¿Hay algo de neo en el conservadurismo contemporáneo o es que, en realidad, lo que hay de todo conservadurismo no es sino lo de toda la vida?

(Espoiler alerta – ‘Filosofía ¿ni populista, ni conservadora?’ Usted lo decidirá)
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Por  Angela Magnivelarez Malatesta | ➜

Cuando hablamos de conservadurismo, ¿a qué nos estamos refiriendo? ¿qué significa ser conservador? ¿de dónde nos viene ese concepto y/o esa actitud? ¿lo conservador tendrá que ver con otros conceptos como los de neurosis, fundamentalismo, esencialismos, univocismos, con el ‘yo’ que identifica el psicoanálisis, etc.? ¿Qué tal si lo que realmente importara fuese hablar de aquello que hace que, en cada época y en cada lugar en el mundo, se cuente con una renovación de una misma cosa que es, en ese sentido, algo universalmente compartido? Esa que hace que los conservadurismos aparezcan de una u otra forma, con uno u otro color, bajo una u otra bandera. Esa cosa que hace que una revolución pierda la dignidad, no porque necesariamente comience a reproducir lo que pretendía dejar en el pasado, en cuanto a símbolos y discursos, sino porque renueva formas de indignidad con formas que aparecen como propias y específicas. Porque se trata de formas no depuradas que lo que en el fondo reproducen es siempre unas ciertas lógica con las que la humanidad se basa para su transición por la vida y la historia. Unas entre otras. Aunque, los conservadurismos, siempre tienen tanto sus lados positivos como sus lados negativos. Cosa que se comprueba, por ejemplo, a partir de análisis éticos.

Siempre hay una cierta manera de lograr una indignante reproducción, justamente porque un conservadurismo consiste en ser una reproducción de eso que arrastramos ‘quién sabe desde cuándo’ y que en tanto ni siquiera somos capaces de reconocerlo, es que terminamos una y otra vez retorciéndonos en un tipo de fango que es ‘el recalentado de un platillo que parece poseer la capacidad de acompañarnos hasta el final de los días de la humanidad en la historia’; haciéndonos notar mal ante las futuras generaciones, porque así, como nosotres1 vemos en las sociedades previas lo que ahora señalamos como su insensatez, nosotres y aunque generalmente no lo notemos claramente, tenemos nuestras formas insensatas que seguramente se nos serán señaladas en cada paso de y en el futuro.

Quizá, como cuando vamos en una carroza fabricada por las más hábiles manos creadoras, adornada con los materiales y/o las utilidades más prestigiosas de una época, cosa que aparece axiológicamente reforzada con la tecnología y las ideologías más pomposas del momento… pero al final, sobre todo eso y con más vidas esclavizadas debajo de nosotres, porque esta forma alargada del capitalismo ha logrado alienar a cada vez más y más personas en productos impresionantemente banales, lo que hacemos no es sino una versión análoga de lo que cualquier primate menor hace cuando orina para marcar territorio. Cuando emite flatulencias y gritos desafinados y brutales, con el inconfesado único objetivo de hacerse notar (llamar la atención), etc. Peor aún, el Bonobo no lo hace, nosotres sí.

Pero no hay que ver como necesario el llamarnos ‘incivilizades, primitives, básiques, e incluso como algunes le denominarían bajo el signo de imbecilidad, etc.’, porque afortunadamente para nosotres, ya hay un infame que inventó un muy buen eufemismo de eso. Aunque como al buen Joseph-Ignace Guillotine, al inventor de este eufemismo también hemos de aplicarle su invención; me refiero a que en lugar de primitives, incivilizades, etc., podemos decirnos, para no ofender a nadie, “seres cercanos al estado de naturaleza”. Aunque, la estupidez, de natural no tenga nada.

