Acuerpar, encarnar y con-mover | El Puro Lugar

Acuerpar, encarnar y con-mover: otras lógicas y sentires en la construcción de esperanza y sujetos colectivos

Esta ponencia fue presentada en el marco del Encuentro Telecápita “El Puro Lugar”, que se realizó en la Universidad Veracruzana, los días 01, 02 y 03 de septiembre de 2016 en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Dicho Encuentro fue parte de las actividades del proyecto escénico El Puro Lugar, producido por la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana (ORTEUV) y la compañía Teatro Línea de Sombra.

Por: Claudia Eguiarte

1. Signos y señales: Destrucción

Cada vez hay signos más preocupantes sobre la necesidad de cambiar el rumbo que hemos emprendido: deforestación, desastres naturales y el cambio climático que avanza de forma galopante; constantes guerras, de todo tipo y en todas partes –ahí está Siria, si decidimos referir realidades de otras latitudes, o las acciones contra la normal rural de Ayotzinapa, con miras a desaparecerla y abrir el camino para proyectos extractivistas en esa región, si buscamos un ejemplo nacional–; discriminación, desigualdad social acentuada –en las Altas Montañas, se localizan los 15 municipios más pobres del país–, economías fallidas, pérdida del valor de la vida humana –viene a mi mente la frase “black lives matter”, consigna de protesta por asesinatos contra población afrodescendiente en la Unión Americana, y también las muchas notas sobre feminicidios en México–. Sobran ejemplos; la lista es larga; nuestras sociedades siguen mostrándonos carencias sociales, económicas y la pobre relación que hemos guardado con el entorno natural, por referir lo evidente.

2. Veracruz, rinconcito donde hacen su nido… ¿ratas, asesinos y la muerte?

En Veracruz, sabemos bien que la corrupción, la ineptitud y la soberbia de nuestros gobernantes se han encargado de empobrecernos; sabemos de las ligas entre autoridades gubernamentales y el narco; sabemos del constante silenciamiento, mediante amedrentamiento y privación de la vida, de distintas voces críticas –suman ya 17 periodistas asesinados durante el gobierno de Javier Duarte–; sabemos que “nuestro gobierno” le debe a todo mundo: proveedores, pensionados, la Universidad Veracruzana, la Cruz Roja… Duarte dejará un estado sumido en la deuda, con una economía colapsada.

Parecería que el mandato es negarnos a toda costa opciones para el buen vivir; negarnos empleo, salud, justicia, vinculación social, esparcimiento y educación. Y en este rubro, refiero cómo la deuda que el actual gobierno estatal tiene con la Universidad Veracruzana pone en riesgo el funcionamiento de la misma; ¿será acaso un experimento para abrirle paso a la reforma de corte neoliberal de la educación superior, que busca la privatización de este derecho universal? Todos los elementos mencionados son centrales para una vida digna, misma que se nos niega constantemente.

Políticas neoliberales, concepciones y las respectivas prácticas que de éstas se derivan, basadas en la colonialidad del ser, del saber, del hacer y de la naturaleza (del poder, como lo concibe Aníbal Quijano) nos tienen sumidos en un constante deterioro, teñido de desesperanza y agonía. La colonialidad del poder, según Quijano, nombra un modelo de dominación global propio del sistema moderno/capitalista, originado a partir del colonialismo europeo a principios del siglo XVI, e implica opresión que no ha desaparecido con la independencia de los países colonizados.

3. ¿Por dónde empezamos a desenredar la maraña? ¿Cómo construimos esperanza?

Los “enemigos” no reconocen, consideran que sus necesidades, ideas y “valores” son únicos; ignoran, pisotean, desplazan, acallan, despojan, e incluso matan. El otro no tiene rostro ni identidad. Sólo ellos son dignos de aspecto, de voz propia, de toma de decisiones. Nuestro gobierno no nos reconoce. Seguimos bajo lógicas de dominación, siendo masa necesaria sólo para la explotación.

