Editorial #4 | Ficció/n/ación

Por César Cortés Vega | ➜

Si hemos de pensar en las posibilidades de una nación como la que a duras penas aún hoy nos contiene, podemos aceptar que al menos subsisten en ella sistemas de referencias que establecen conjuntos de sentido, y cuya potencia puede ser capaz de rebasar las políticas que son posibles gracias a una simulación fincada en mitos como el de la ‘identidad nacional’. Si en otra época era posible conformarse con dichas posturas, era gracias a que el pacto social que sostenía cierta cohesión aún era vigente, en tanto se asentaba sobre la idea de equlibrios desde los que se podía  pensar en nociones generalizadoras. Personajes como Samuel Ramos o Octavio Paz, por ejemplo, aventuraban definiciones, impulsados por una emotividad necesitada de asideros, de fórmulas mediante las cuales se pudiera encontrar el sentido de algo que era preciso definir, como lo ‘mexicano’. Porque frente a la pregunta, surgida de una necesidad histórica, acerca de lo que un lugar es, se necesita a la vez cierta cautela en la indagación; aceptar que aquello que nuestra mirada alcanza a unificar como significado, basta y cubre necesidades delimitadas por el presente.

Por eso es que hoy, al preguntarnos acerca de la naturaleza del pacto social que sostiene la idea de unidad, es difícil encontrar sentido. Acaso es posible imaginar ideas en contra de definiciones únicas, en tanto conflictos como el de la segregación extrema, el narcotráfico, las redes internacionales de corrupción y, sobre todo, las necesidades de un capitalismo sin freno fincado sobre la idea de beneficio de mercado, no son fácilmente determinables y dependen de una serie de acontecimientos de naturaleza compleja. Así, lo único que terminaría por representar un lugar en estos mismos términos, es aquello que ‘no es’; la alteridad de una conformación primera que se verifica en el conflicto, y en la imposibilidad de que éste se resuelva a corto plazo. Entonces el sentido será siempre contradictorio, aquello que está en constante desplazamiento, y que a la institución se le escapa porque ésta tampoco es capaz de presentar un frente reconocible; todo aquello que se ha dejado afuera de la versión y que penetra de manera subrepticia lo que se puede ver y que apuesta aún, ingenua o perversamente, por el sentido de la apariencia.

No estamos, claro, frente a un fenómeno local. Quizá hoy más que nunca, ninguna idea de lo ‘nacional’ pueda conformar un todo que integre una diversidad desbordante desde las lógicas de una globalidad hecha de miles de historias, que niegan que lo local sea lo único capaz de guíar a un individuo. Así, aquellas subjetividades guardadas en las nociones de la tradición están siendo arrasadas por la violencia de una diversidad que reniega de su origen, pero que representa el vértigo de su propia carencia y pérdida. Es pues el desarrollo de las contradicciones de lo social un no-lugar más o menos reconocible que requiere que comencemos a pensarlo; un no-espacio que si bien es incapaz de cohesionarnos como una y la misma cosa, permita que al menos mediante un ejercicio de los cuerpos reflexivos que aún somos, inpida que seamos devorados por las lógicas inoperantes de una identidad difusa, imposible de sostener en el espacio entre algo que se imagina interior, y una realidad histórica exterior. Por ello ideas como la de ‘ciudadanía’ ya no funcionan para explicar nada, a menos que imaginemos que el pacto social sigue en pie. Basta revisar la seguridad, los servicios, el respeto a la propiedad, etc. en los lugares arrasados por la guerra en éste y otros países, para poner a prueba dichas nociones.

Esta serie de entregas realizadas bajo el título de ‘Ficcio/n/ación’ poseen ese doble juego; por un lado una duda razonable en tanto los mecanismos de construcción de lo social pasan por el sustento de nuevas mitologías televisivas o informativas que representan una supuesta ‘realidad’ del Estado que no se verifica en los actos. Por otra, aquellas islas de sentido que podamos imaginar en conjunto, territorios accesibles según desplazamientos que nos colocan en una posición como excedente, como el resto de un proceso que sin embargo y a pesar de la posibilidad de exterminio, no deberá finalizar sin esta multiplicidad que debe, para subsistir, seguirse imaginando como un ‘nosotros’.

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