Como les primates orinan, gritan, huelen mal,… nosotres portamos prendas y accesorios, nos unimos a uno u otro movimiento, nos acostamos con lo más exótico: ‘por ejemplo, encontrar un fuerte atractivo en acostarse con un extraterrestre varón que viene de las pléyades, pero que no se nota como tal porque está atrapado en el cuerpo de una mujer caucásica y confeccionada de tal manera, que cualquiera pensaría que se trata de una mujer occidental de clase media; aunque es extraño que la cultura de Urano comparta tantos aspectos y sentidos con un insulso discurso conservador presbiteriano del sur de Canadá’. Porque claro, según el discurso que lo sostendría, la globalización es también intergaláctica. Eso lo explica. Es curioso que no se pueda quitar el traje, pero un médico ha prometido ayudarle a lucir ‘más natural’, aunque hasta ahora, la personalidad es lo más importante del disfraz.



Como se ha apuntado apenas, cuando en nuestra cotidianidad designamos que algo es conservador, en más de un sentido nos referimos a algo que siempre ha estado circulando dentro de nuestras subjetividades -singulares y colectivas- y que es algo de lo que quizá ya deberíamos librarnos. Pero no se equivoquen, ni se dejen arrastrar por la primera idea ridícula que les invada la cabeza, para hacer una imagen de lo que aquí y con esto se quiere decir; aunque, por ejemplo, a quienes ya hayan elaborado un escabroso prejuicio, felicidades, ha de serles dicho que ya mostraron ser portadoris de la enfermedad. Esto se puede saber, por volverse evidente al mostrarlo, que son portadoris de uno de los más clásicos síntomas de esa enfermedad de transmisión textual, simbólica, semiótica etc., de la que seguimes contagiades: porque lanzar prejuicios es mostrar estar ‘enfermes del sentido’. Aunque estar enfermes de eso indica estar infectades del virus milenario sugerido en las primeras líneas de esta misma acta. No, no se trata de algo inmanente al ser del hombre.2

Muches pensadoris coinciden que uno de los más evidentes síntomas de ese virus, además de provocar una compulsiva tendencia a producir prejuicios, y concebirlos patológicamente como si se tratasen de veracidad, se trata precisamente del resultado de una afectación que provoca ver todo en blanco o en negro, en positivo o en negativo, en masculino o femenino, en hamburguesa o gimnasio, en cara o escudo como con la moneda al aire, etc., de modo que se erige al tono de ilegalidad, igualmente postulado por ‘los pertenecientes a cada uno de los dos únicos bandos’, que si la moneda cae y comienza a rodar ha de significar que el paso está aún indeterminado; que la moneda solamente tiene derecho a ser cara o escudo, cara o cruz, etc., y que quedar erguida por el costado no es opcional como válida por la indefinición que en sí ‘ha de representar’. Según esa lógica. En lugar de pensar que ésa, en lugar de versión indefinida, perfectamente puede tratarse de una tercera vía perfectamente posible para cualquier moneda.

Como con los seres humanos, que cuando hay una ‘deformidad’ física, a esa vida y a esa conciencia también debajo de una piel, frecuentemente le restan su valor de humano y no se le considera sino desde otra categoría que le excluye de sociabilidad. Excepto con algunas sociedades americanas previas a la invasión del salvajismo europeo, porque ahí y entonces se les consideraba divinidades a quienes poseían cuerpos atípicos. Pero esa es otra discusión que aquí solamente se mencionó para establecer un punto, el de que el ser puede abarcar más de lo imaginado o concebido como válido.

Aquí, en la civilización civilizadota, madurota, peludota, nalgonsota, en la que vivimos y de la que tomamos parte, el binarismo evolucionó sin tener que dejar de ser binario.
 Aunque luego aparece la ideología. Con esta palabra nos referimos a un eufemismo con el que se designan nuevas formas de dogmas, que porque las ideologías en plural] disque no se parecen a las religiones, blablablah-blablablahh, y que, por lo tanto -disque- tampoco se pueden hacer fundamentalísimos de ahí. Eso lo dice cada miembro de cada ideología. Pero día a día no vemos sino ejemplos que niegan estas postulaciones.