Sin embargo, vivimos en medio de riqueza invaluable, en medio de la diversidad; por ejemplo, de ecosistemas y formas de aprovecharlos, de grupos étnicos –por nombrar algunos, el nahua, tepehua, teenek (huasteco), totonaco, ñuhu (otomí de la sierra), y nuntajiyi’1 (zoque popoluca)con sus respectivas lenguas, prácticas culturales y formas de generar conocimiento; pero no reconocemos dicha diversidad y no sabemos qué hacer con ella. Hemos construido, como sociedad, la idea de que lo homogéneo es adecuado, dado que resulta práctico al momento de manejarlo. Pero ahí, a pesar de los intentos por desaparecer lo diverso, a pesar de optar por tener monocultivos, homogenizar, blanquear, y castellanizar, están los rostros y voces de la diversidad: pialli o chikawatika para saludar en náhuatl, según sea en la Huasteca o Tequila; los chanekes del sur del estado como formas comunitarias para regular el manejo de recursos naturales; el ritual propiciatorio conocido como xochitlalilistli en la zona centro del estado, o las distintas variedades de plátanos –dominico, bolsón, manzano, tabasco, macho–. La diversidad en pleno.

Postulo que el reconocimiento de esta diversidad, la adopción de prácticas decoloniales constituye una posibilidad viable para hacerle frente a la actual crisis.

La decolonialidad de la naturaleza nos permite reconocernos como un elemento más del entorno natural, y no concebirnos como los dueños del mismo –lógica bajo la cual hemos buscado extraer riqueza de la tierra a cualquier precio, incluso de la vida misma–; la decolonialidad del saber posibilita el reconocimiento de otras lógicas para la construcción de conocimiento, incluidos los sentimientos como formas de construir saber. El reconocimiento de la diversidad, de la otredad, de la alteridad, de los que no son como yo, de los que no piensan ni sienten como yo, me permite conocer a aquellos con quienes requiero construir sociedades justas y equitativas.

Postulo que encarnar nuestros sentires –entendidos como puentes que permiten ligar ideas y sensaciones– mediante diversas expresiones que involucren el arte –de ahí la validez de la fiesta, de la construcción de esperanza mediante el gozo, y pienso particularmente en la experiencia de Chile y el plebiscito de 1988–, contar con espacios para compartirlas, seguir generando puntos de encuentro para establecer o reforzar tejido social, para recuperar la comunalidad, son opciones para la construcción de los sujetos colectivos requeridos para encarar la lucha despiadada que los poderes hegemónicos (fácticos y estatales) han establecido en nuestra contra. Sólo acuerpando tenemos fortaleza.

 

3. De la tierra venimos y a la tierra vamos

A finales de 2013, surge en la Universidad Veracruzana Intercultural, Sede Regional Grandes Montañas (UVI-GM). El grupo de teatro Ipilwan tleolli/ Los hijos del maíz, colectivo conformado por estudiantes y coordinado por mí.

Nuestro trabajo se centra en el activismo artístico, con fines de defensa de patrimonio biocultural. Lo llevamos a cabo con base en ejercicios de improvisación (Liga Mexicana de la Improvisación), técnicas de teatro del oprimido (Augusto Boal), teatro popular (Rodolfo Valencia), directrices de investigación encarnada, así como principios interculturales, interactorales e interlingüísticos (montajes bilingües, náhuatl-español, por ejemplo).

Trabajamos tres núcleos: generación y presentación de obras de teatro (creación colectiva), juegos escénicos (actividades breves y secuenciadas, con ejercicios de calentamiento, integración, expresión corporal, improvisación, y generación de incipientes propuestas escénicas), además de la impartición de talleres de teatro comunitario y creación teatral.

Para la actual ponencia, referiré el trabajo del último montaje, Akuayoltemohke/ Buscadores del corazón del agua y el bosque. En agosto de 2015, y a partir de diversas circunstancias –la aprobación de la construcción del Periférico Córdoba-Orizaba, los constantes casos en el estado de desapariciones, violación de derechos humanos, así como la muerte de periodistas− decidimos elaborar un discurso escénico que expresara nuestro repudio antes estas situaciones.

