Edgardo Buscaglia: «Si no cambian las reglas electorales, pasaremos a un Peña Peor»

Por Alejandro Flores Valencia | ➜

Mirar el mundo tras las ventanas

Camina erguido a paso lento. Es de los pocos que pueden presumir tener el tiempo en sus manos o en sus pies. Ese pequeñísimo porcentaje de la humanidad al que puede hacérsele tarde y que no obstante siempre se les hace temprano. Está oscureciendo en la Ciudad de México. Atrás quedaron las horas de vuelo y el traslado en la fría mañana de la sierra italiana, la vista tras la ventana de pinos y hielo cubriendo las montañas, el vaho de la noche y la línea punteada de la carretera. A pesar de todas estas horas de traslado, Edgardo Buscaglia exuda elegancia. Es un hombre de modales, fino, discreto, simpático, conversador, ¿ya dije elegante? No escatima en las palabras pero tampoco se engolosina. Nada lo excede, no hay una sola sílaba que esté fuera de lugar o que llegue tarde o que sea incómoda o confusa. Su lenguaje es eficaz casi el 100% de las ocasiones. Sus manos son delicadas pese a estar rugosas por la edad. No es un viejo, pero es hombre maduro. Su cabello cano jamás está fuera de su sitio, él se ajusta las mangas de su camisa con mancuernillas, cuando no los usa dobla los sacos con el forro a vistas, manicura perfecta; a su lado se percibe un ligero aroma dulce que proviene de su cuello, quizás una loción cara que compró en algún gran almacén en Nueva York donde tiene un departamento, o quizás sea un regalo que le dio un ser querido, en Uruguay, en Italia, en Brasil o en Argentina, países donde visita a su familia.

El chofer nos condujo por el camino más corto, el que atraviesa las colonias Morelos y Tepito. Afuera del automóvil que había dispuesto la Feria del Libro del Zócalo, transitaba el Microbús y los hombres con sus diablitos llenos de mercancía de fayuca. Los comercios ya estaban levantando. El día esbozaba su último aliento. Edgardo esbozó algún comentario sobre el paisaje. No recuerdo qué. Pero no es difícil de imaginarlo al evocar lo que veíamos tras la ventana del automóvil que circulaba a vuelta de rueda en las colonias aledañas al Centro Histórico de la Ciudad de México.

¿Qué podría estar viendo tras la ventana aquel hombre que venía de un vuelo de más de 15 horas? ¿Cuál sería el punto de comparación entre esta imagen y aquella en la que va a bordo de una vagoneta de un servicio de taxis carísimo, que lo recogió en un bunker en los alpes italianos y que cobra la módica suma de 100 dólares, mismos que alguien de la Feria habría de reembolsarle? Por supuesto que no miraba lo mismo que nosotros. ¿Qué imagen se conformaría en su cabeza si empalmara como un palimpsesto aquella autopista en la periferia de Torino y esta nueva estampa que se imprimía sobre el cristal de ese automóvil en la Ciudad de México?

Cuando hicimos la entrevista, precisamente después de que todo el protocolo y vorágine de la Feria ya había terminado, le hice una pregunta que suelo hacer mucho, una pregunta que es en realidad tres preguntas: ¿Quién eres, a qué te decidas y en qué crees en la vida? Yo ya sabía quién era y a qué se dedicaba pero sobre lo que él creía me contestó: «Creo en que hay formas de mejorar la calidad de vida de las personas».

¿Cómo mejorar la calidad de vida de las personas?, le pregunté.

«Al observar la realidad en diferentes países de Europa, Latinoamérica, etc., comencé a interesarme en ver cuáles serían las instituciones que debían transformarse y cuáles otras crearse para poder mejorar la calidad de vida de las personas. Me fui encontrando con que era necesario identificar los vacíos en las instituciones de Estado, vacíos que podía ocupar la sociedad civil, y era necesario primero identificarlos y después rellenarlos con instituciones más efectivas, mismas que yo enumero y propongo en mis libros. Al hablar de mejorar la calidad de vida de la ciudadanía me refiero no solo a disminuir la delincuencia organizada en sus 23 tipos de delitos económicos, sino también mejorar el acceso a trabajos formales, con beneficios sociales, mejorar el acceso a la salud, el acceso a la educación, y por eso desde mis años de estudiante de Maestría y Doctorado me interesé por el concepto de Seguridad Humana, que incluye no solamente la seguridad física, económica, sino también la seguridad ambiental, la seguridad por acceso a la educación, acceso al trabajo o acceso a la salud. Todas, variables relacionadas con la salud integral de una persona para que pueda mejorar su calidad de vida y alcanzar su potencial».