Ok, veamos en esa cosa que en apariencia es un argumento, entonces, ¿por qué, a la hora de tirar la suerte con una moneda al aire, de la moneda que cae erguida, que al no optar por uno u otro de sus costados para mostrarlo al cielo, algunes sin reparos y automáticamente conciben a esto como una forma que no es en tanto sí; y otros, como si se tratase de ‘otra forma de ser’ única y válida? ¿Acaso no es cualquier moneda siempre y simultáneamente capaz de optar por esas tres opciones –y quizá más-, y entonces que la moneda en sí sea algo de esas tres simultáneamente y sin que se tenga que aferrar a una de las opciones cabidas? Aunque se decida por una u otra de las formas posibles ¿Acaso no es capaz cualquier humano de elegir ser pez, varón, mujer, alien, gate, esclave, amo, sumise, déspota, canibal, sodomita, cristiane, de izquierda o de derecha, rojilla o facha o de cualquier otro dogma, madre benevolente o bruja devora varones, varón protector o macho abusador, y/o alguna mezcla entre algo o todo de lo anterior? Ahora resulta que ese síntoma de ver todo blanco o negro, ahora está dispuesto a admitir el gris como ‘otro color’ pero también uno ‘perfectamente definido’. Como si fuese posible. ¿Hay un nuevo conservadurismo que amablemente concede una posición, aunque marginada? Estas nuevas ideologías de la identidad, a pesar de su pretensión de flexibilidad, incuso a la hroa de erigir postulaciones en las que invariablemente incluyen sus posicionamientos dogmáticos en torno a temas de ontología incluso, amablemente y condescendientemente admiten/ imponen que se agrega otra franja a los colores que elles afirman que sí son úniques, especiales, definidos, etc. Un nuevo género ha sido creado según elles editan su lista.

Pero luego, ¿si tu fetichismo incluye zanahorias, se agrega el color naranja para los zanahoriosexuales; o que, si el olor a queso rancio te precipita al orgasmo, se agrega un azul verdoso a la inclusiva y superiora manera de admitir nuevas membresías en el club de los seres definidos?.
En lugar de pensar que no hay heterosexualidad sino como gusto producido, implantado y/o constituido a partir de posibilidades históricas, se dice que hay heterosexuales y que es un género; entonces ¿lo mismo para la homosexualidad entones vista como otra producción posibilitada por la historia?; entonces, ¿nos es lícito pensar que no va haber fetichismo apegado a taxi-drones, cuando estos ya estén normalizados en el cotidiano del mundo, y que eso nos hará crear el género de los ‘Taxi-dron-sexuales’ para todes aquelles que desarrollen su sexualidad en torno a los Drones-taxi? Que no tardan en aparecer, les juro por las diosas Diotima e Ixchel. Así, como cuando muches vieron titanic y no han descansado de desear y fantasear con recrear en sus vidas aquella escena de la mano que interrumpe el empañado del vidrio, habrá quien haga anudamientos significantes entre sus genitales y los taxi-drones.

Para que quede claro, existan taxis-drone que va a permitir que alguien pueda cultivar su sexualidad, y entonces su posibilidad de goce, en torno al taxi-drone. Entonces quizá ese antiguo pero muy vigente gen, virus milenario, del conservadurismo, que es parte de la proto-ideología binaria aunque ahora modernizada, va a decir que ‘la naturaleza ha creado otro género llamado Taxi-dron-sexuales’. Algo definido y que se nace con él; para referir inclusiva -pero dogmáticamente- a quienes se mojan con los taxi-drones. Como yo. Que me van a encasillar en un género, pero especialmente si le ponen una prohibición. Más querré convertirme en Taxi-dron sexual, porque siempre he sentido afecto por lo prohibido, lo ilegal, etc.

