Desplazamiento y gentrificación de la poesía

Por Cuauhtémoc Camilo | ➜

Nuestro tiempo es pobre en grandes
hombres, pero produce figuras.

Ernst Junger, Der Waldgang

En más de una ocasión se ha llevado el lenguaje verbal a sus extremos y –ahí donde todo parece agotado y desplazado– una vez más su capacidad enunciativa desborda sus límites y se actualiza ¿De qué depende, a qué está ligada la actualización del lenguaje verbal? Habría que considerar cuatro factores determinantes: a) Diversificación de los recursos retóricos y de las técnicas de manejo de la comunicación y expresión (como las frases de los memes, los esquemas de charlas públicas [TED] y presentaciones de negocios [MAC]), b) Proyección de ámbitos cuyo vocabulario es poco socializado o es propio de grupos minoritarios (como el de la informática, la inteligencia militar, o bien, ligados a fenómenos sociales como la llamada “contra cultura”, la formación de grupos con base en preferencias y ejercicio de la sexualidad LGBTTTI, SW, etc. o la afición por el anime, manga, J, K, culture), c) Síntesis de procesos mediáticos y técnicos para la transmisión de mensajes (animación mixta, audiovisuales, motionshows [cine 4d, conciertos holográficos con fuegos artificiales y rayos láser], géneros “literarios” y “estéticos” mixtos [documental cinematográfico que intercala testimonios sobre un tema específico, ensayo teórico y cuidadoso soundtrack de fondo o películas y adaptaciones de comics y libros], etc.), y d) Recepción y cultivo de públicos específicos que a la vez retroalimentan los distintos corporativos lingüísiticos y  abren mediante el gusto, la expectativa y el antecedente, las posibilidades verbales venideras.
Diversificación, proyección, síntesis y recepción del lenguaje verbal envuelven a la poesía contemporánea. Su eficacia, presteza, contundencia y curiosidad son los valores que determinan tanto su circulación y popularidad como, a la larga, su trascendencia, ya sea estilística, referencial, político-discursiva o generacional. El carácter experimental de las apuestas poéticas sólo es verdaderamente experimental cuando se prueba con un público, por más íntimo y antimainstream que sea. Aquellos que frente a un escenario-recital exigen que no se les lea, que sus poemas nada valen, que escriben sólo para sí mismos y que la poesía sólo tiene valor en tanto ejercicio íntimo e incorruptible, hacen de su creación un tótem poético. Y como todo tótem acaban por invitar al culto, un culto discreto que sea capaz de conseguir honores y premios por más importantes o triviales que sean. Los poetas totémicos son los primeros en suponerse desacralizados.
Si el poeta prefiere mantenerse acrítico respecto de sí y el fondo de sus enunciaciones, muchas veces situado en la coyuntura política e ideológica de moda, esa posición no representa más que una estrategia “oportuna”. La poesía no deja de ser poesía incluso si está supeditada a las condiciones del oportunismo y en México hay casos notables a este respecto.  Pero es precisamente por esto es que la crítica literaria tiene la función de encontrar en el poema mucho más que formas e ingenio, más que técnicas mediáticas y gusto popular, su olfato precisa de carácter poético: aquello que a pesar de y gracias a la diversificación, proyección, síntesis y recepción del lenguaje verbal tiene la potencia de inventar a los otros poetas y la escucha de la sociedad. Y esta labor no es tarea de una o un solo poeta, sino que requiere de diversidad: poetas opuestos entre sí, esa es la crítica de base y la promesa de una conciliación que no es ni será sino a costa de la crítica misma.
Este fenómeno bien podría llamarse gentrificación de la poesía y ocurre ahí donde un grupo o un puñado de grupos (no un solo poeta) se convierte a la vez en la crítica y en el referente general de una generación o un espacio geopolíticamente determinado. Gentrificación en la medida en que los recursos financieros, espacios públicos y la circulación desplazan a poetas sin grupo, ni voz pública, gentrificación de los lectores en géneros, en autores y tendencias. La importancia y sencillez de publicar, incluso en un contexto de actualidad de lenguaje –en medios abiertos y gratuitos como los de hoy– no es menos complicado y estratégico que en el ayer, pues ya no basta publicar o subir un texto al abismo virtual, sino que el hecho de hacerlo puede ser un sinónimo de proyección o descalificación frente a una crítica cuyas figuras, nombres, posiciones nunca acaban de ser del todo claras y formuladas.
