótica y excesiva.

El momento en que se observa la “basura” crea así rupturas a las narrativas de los Estados Unidos como una nación soberana que ejecuta su derecho a excluir a través del control total de la migración en la frontera. El exceso representado por los objetos de lxs migrantes, un exceso que señala su propia ocurrencia en el pasado y que se extiende hacia el futuro, empuja las fronteras literales y figurativas del imaginario dominante de los Estados Unidos como completo en su soberanía, y de lxs migrantes como inherentemente excluibles. La existencia de estos objetos también subraya las contradicciones fundamentales en la política de los Estados Unidos que crea condiciones de migración a través de una política neoliberal de comercio y hace un espectáculo de la imposición de la frontera en los puntos de cruce, pero deja amplias franjas de la frontera abiertas a la migración bajo la creencia de que el desierto se encargará de disuadir a lxs migrantes en potencia, pero dando como resultado las herramientas y estrategias que se leen en los objetos.

Los objetos dejados por lxs migrantes representan las estrategias de supervivencia y su exceso rompe con las concepciones dominantes de la frontera y la migración. Esta interrupción problematiza el uso de la “basura” como evidencia de la inherente desechabilidad de lxs migrantes. El imaginario nacional de los Estados Unidos es entonces a la vez constituido y contestado por la basura. Mientras que las fronteras simbólicas de la nación son constantemente retrasadas, a través de las relaciones materiales, excluir a aquéllos considerados “fuera de lugar” como los objetos que dejan atrás, estas mismas relaciones materiales enfatizan las inconsistencias, violencias y excesos que los Estados Unidos, como EstadoNación, no puede nunca contener completamente.

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Notas

[*] Hana Masri es doctorante de Comunicación en la University of Wisconsin Madison. Sus investigaciones se centran en migración, fronteras, cultura material y basura.

[1] Mary Douglas, Purity and Danger: An Analysis of the Concepts of Pollution and Taboo (New York: Routledge, 2002): 50.

[2]  Aimee Carrillo Rowe, “Whose ‘America’? The Politics of Rhetoric and Space in the Formation of U.S. Nationalism,” Radical History Review 89 (2004): 124.

[3] Juanita Sundberg, “‘Trash-talk’ and the Production of Quotidian Geopolitical Boundaries in the USA-Mexico Borderlands,” Social and Cultural Geography 9.8 (2008): 876.

[4] Amnesty International, “In Hostile Terrain: Human Rights Violations in Immigration Enforcement in the U.S. Southeast,” Amnesty International (2012): 16-20.

[5] Amnesty International, “In Hostile Terrain,” 16.

[6] Jason De León, Cameron Gokee, and Ashley Schubert, “‘By the Time I Get to Arizona,’: Citizenship, Materiality, and Contested Identities Along the U.S.-Mexico Border,” Anthropological Quarterly 88.2 (2015): 456-457.

[7] Arizona Department of Environmental Quality (ADEQ), “Arizona Border Trash,” accessed March 23, 2016. <azbordertrash.gov>

[8] Demo, Anne. “Sovereignty Discourse and Contemporary Immigration Politics.” Quarterly Journal of Speech 91.3 (2005): 303.

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