Quizá cueste trabajo pensar que lo único que hay de la naturaleza, en cuanto a género en el ser del Hombre, es que éste es capaz de construir su sexualidad de maneras, contenidos y combinaciones infinitas. En lugar de decir que cualquier manifestación, fetichismo, identidad, etc., tiene que ser ‘un nuevo género’. Quizá habrá quien niegue que a alguien le sea posible obtener goce sexual, igual de una persona que de un lápiz ya casi totalmente desgastado. ¿Por qué no pensar que no hay géneros definidos, sino que lo que hay es seres vivos que pueden adaptarse a formas de vivir, en donde la sexualidad y las perspectivas para interactuar con el mundo son siempre posibilidades infinitas? ¿por qué no pensar que lo único que realmente hay definido es que el ser humano puede construir su sexualidad en torno a infinidad de seres, objetos, signos y discursos que la tyche le ofrece?


El conservadurismo, en cualquier época y en cualquier lugar, sin entrar en mayor detalle, podríamos decir que siempre guarda algo de necedad; a veces más injustificado -o justificado- que otras, pero necedad al final [ver concepto de neurosis]. Necie quien insiste que solamente se puede y debe beber agua como necie quien dice que, justamente, todo menos agua es lo que se debe beber; necie quien designa que, o se es hincha del boca o del river, y que si los mezclás sos ú indefinide, y que debes morir, pero necie también quien dice que gustar de ambos equipos es un nuevo género. Ú que es únic y especial y que por tanto merece tener sanitarios exclusivos para ‘les de su tipo’… En lugar de que se designe que el uso de sanitarios se reserva para quien necesite orinar en un lugar especial para eso, sin importar si va con un cuerpo que tiene vulva, o pene, o las dos cosas, o por el tono de su piel, o por sus preferencias (fetichismos) políticos, religiosos, gastronómicos.

-‘Oh no, mirá!!!, a esa le gusta comer bife de chorizo con humus y cerveza de raíz, y también le pone ketchup a la pizza, ¡¡¡¡¡desviada de mierda, andáte con esas guarradas donde no te veamos!!!!!’-

Así, en los gustos, como desde el psicoanálisis se culmina refiriendo a las formas como deriva la sexualidad, efectivamente pueden surgir nuevos géneros, pero como el número y complejidad de ‘formas del gusto’ es irremediablemente infinito, incluso para dentro de una sola subjetividad, es ridículo nombrar que cada anudación significante responde a un género propio y mucho más ridículo pensar que hay que elegir y asumir una versión de esto. Ya que los mismos gustos de una misma persona pueden ir modificándose durante su vida, y los gustos de una época se modifican con la historia. etc. 



Todo esto no se dijo porque aquí nos importara en tanto sí, sino que importa por lo que de ahí surge como moraleja. Que es impresionante las infinitamente creativas maneras que tiene el ser humano como horizontes para crear nuevas formas de identidad, pero también de conservadurismos.
Que si en cierta época y lugar no creías en Cristo, por ejemplo hace dos minutos en un café de un barrio en Montevideo, como en muchos puntos geográficos donde el fundamentalismo es cristiano, o de izquierda, o de derecha, etc., les resulta que si no se es lo suficientemente de izquierda, o suficientemente hincha de Cristina de Kirschner, pues no puedes definirte como de izquierda o que apoyás a Cristina. Que porque no se te ve definición y en la indefinición nadie confía. O que no eres tan ser humano porque no eres ú cristianosexual tan claramente visible como otres; tal cual como en la antigua Atenas, a los varones que no eran homosexuales se les veía mal; en lugares actuales donde tenemos otros fundamentalismos, quien se declara no pertenecer a algo de moda, o de época, aunque igual que muches que sí se declaran pero que quizá tampoco saben lo que declaran, debe ser concebido como ú radical, ú revolucionarie, o ú anacrónique; tan anacrónique y fuera de sitio como debió serlo un varón heterosexual en la antigua Atenas.

