Editorial #5 | Neoconservadurismo(s) | De los ‘Neocons’ a los demás nuevos conservadores

Por César Cortés Vega | ➜

Nos inclinamos por neologismos que eludan delimitaciones concluyentes. Porque rondar el organismo con sospecha, y lanzar apuestas para procurar la descripción de alguno de sus ángulos, permite argumentar acerca de aquello que ocurre según las ideas que hay sobre su posibilidad, a la vez que hace posible indicar lo que en su conformación resulta inestable. Una agenda con los significantes y sus posibilidades en los significados.

Ernesto Laclau dice, por ejemplo, de los ‘significantes vacíos’ que son aquellos en los que el significado está ausente, a contracorriente de la ilusión generalizada que supone que al usar ciertos conceptos como el de ‘democracia’ o ‘pueblo’, nos estamos refiriendo a algo invariable en sus interpretaciones. Así, aquellos operan discontinuamente, no según un orden consecutivo en la comprensión, sino como consecuencia de ‘eventos’ que les dotan de sentidos parciales, por lo cual pueden mutar constantemente. Y significantes de este tipo en el momento de ser utilizados por las voces del poder, producen atracción y una cierta manera de cuadrar los acontecimientos según un imaginario. Un asunto de economías del deseo como este, implica a la vez una regulación del poder, y en última instancia, la posibilidad de construir hegemonía mediante eso que se pretende fijar como concepto. Es decir, aquello que el lenguaje inscribe mediante su uso: recomposiciones simbólicas que buscan un objeto para encontrar sentido.

De este modo, el concepto de conservadurismo nos ha parecido un tema al cual recurrir según una serie de eventos sucedidos en fechas recientes, que invocan de muchos modos su presencia inestable. La caída de las democracias de una izquierda que también es hoy un significante vacío, habla ya de confrontaciones en los modos de nombrar las hegemonías en juego. Hemos elegido entonces proponer este concepto como punto de partida, de manera en la que se puedan vislumbrar algunas de sus constantes en su uso, así como su posible negación o vacuidad. No buscamos, por supuesto, una significación continua, sino sus implicaciones en una serie de contrasentidos que apenas alcanzan a sugerir ‘cadenas de equivalencia’ -otro concepto de Laclau- en las que es posible reconocer una multiplicidad de fórmulas en su uso. Así, en este ejercicio realizado en Revista Telecápita, hemos preferido  posibilidades multipolares hacia ‘significaciones flotantes’, en tanto sabemos que nos encontramos frente a divergencias en su uso común. Luego, con el empleo del plural en el título ‘neoconservadurismo(s)’ queremos presentar un gesto que si bien es experimental, ello no implique una necesaria disparidad con las operaciones académicas de distintos órdenes racionalistas, sino en todo caso una apuesta sobre posibilidades fluctuantes en la interpretación de aquellos significantes puestos en duda.

Habrá que decir que el término ‘neoconservadurismo’ posee su genealogía. Se trata de un término contemporáneo que ha surgido como una reacción natural al avance de las ideas de izquierda en los años sesenta. Se puede pensar que las bases del conservadurismo tradicional son su antecedente, debido a que defienden valores tradicionales como los de la familia o la injerencia de las ideas religiosas en los aparatos de Estado. Sin embargo también guarda con él diferencias estructurales. A su vez las ideas de los llamados ‘neocons’ norteamericanos, están vinculadas al neoliberalismo donde el individualismo, el mercado libre y el ensalzamiento de la democracia son sustanciales. Quizá una de sus distinciones históricas más claras frente a éste, sea que en el neoconservadurismo el uso del aparato militar es uno de sus principios más importantes. Estados Unidos forjó estas políticas del miedo bajo la administración de George W. Bush, especialmente frente a la invasión de Irak. Frente a los conservadores norteamericanos tradicionales -quienes ahora llevaron a Donald Trump a la presidencia norteamericana-, los ‘neocons’ mantienen imposiciones que no aluden al convencimiento moral, tanto como al golpeo producido por las intervenciones militares más allá de cualquier argumentación. Sin embargo, acá no hacemos gran diferencia entre el viejo conservadurismo que renueva sus técnicas en el mercado, y la línea de los ‘neocons’. Porque habrá también que hacer hincapié en las tendencias de derecha que si bien se derivan de estas tendencias, toman formas propias en lo sexual, en lo familiar o en lo sentimental.

Por supuesto, mucha de esta imaginería responde justamente a un problema de indefinición de ciertas políticas, que son indistinguibles como sistemas. Porque por ejemplo, se puede también hablar de un neoconservadurismo de izquierda, que si bien aboga por operaciones de tendencia socialista, implican una postura poco clara respecto a negociaciones partidistas que en pos de la regulación democrática, pacta con las derechas. Así, el término es poco fiable si se le quiere determinar significativamente, debido en parte a que los límites dibujados por los acontecimientos de los que ha hecho parte no son, como ya decía arriba, estables. Términos aledaños, además, ayudan a su opacidad: conserva-liberalismo, untraconservadurismo, conserva-nacionalismo, conservadurismo negro, etc. Ejemplos de que nos encontramos frente a un significante vacío, que a la vez es un territorio de posibilidad interpretativa que implica reconsiderar los territorios del término.

Así, a lo que nos enfrentamos acá, en todo caso, es a un flujo frente al cual es posible dejarse llevar por aquella insatisfacción que ya Lacan señalara respecto al deseo, enfrentado a una constante negación de los sujetos que poseen distintas representaciones simbólicas de la autoridad. Y es que es evidente que estamos frente a un quiebre en la legalidad de las significaciones y sus concepciones. En gran medida, ese es un territorio en el que son latentes las crisis de valor. Y algo así, eventualmente, podría dar cabida a ciertas derivas emancipatorias en la manera de emplear los conceptos. Tratamos acá, entonces, de usar la idea de ‘nuevo conservadurismo’ indicando un resurgimiento siniestro, del cual hay que señalar su plasticidad, y sus hábitats insospechados.

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