Suena interesante, ¿pero basta implementar un concepto para transformar ciertas condiciones? En México (y supongo que en el mundo) los políticos son expertos en vender ilusiones que vienen de otros tantos conceptos.

«Mi interés en esto proviene de entender que las recomendaciones que yo había estudiado en la Universidad en los años 80, eran nociones que no mejoraban la calidad de vida de las sociedades en donde se implementaban: privatizar empresas públicas, desregular la economía, todas producto del Consenso de Washington, yo veía que no traían beneficios a las sociedades… Entonces me puse a investigar y advertí lo importante de mejorar la gobernabilidad, la transparencia, la rendición de cuentas, la claridad de las resoluciones de los funcionarios, para poder mejorar la calidad de vida de la gente que a uno lo rodea. Para mí un poco esto es como un apostolado. Me interesa mucho el tema, me apasiona y quieres verlo que se vuelva realidad.»

¿Un callejón sin salida?

Mirada torva e indecisa. Su vista reposa pero si se encrespa puede ser tan aguda como la puntería de un águila. La primera impresión no obstante es obtusa, atrabancada, cordial aunque titubeante. Esa primera impresión es mutua. Yo sostengo un ridículo cartón que con toda la buena intención me dieron los organizadores porque me serviría para identificarme, aunque lo cierto es que no me sirvió de nada salvo para impedirme ayudarlo con presteza cuando lo vi y de manera torpe me acerqué a él. Me dijo —Alejandro— y asentí. Me refiero a atenderlo con la presteza que se requiere cuando un sirviente le es útil a un aristócrata y carga su equipaje. Está claro quién es quién en esta relación. Sé que él pidió informes sobre mí. Pero qué diablos podría saber de mí, o, mejor dicho, qué diablos podría saberse de mí en la red. Cualquier cosa. Eso lo sé porque me lo contaron, como también me habían alertado de que tenía que estar muy al tiro, pues él era una persona muy delicada, de hecho yo conocía de antemano sus hábitos alimenticios, por ejemplo, parte de mis labores era estar al tanto de que el desayuno se lo llevarán a la habitación tal como lo había pedido. Era el invitado más importante de la Feria. De eso no había duda entre los organizadores. No podía darle mala impresión. Los organizadores de la Feria estaban muy nerviosos. De hecho, toda la semana que estuve con él me vestí con mis mejores harapos, los que aparentaran mejor, los que definen a una persona seria. Así lo hice, me queda bien el papel. Quizás por eso me invitaron. Me contaron incluso que le consiguieron un pase rápido en Migración para que no demorara. La verdad es que cuando lo vi en el aeropuerto no noté ninguna diferencia. Seguramente alguna que otra persona lo reconoció, pero no demasiados. Pese a todo me da la impresión de que es un hombre sencillo. El último día, en ese mismo lugar pero en la Terminal B, esperábamos nuestros cafés en un Starbucks, alguien lo reconoció y le pidió su autógrafo o una foto o quizás solo le dijo gracias como a quien se le aparece un santo, alguien más, una mujer, que no lo reconoció o que ni siquiera le sonaba su nombre le armó bronca por alguna cuestión peregrina de esas que pasan cuando más de 10 personas se aglomeran en un espacio menor a los 12 metros cuadrados. Salió del pequeño local con los dos cafés, el suyo y el que me había invitado. Nos presentamos en el mostrador de la aerolínea Lufthansa al que accedimos por una fila VIP, y después de intercambiar algunas palabras con la señorita que atendía, él se molestó. Me dio la impresión de que se encontraba en esa zona limite, más bien inminente, que puede resultar incómoda, como si uno aún no se sintiera a salvo, como que siente que un pie está puesto sobre el bote salvavidas pero el otro aún pende del azar, esa distancia insondable que hay entre ser o no el vencedor de una carrera de velocidad, ese milagro que puede resumirse en quién tiene la nariz más larga. Que no pudiera realizar el check in de forma electrónica le pareció inverosímil. Que la recepcionista no estuviera segura de si su equipaje viajaba directo a su destino final, un pueblo en los Balcanes del que no recuerdo el nombre, le pareció imperdonable. Claro, México es un país atrasado. Yo pensé en que a eso podemos llamarle Modernización sin Modernidad. Tenemos los cascarones pero no las instituciones, es decir no las prácticas. Tenemos los edificios y los aparatos, pero no el software, no el conocimiento. Al menos el conocimiento que hace toda la diferencia. La diferencia entre el mundo donde impera la racionalidad instrumental y el mundo donde no. En el fondo, el atraso es una crítica del neocolonialismo. Pero la falla era clara, y la preocupación comprensible. Pese a todo, hay un mundo que Buscaglia no alcanza a advertir, simplemente porque le queda muy lejos. Me puse a pensar si realmente los mexicanos tenemos remedio. La corrupción es endémica pero no genital. Uno de los días de la Feria, caminamos un par de cuadras en el Centro, suficientes para entender su desencanto de todos los políticos mexicanos. Él tenía cita con funcionarios del Gobierno de la Ciudad de México, en el Palacio donde despacha Miguel Ángel Mancera. Me comentó que varias veces les ha propuesto a diferentes autoridades en todos los órdenes de gobierno, panoramas de mejora para las condiciones vitales de la ciudadanía. La mayoría de las veces, están de acuerdo con él pero al final parecería que nada pasa. Esa tarde se le veía tenso, aunque quizás solo fue mi impresión. Buscaglia no tiene pelos en la lengua. Creo que tampoco, nada que perder.

