Camina, que el dogma alcanza y paraliza

Por Karina Zavaleta |➜

 

Desde pequeños, se espera que cumplamos con ciertas expectativas y roles, aparentemente, el mundo nos orilla a tomar decisiones definitivas respecto a nuestra vida, sin embargo, enfrentamos una disyuntiva entre lo que debemos hacer y lo que deseamos en realidad. Muchas veces, para satisfacer nuestras inquietudes, es necesario moverse de un lado a otro y pisotear algunos dogmas en el camino.

Este movimiento puede alterar el orden del sistema, lo cual provoca reacciones negativas hacia aquello que lo perturba, pues se percibe como una amenaza. Entonces, como una primera defensa ante la incertidumbre que provoca lo desconocido, aparecen las denominaciones, las etiquetas y las categorías, las cuales suelen tener connotaciones peyorativas.  A través de ellas, se intenta reconocer lo extraño y, en el peor de los casos, se utilizan para imponerse ante la otredad. 

Con lo anterior, podemos ver que las migraciones le confieren al desplazado cierta exotización ante su nuevo entorno, sin mencionar el rechazo y los actos de odio a los que se encuentra vulnerable. Dicho fenómeno se da en muchas circunstancias, desde el desplazamiento mismo de seres humanos para buscar mejores condiciones de vida en un país diferente al natal, el empleo de conceptos de una disciplina para explicar fenómenos equivalentes en otra, o la experimentación musical con instrumentos poco habituales.

Estos desplazamientos se dan en instantes de apertura que permiten la inclusión de nuevos elementos, lo cual implica una reconfiguración, no sin una sensación de extrañeza y probable rechazo al inicio. De  otro modo, no podríamos hablar de intercambios culturales, de interdisciplina ni de técnicas extendidas. No obstante,  conforme las nuevas prácticas se normalizan, la apertura se cierra paulatinamente para volverse otra vez una coraza rígida, renovada, pero pétrea al fin.  De este modo, algunos ámbitos en cuyos inicios se erigieron como progresistas e incluyentes, terminan encerrándose en doctrinas.

Camina(1)

La rigidez de los dogmas en cualquier ámbito y la necedad de leer el mundo desde una sola perspectiva conllevan a la construcción de una ideología cercenante, cuyas acciones no pueden ser menos violentas.

Sobran ejemplos de odio contra ciertos grupos, como las mujeres, los migrantes, los ancianos, lo homosexuales.  Hay quienes se niegan a ver que, desafortunadamente, existen actos violentos motivados por la condición de estos grupos, por lo que aseguran “deberíamos respetarnos por el simple hecho de ser personas”. Sí… pero no. Si bien es cierto que debemos respetarnos como seres humanos, este reduccionismo no permite ver la gravedad del problema, pues al borrar las diferencias entre nosotros, no somos capaces de distinguirlas y mucho menos de respetarlas.

Desplazarse en diversos contextos permite dejar de exotizar lo que nos es ajeno. Así que no importa cuántos brincos demos de un lado a otro ni cuántos paradigmas rompamos en el proceso, si el resultado será introyectar la otredad, asumir con curiosidad y no con violencia la angustia que provoca, ¿para qué buscar casarse con un dogma?

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