Editorial #3 | Ocupación-desplazamiento

Ocupación-desplazamiento y los vectores siniestros del futuro | ➜

Por César Cortés Vega | ➜

Sólo es posible reconocer un origen cuando alguna de sus partículas ya no se encuentra en su sitio. Aquel movimiento es significativo en tanto una proyección toma forma. Y siendo que sólo así un camino se define, en función al vector de movimiento que dice su avance en el espacio, el vacío que se ha dejado para completarlo hace posible la construcción de mitos. Ni el punto de origen, ni cualquier otro lugar donde una partícula del mundo pueda encontrarse, tienen ningún sentido sin aquel vector mediante el cual se ha cumplido su devenir. Así, aquello que define la tensión entre un espacio y otro es la negación que opera cuando se ha rebasado una frontera significante.

De este modo, hemos pensado para esta serie de entregas sobre la ocupación y el desplazamiento, en tres posibles vectores que atraviesan límites específicos:

1) Los de la geopolítica como desplazamientos físicos de un territorio a otro -pasando por el paradigma transfronterizo-, que responden a políticas y economías que obligan a una migración radical, pero también a la posibilidad de una ocupación contestataria.

2) Los flujos urbanos, en términos de movimiento y participación en las ciudades, como fenómenos de economías internas que desregularizan la identidad local de los precarizados ciudadanos en los que nos estamos convirtiendo (los símbolos y los motivos que nos hacen pensar en la posibilidad de una nacionalidad aún, por ejemplo), y también;

3) Los límites planteados por juegos de interpretación más abiertos, como los del psicoanálisis, donde el término desplazamiento se emplea para señalar un mecanismo de defensa en el cual se re-dirigen las emociones percibidas como peligrosas o problemáticas, hacia la ocupación de un objeto o representación que diluye la angustia.

Muchos ejemplos posibles pueden derivarse de estos tres niveles: la llamada ‘Bestia’ que cruza la frontera México-Estados Unidos; los ahogados en el Mediterráneo con cientos de desplazados en el intento de llegar a Europa; tribus urbanas de las periferias; movimientos literarios de los límites; nuevas identidades; economías simbólicas alternativas que renuncian a la ciudadanía; asambleas efímeras, etc. Todo ello, al atravesar límites específicos de significación, hace de la lectura de la realidad contemporánea algo irreductible, así como una fuente inagotable de contradicciones.

Un problema específico sobre esto la plantea Étienne Balibar en “Del Cosmopolitismo a la Cosmopolítica” cuando dice que la frontera es:

[…] sólo aparentemente un límite externo; en realidad está ya siempre interiorizada o desplazada hacia el «centro» del espacio político. Ésta podría considerarse desde los orígenes como un elemento «cosmopolítico»; incluso anterior a la Nación Estado, que transformó profundamente el significado y la institución de fronteras pero que no las inventó […] surge también la cuestión de cómo entender por qué este carácter central de la periferia adquiere una nueva visibilidad y un estatus más controvertido en el período contemporáneo.

En este mismo sentido, esta interiorización de la frontera hacia el centro es, por ende, incapaz de tratar la otredad, si no es desde los racionalismos centralistas occidentales, debido a su carácter verticalista. Esto puede dar como consecuencia, en su contraparte siniestra, la incapacidad para contrarrestar nuevos órdenes ultra-fundamentalistas difíciles de clasificar. Dicho de otro modo, estos fenómenos estarían, quizá, realizados en lugares en los que aquellos relatos cosificados de las universidades o del ‘bien pensar’ no puedan verificarse más allá de una metafísica concebida desde la objetivación parcial del pensamiento. Eso implica, en buena medida, indecibilidad moral, pues desde aquella naturaleza caótica se producen metáforas ajenas a una sincronía capaz de encontrar soluciones más allá de los espacios consagrados a la reflexión teórica. Más ejemplos a la mano en movimientos como ISIS o la violencia asociada al narcotráfico en México.

Por otro lado, Zygmunt Bauman, al hablar de la seguridad, dice que ésta “se vino abajo una vez que, en la fase ‘líquida’ de la era moderna, las probabilidades en el juego de la supervivencia se desplazaron del mundo ‘de ahí afuera’ a la vida individual”. Esta individualización radical en el consumo moderno tiene una cara oculta en los países en los que las condiciones de vida han disminuido paulatinamente, gracias al debilitamiento del estado de bienestar, por una competencia de mercado que abandona cualquier noción nacional incluyente, a no ser la fundada en la banalidad de las imágenes o la corrupción con intereses mercantiles. En muchos casos, esto termina por expulsar no sólo a la población menos favorecida, sino a todo aquel que no coincida con los imperativos de fórmulas de Estado con base en morales preocupadas por salvaguardar mitos de un reduccionismo voraz e implacable.

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Con este número 3, inauguramos nuestra nueva plataforma pensada exclusivamente para la Revista Telecápita, en la que se han reducido las opciones de búsqueda y clasificación, de manera que resulte más fácil encontrar los contenidos editoriales. Además de los números periódicos divididos en secciones, seguimos contando con la participación de colaboradores que entre tema y tema, continuarán con el desarrollo de sus columnas.

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