¿Qué opinas de los políticos mexicanos?

«Los políticos son personas y hay personas éticas y no éticas en todos los partidos. Que por razones de educación familiar, o por razones religiosas, no se quieren dejar chupar por la corrupción. Yo he conocido gente honesta en todos los partidos. Pero también, honestamente, son la minoría. He conocido gente en el PAN, diputados jóvenes que viven modestamente y que quieren cambiar a su propio partido y al país. Y a gente en Morena como Leyda Alavés que es honesta. He conocido a gente en el PRI, aunque parezca mentira. El Verde no sé si lo considero un partido, es más una empresa. Pero, en suma, lo cierto es que he conversado con gente honesta y he conversado con gente que aparenta no serlo. Otra cosa cierta es que en todos los casos, sean honestos o no, siempre dicen que en lo que yo digo tengo razón. Pero no es que yo tenga razón, sino que lo que yo digo está consensuado en Convenciones internacionales, mismas que México ha ratificado, que ha firmado. Es decir se trata de mejores prácticas que deberían ser Ley, porque en México rige el criterio de convencionalidad, es decir que las leyes tienen que implementarse, que las leyes tienen que estar de acuerdo con las Convenciones Internacionales de Derechos Humanos, las Convenciones Internacionales contra la Corrupción, las Convenciones Internacionales contra la Delincuencia Organizada y, por lo tanto, mis palabras no representan una revolución para el pensamiento mexicano, sino simplemente son lo que las instituciones mexicanas deberían cumplir porque los han ratificado a nivel internacional: criterios de controles patrimoniales, controles judiciales, controles sobre la corrupción política, controles de prevención social de delincuencia organizada, controles preventivos sociales para las infracciones de menores de edad, para que millones de jóvenes no sean succionados por redes criminales. El Senado mexicano como país soberano ha ratificado estas convenciones. Algunos dicen sospechosamente “¡qué confuso es lo que usted dice!” Hay mucho cinismo, mucha hipocresía y mucha simulación ante todo en México, en la elite política y empresarial. Y lo que hay que hacer es seguir empujando con esos pocos políticos honestos que quieren a su país.»

¿Hay remedio para salir del agujero en donde nos encontramos?