La crítica que leemos en las páginas de las revistas, en los blogs de crítica, en los periódicos, parten de criterios fraguados en el calor de la formación personal, de la academia o de la tendencia y el marketing, son elaborados a puerta cerrada como el resto del trabajo intelectual o los quehaceres profesionales, su desconocimiento o familiaridad son parte de las variables en juego. Así como los protocolos del diplomático, las claves del policía, los cálculos del ingeniero, las tradiciones del filósofo, los criterios del crítico no son y no necesariamente tienen que ser del dominio público, por más que estén ahí a la disposición de quien pretenda conocerlos. A este respecto quizás los manifiestos de las vanguardias fueron los más abiertos y específicos. Ingenuo e insostenible sería llamar a una conformación de criterios generales de la crítica –lo que, además, dejaría fuera toda actualidad y mutación espontanea de la poesía– o una constitución pública de la creación literaria en la que todos sean críticos. Ingenuo también el poeta que no lee poesía ni  conoce su devenir, apuestas y problemas, que espera ser reconocido como poeta sin preguntarse por el lugar de la poesía y el de los poetas laterales, del pasado o los no leídos. La tarea de la crítica también es esa, de recuperación y análisis.
Pero quizá la más delicada tarea de la crítica se juegue en sus decisiones con sobre la carrera y labor de poetas y escritores. La poesía no es un quehacer directo entre realizador y receptor sino que en la crítica encuentra a su intermediario, a la vez editorial, difusor y filtro. En términos económicos, el poeta no establece un intercambio directo con su lector, sino que la crítica construye su mercado, da las licencias cuando coinciden con la agenda y las recoge o escatima cuando no, la crítica es también trampolín editorial. Ante esto, el problema fundamental de la crítica es que es no hay una sola crítica. ¿Cuántas academias, revistas, autores y grupos no aspiran a tomar la batuta de la crítica? y, de entre ellas, ¿a cuántas suele reconocerse y bajo qué criterio es que se les reconoce el derecho de ‘ser’ la crítica que decide tanto a nivel institucional como a nivel público?
A esta cuestión se suma la capacidad de escucha, a la vez frontera y extensión del lenguaje, un asunto que rebasa el vocabulario, la pluralidad de sentidos y la leguas. ¿Qué lee el lector cuando lee un poema o una novela? ¿Qué no lee o no le parece tan extraño para que la poesía sea uno de los géneros más olvidados? Los largos y delgados dedos de la analítica del lenguaje no alcanzan para tocar este problema a la vez social, político, afectivo, disciplinar… poético. El límite del lenguaje no es el problema del mundo finito que pretende hacer de un espacio acotado un  “inagotable stock de materias primas”, sino que dar un paso adelante en el laberinto de la poesía, adentrarse a los corredores de su producción, crítica y asimilación, lleva a pensar que el problema de los límites del lenguaje –en tanto frontera de su posible actualización– consiste menos en llevar el lenguaje a sus límite que establecer estrategias para  la concentración de su circulación y la definición de sus tendencias. Frontera de actualización para el lenguaje verbal que está  delineada por la crítica y la creación, frontera en pugna constante cuyos migrantes son triangulados y desplazados por discursos a veces mudos, a veces mercantiles y otras veces inexpresados. Saturación de recursos que este género, eminentemente verbal, no acaba de asimilar y traducir al verbo, a la palabra.
En esta entrega, como en la anterior, Telecápita presenta forma independiente la propuesta poética de los escritores invitados en la sección de poesía, misma que está vinculada a la temática del número, en esta ocasión con poemas de Jorge Pérez Escamilla, Davo Valdés de la Campa y Hans E. Reyes Pérez. El escritor del presente ensayo pretende vincular su propuesta poética a la sección Lenguaje para uno, por lo que sus textos oscilan entorno al cultivo del verbo y la experimentación de recursos para la expresión poética procurando respetar la línea temática propuesta para este número.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s