Hoy en día, si no eres gadgetsexual, o dinerosexual, o poli amor, todes te miran mal, pero, ¿por qué nadie ha pedido sanitarios en los estadios para los que son exclusivamente Iphonesexuales? ¿será porque no vaya a ser que se encuentren con unos xperiasexuales, porque son capaces de matarse entre sí? ¿Por qué esa necesidad compulsiva por crear y marcar diferencias entre unes y otres? He escuchado que debería enviarse a un campo de concentración a quienes gusten -quienes obtengan goce- de exprimir jugo de lima mejicana en la fabada. ¿Es eso un neo-conservadurismo, o es la cercanía al estado de naturaleza humana (que de natural no tiene ná) que lo emparenta con cualquier otra forma de conservadurismo? ¿es el conservadurismo lo mismo en todo fondo, aunque se aplique en distintas formas, escenas, lugares? Porque la fabada es ibérica, y eso de montarle jugo de cítricos a todo como lo hacen en México, pues les parece como la moneda que cae erguida.

Como ahora con la sexualidad, ¿qué tal si hoy, para escribir este texto, he decidido hacerme ‘caerpesadisexual’, y que por eso me quieran hacer una etiqueta de género, aunque yo me esté tomando esto solamente para una temporada? Porque, les digo, todavía no decido si mañana quiero acostarme con alguien de carne y hueso, o seguir obteniendo goce de hacer porno metafísico como éste porque fantaseo con lo escrito o con pensar que mis lectoris me odiarán o amarán.

Ps. Si cualquier ‘loqueseasexual’ (hetero, homo, trans, bi, zoo, gato, delfín, alien… sexual) les viene diciendo que se definan, es nuestro derecho exigirles también definirse en toda su sexualidad. Incluyendo sus fetiches más oscuros, su cereal favorito, y hasta su mal gusto musical; todo en un mismo concepto. A ver si son capaces de aglutinar semejante concepto.

CARPE DIEM

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Notas



1 Esta forma de conjugación responde a una propuesta de la llamada ‘gramática inclusiva’. Se trata de un movimientillo textual que pretende articular un lenguaje que represente simultáneamente a lo masculino y lo femenino, cuando se quiera denotar que aparecen mezclados en contextos o situaciones, de modo que una inclusión se logra al menos en una pragmática discursiva. Esta ‘gramática inclusiva’ aparece por todos lados de este escrito según la autora decidiólo así desarrolar.

2 Cuando aquí decimos Hombre, nos referimos a lo que en otros contextos quieren decir por Humanidad; por Homo-algo (Sapiens, Erectus, Reggeatonus, Sensuales, etc., … infinito). Porque no está bien dejar que se secuestre algo que es de todes; hombres somos todes que existen gracias a un vientre humano, independientemente de los genitales que portemos y de las películas que nos montemos como identidad. De este modo, decimos que es otro salvajismo pretender que las mujeres no son Hombres, o peor, que los varones sí lo son. Aunque se entiende -se comprende más no se justifica bajo ninguna premisa sensata- que quien así lo quiera seguir afirmando, no lo hace sino desde su puro impulso producido desde ‘nuestra cercanía al estado de naturaleza’. Decimos así para que no se sienta bajo ofensa. Es más, está probado que todo hombre es mujer hasta los tres meses de la gestación, o algo así, y que -entonces- solamente algunes mutan en varones y otras permanecen mujeres. Por supuesto que no hablamos más que de genitalidad y que hablar de genitalidad no es hablar de rasgos subjetivos inmanentes, porque no hay subjetividad sin artificio, no hay subjetividad sin alienación, no hay subjetividad sin dependencia, no hay sujeto que no sea reflejo de épocas y lugares, etc. Y como aquí es sección de notas al pie, si alguien tiene ganas de rebatir a esto, nos vemos en un debate público con notaries publiques y todo el marco académico y de legalidad que pueda ser pertinente, para que prevalezca el marco mejor argumentado [Ver definición del término ‘argumento’].

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