«Si las reglas electorales continúan igual, la delincuencia organizada va a continuar creciendo con paz mafiosa o con conflicto armado, con más cuerpos colgados de puentes o con menos. Pero la delincuencia organizada va a seguir creciendo y controlando la política mexicana, si no cambian las reglas electorales.»

¿Qué tipo de cambios habrían de hacerse en el juego electoral?

«A medida que las reglas electorales emulen lo que ahora propone el EZLN podríamos tener un sistema electoral en el que va a ser menos probable que entren mafiosos como candidatos. No es casualidad que Veracruz pase de un Duarte a un Yunes, ambos llegaron a ser candidateados por las mismas reglas mafiosas. Por lo tanto, el único movimiento social que ha propuesto generar una candidatura con base en el voto popular, es decir que la candidata no la elige el Beltrones, el Madero, el Chucho Ortega, el López Obrador, es el EZLN. Porque la candidata en el EZLN la elige el pueblo, los pueblos indígenas, ellos eligen un consejo y de ese consejo saldrá la candidatura. Esa es la mejor práctica de Suecia, Estados Unidos, Canadá, de las democracias consolidadas. México no es aún una democracia».

Es decir, no solo de la política electoral federal, sino de los modos en que operen los propios partidos políticos…

«En efecto. En la medida en que, por ejemplo, Morena imite al EZLN. En ese sentido nada más, yo no puedo comentar sobre la bondad o no del Movimiento zapatista en otros sentidos, que no conozco, pero en este sentido, el EZLN ha dado muestras de tener mejores prácticas democráticas que Morena, por ejemplo. Y ese es un comentario técnico, no político. Si Morena imita ese proceder es muy posible que logren una unión de la izquierda para presentarse en el 2018 con mayor poder democrático que el PAN, el PRD, el PRI, y los Verdes. Pero eso solo con la condición de que Morena no siga cayendo en la tentación del dedazo. Sea de López Obrador o de Monreal o de quien sea que estén allí. Ese es el punto esencial. Y una vez que cambien las reglas electorales, le va a resultar más difícil, no digo imposible pero sí más difícil, a la delincuencia organizada, capturar las listas de candidaturas electorales en cada partido, como lo hacen hoy, a un muy bajo costo, razón por la cual el sistema político va de uno malo a uno peor, en todos los estados. Si las reglas electorales del PRI siguen iguales vamos a pasar de un Peña Nieto a un Peña Peor, de eso no hay ninguna duda. Eso es lo demuestra la experiencia internacional que hemos estudiado. Uno no puede combatir la ley de gravedad en estas cosas. A la ley de gravedad institucional hay que aceptarla.»

¿Qué hacer, señor Buscaglia?

Se veía entusiasmado, al término de su primera presentación en la Feria del Libro, en la que acompañó al periodista Témoris Greko. Yo lo encontré en la parte trasera para consultarle si prefería ir ya a su hotel o pasar a la mesa de firmas, Buscaglia interceptó la pregunta y la cambió por una retahíla que si estuvo bien, que si no redundó mucho y, sobre todo, que si se entendió y que si fue claro en lo que decía. La charla habrá durado poco más de una hora. Témoris habló sobre su libro de los 43 de Ayotzinapa. Buscaglia habló sobre narcotráfico. Sus puntualizaciones más severas o agudas anclaban el problema a un asunto internacional, ligado a la apropiación ciudadana de herramientas eficientes para auditar los recursos. En suma, combate a la corrupción pero también cooperación internacional. O quizás, todo lo contrario u otra cosa. Cuando la charla comenzó, el foro parecía medio vacío. Poco a poco se fue llenando. Al final, la gente se acercaba a un costado del escenario que es donde se dispuso una mesa para la firma de libros. Entre firma y firma, alguna de las personas se dirigía a él y le pedía consejo o una opinión sobre lo que habría que hacer. Tiempo después, los técnicos del foro bajaron la luz. De inmediato, el staff pero también el público encendió sus teléfonos celulares para alumbrar la mesa, algunos tomaban fotografías, otros incluso video. No eran mares de gente. Pero sí era gente arremolinada. Tuve la impresión de que, además de hablar, los mexicanos necesitamos (exigimos) que alguien nos explique. Que alguien nos ponga una nota al pie, o que podamos ponerle un pie en el pescuezo a los gobernantes.