Por un lado, la construcción del Periférico constituye un proyecto de muerte; afectará más de 80,000 hectáreas de tierras, principalmente rurales, más de 17, 000 árboles serán destruidos; y habrá afectación a diversos cuerpos de agua, manantiales principalmente. ¿Qué pasa si el bosque desaparece, con un proyecto como éste? La UVI-GM está en medio del bosque, sostenemos, por ejemplo, de muy diversas maneras, trabajo de vinculación con diversos grupos cuya subsistencia depende del bosque: artesanas del municipio de Tlaquilpa –quienes emplean plantas del sotobosque para teñir lana y elaborar diversos productos−, con organizaciones de Xoxocotla y Rafael Delgado −quienes también dependen de la tierra y sus productos; unos, para el aprovechamiento de la madera, otros, para la siembra de flores y plantas comestibles−. Sin árboles, sin fuentes de agua, ¿cómo obtener subsistencia? ¿Cómo continuar la vida?

Por otro lado, teníamos evidencia del debilitamiento del tejido social, y armamos así un discurso sobre la muerte y destrucción que presenciábamos; trabajamos en una propuesta que enlazó estos dos tipos de aniquilamiento, el social y el del entorno natural.

La anécdota de la obra es sencilla: una niña, urbana, va a visitar a su abuela a la sierra de Zongolica. La pequeña pierde su celular durante el camino a casa de su abuela, y decide ir a buscarlo, escapando en la noche. Se interna en el bosque, y conoce a una serie de seres, tan vivos como ella, que hablan y se mueven para su sorpresa, como ella: árboles, viento, agua, un venado. Descubre también algunos de los problemas que el lugar enfrenta, y se entera de que los humanos, como ella, son los culpables. Aprende sobre las xiwemeh, mujeres que se convierten en bolas de fuego y resguardan el bosque, e implora junto con otros seres del bosque protección. La obra, dando voz a los sin voz, es un llamado para frenar la destrucción, tanto del entorno natural, como del social.

Bibliografía y fuentes de consulta

1. BOAL, Augusto (2013). Teatro del oprimido. Barcelona: Alba Editorial.

2. ___________ (2014). Juegos para actores y no actores. Barcelona: Alba Editorial.

3. BOEGE, Eckart (2008). El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México. Hacia la conservación in situ de la biodiversidad y la agrodiversidad en los territorios indígenas. México: INAH/CDI.

4. MALDONADO, Benjamín (2013). “Comunalidad y responsabilidad autogestiva”. Cuadernos del Sur. Revista de Ciencias Sociales, año 18, número 23 (junio), pp. 21-28.

5. LARRAÍN, Pedro (Dir.) y PEIRANO, Pedro (Guion) (2012). No. Fabula production/ Participant media/ Funny Ballons (filme co-producido por Chile, México y Estados Unidos de América),

6. SANTOS, Boaventura de Sousa y MENESES, Maria Paula (Eds.) (2014). Epistemologías del Sur (Perspectivas). Madrid: AKAL.

7. SANTOS, Boaventura de Sousa (2012). “Introducción: las epistemologías del Sur”, en CIDOB (Org.), Formas-Otras. Saber, nombrar, narrar, hacer. Barcelona: CIDOB Ediciones. Texto disponible en http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/INTRODUCCION_BSS.pdf, consulta hecha el 29 de junio de 2016.

8. QUIJANO, Aníbal (2000). “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Edgardo Lander (Comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinomaericanas. Buenos Aires: CLACSO.

9. VILLEGAS, Juan (2005). Historia multicultural del teatro y las teatralidades en América Latina. Buenos Aires: Editorial Galerna.

10. WALSH, Catherine (2002). “Las geopolíticas de conocimiento y colonialidad del poder. Entrevista a Walter Mignolo”, en C. Walsh, F. Schwy y S. Castro-Gómez (Eds.), Indisciplinar las ciencias sociales. Geopolíticas del conocimiento y decolonialidad del poder. Perspectivas desde lo Andino. Quito: UASB /Abya Yala.

1 Se utiliza la denominación que los propios grupos étnicos usan para sí, ya que, en algunos casos, el nombre con el que conocemos a estos pueblos tiene connotaciones negativas: popoluca proviene de un vocablo nahua que significa “los tartamudos”. Entre comillas y para facilitar la comprensión se brinda el nombre usado en español para dichos grupos.

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