Me decía Buscaglia en la sala del aeropuerto:

«Normalmente los seres humanos estamos dispuestos a actuar con desesperación y a aglutinarnos socialmente para empujar cambios. Solo cuando llegamos a situaciones de desesperación. Somos hijos e hijas del rigor. Así funciona la naturaleza humana. Hay una tendencia hacia la inercia de las personas normales, promedio, y por lo tanto, las propuestas que implican romper con el status quo, romper con la corrupción, romper con las instituciones vigentes, requieren llegar a esa situación de crisis como la que, por ejemplo, vive hoy Veracruz o Tamaulipas. Uno espera que no tenga que llegar a ser Veracruz todo el país. Pero lamentablemente la experiencia internacional te indica (Colombia, Italia, Indonesia) que las sociedades se movilizan desesperadamente. El romper con esa inercia, con ese formateo del autoritarismo que atrofió los músculos sociales de la sociedad mexicana por tantos años, significa que existe una presión social y también una presión internacional que lamentablemente hoy no existe. Entonces, las sociedades se mueven en la medida en que se rompa esa barrera, ese status quo que es producto de muchos años de inercia, y que se ha basado en la prebenda, en la coptación por el Estado, en la compra de las organizaciones de la sociedad civil que te hacen reportecitos por los que reciben altos honorarios, y mientras tanto la sociedad sigue sufriendo. Hay una minoría en México que se está levantando, no en armas, pero se está levantando y que podría llegar a ser mayoría, como lo fue en Colombia hace 10 años, o en Italia hace 20. México va a llegar a ese punto pero esperemos que llegue a ese punto con menos muertos.»

«El atraso es mucho porque en la medida en la que tú no tengas millones de personas en red que estén auditando cómo sociedad civil, en redes ciudadanas, con atribuciones de Ley (lo cual hoy no existe en la mayoría de los países latinoamericanos) donde exista un capitulado sobre cómo, dónde y cuándo auditar a todos los órganos del Estado, y quiénes pueden hacerlo, mientras no tengamos esa figura de auditorías ciudadanas, técnicamente implementadas en los presupuestos, en las citaciones públicas, para aplicarse a las políticas públicas, al sistema judicial, a sus resoluciones, y a los procesos electorales, los sistemas institucionales van a seguir apartándose de lo deseado y van a servir solamente a una pequeña minoría que los financia. Eso es todo. Esto no es física cuántica. La minoría de los empresarios que financian estas instituciones en México, en Centroamérica, tienen instituciones que los obedecen a ellos y a ellas. Pero el 95% de la población, no. Entonces para que eso se revierta, para que las instituciones sirvan a ese 95% de la población, ese 95% tiene que auditar con premios y castigos a las instituciones del Estado. Brasil ya lo está haciendo, con un mejoramiento en los niveles de pobreza muy grande. Colombia ya lo está haciendo, con un mejoramiento de los niveles de pobreza y seguridad también muy grande. Argentina lo va a empezar a hacer pronto. Así que México tiene que marchar hacia el futuro, no marchar hacia el pasado».

Por último, en Telecápita trabajamos en el Encuentro de Arte, Pensamiento y Nuevos Relatos de 2016, el concepto «Ficció/N/ación», ¿qué lectura puedes hacer tú de esta idea?

«Que justamente la elite ha tenido que crear una ficción para justificar la miseria actual. Yo quiero asumir que las personas que conforman la elite no son gente perversa, son gente que simplemente obedece a sus intereses sin cuestionarse éticamente; por lo tanto, cuando alguien obedece a sus intereses sin cuestionamientos éticos, surge el mal, lo que la filósofa Hannah Arendt llamaba la banalidad del mal. El mal no proviene de personas psicópatas nada más, viene también de gente buena, que son buenos padres, por ejemplo, pero que de repente obedecen a sus intereses, obedecen órdenes que no tienen contenido ético, sin cuestionarse; y de allí surge un poco la ficción que tenemos hoy.»

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Un comentario en “Edgardo Buscaglia: «Si no cambian las reglas electorales, pasaremos a un Peña Peor»

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