El dilema del cine documental; el oxímoron que crea un mundo sobre el mundo

Florencia Andrea Davidzon | ➜

Resumen

Al cine documental se le exige develar una verdad sobre el mundo, y en ésta demanda se le imponen dos lógicas e imperativos estéticos, la de objetividad, y la del realismo. Sin embargo el cine como arte se debe al imperativo de la subjetividad ofreciendo un acceso al mundo muy particular.

La práctica del autor-artista que se mueve en este espacio es bien difícil. Sumado a ello, la industria audiovisual movida por las reglas del mercado no ayudan ni promueven un cine documental radical, disruptivo o innovador.

¿Cuál es el espacio para recrear, o refundar, el género del cine documental? ¿Se puede hacer arte en el cine de no ficción? ¿Cómo ser personales, particulares, alejarnos del mundo literal sin salirnos del género? Hay muy pocos artistas haciendo cine documental más experimental que logran terminar sus propuestas, y conseguir que sean vistas. Resulta una tarea titánica para aplaudir ya que el cine documental es conservador por naturaleza y se resiste a todo cambio. Pero oportuno reflexionar acerca de esto, y cómo se podía salir de esta encrucijada.

En éste articulo comentaré por qué el cine de no ficción y el arte construyen un binomio complicado, muchas veces contradictorio. El cine documental encierra en su génesis un oxímoron.

Este artículo ha sido reescrito para Revista Telecapita, como artículo en base a mi Tesis de maestría en fine arts, titulada My Cinema Manifesto.

 

El dilema del cine documental, el oxímoron de crear un mundo sobre el mundo.

Como realizadora de cine me interesa ser abiertamente parcial en lo que propongo, en mi mirada del mundo y mi recreación particular acerca de él. Mi búsqueda consiste en ofrecer un cine conscientemente sesgado. Construir una propuesta artística radical, sin espejar la realidad circundante. Pero esta búsqueda tiene sus dificultades. Me encuentro ante el dilema del prisionero, acotada por las restricciones propias del género documental. ¿Es qué es posible ser revolucionario en el cine documental?

Me gustaría aquí explorar la posibilidad de experimentación dentro del cine de no ficción, debido a que existe muy poco espacio para celebrar la subjetividad en el cine documental. Si bien han habido cambios con los años, y existe un cine personal, el propio género y sus reglas hacen difícil la posibilidad de buscar este estiramiento. Los creadores proponemos historias y estéticas desde nuestra subjetividad, aunque si queremos comunicarnos y tener credibilidad habremos de navegar dentro de los propios límites del género,  sin olvidarnos que nosotros somos editores de la realidad y no sus reproductores.

Yo soy de las que cree que el realizador debe hacer evidente su presencia en su trabajo. Esto no sólo ofrece una obra más rica, sino también más honesta, y por lo mismo más verdadera. Cuando el creador logra estar presente en su trabajo y se autoexpone como un intérprete de la realidad, evidencia su parcialidad y su falta de objetividad. De esta manera su trabajo final resulta más profundo y más interesante. Los documentales que acarrean la voz personal de sus creadores, sus grietas, su mundo interior, sus fantasías, suelen ser más verídicos que aquellos que ocultan la subjetividad de sus realizadores. Como dice una frase atribuida a Picasso: el arte es mentira, y la mentira es la que nos permite revelar la verdad. Esta idea es válida, necesaria y oportuna también para el cine documental, sin que por ello se generen tantos cuestionamientos o escándalos.

Crecí bajo las alas e influencias del paradigma del realismo en el cine documental de diferentes corrientes; el cinema verité, el impacto del cine neorrealista italiano para enfatizar cuestiones sociales, el free cinema, y la nouvelle vague. Sin embargo considero que en el mundo que nos toca vivir hoy, estas  propuestas han perdido frescura y valor. Vivimos en un mundo en donde todo puede ser filmado, y hay imágenes de todo y para todo.

Estamos congestionados de un realismo híperrealista. Esta forma de representación y la consiguiente posición del creador, que pareciera tener que seguir la lógica de reflejar el mundo, convierten su trabajo en una duplicación expresiva de la realidad. Mostrar algo que no se vio, o no se sabe porque nunca se vio en pantalla se ha vuelto ya poco interesante. Pareciera que esto se ha agotado. En el presente no necesitamos de tantos espejos de realidad sino propuestas de creaciones sobre la realidad con una mirada particular significante, una entrada al mundo existente o inexistente. Me refiero a propuestas de arte audiovisual que editorialicen con su observación un mundo y no lo describan. Ofrecerle a una audiencia una fuga posible ante las propuestas realistas cargadas de puro ruido.

En todos los tiempos los artistas nos hemos preguntado por nuestro rol y nuestra responsabilidad como creadores de realidad y nuestro poder de modificarla. Creo en la posibilidad que tenemos como contadores de historias audiovisuales de ser los chamanes de nuestro tiempo, y con ello en la gran oportunidad de construir una realidad nueva. Para ellos, los documentalistas deberíamos animarnos más a separarnos de la realidad de los medios, y del imperativo de la coyuntura de una realidad cosificada que no presenta salida. Todos los artistas intentamos crear una realidad nueva a partir de nuestra imaginación y nuestras convicciones. Los documentalistas también debemos conectarnos con nuestro entorno y con nuestro mundo interior para realizar nuestro trabajo. Y para ello es imperioso animarnos a molestar, y confrontar a la realidad que nos rodea.

No vivimos más en el contexto de la Guerra Fría, un mundo de dos polos USA-URSS que se confrontan sobre bases ideológicas que se retan desde paradigmas de vida antagónicos a partir de la construcción de verdades excluyentes. Sin embargo, eso no significa que no haya necesidad de una construcción de una realidad más trascendente, que supere la lucha individual, o un mundo con relatos que apelen a una realidad colectiva nueva. Ha quedado claro que no es el fin de la historia, sino que estamos ante la posibilidad de reescribir nuestra historia individual y colectiva.

Sin embargo, como mencioné, el hiperrealismo de las imágenes permanece dominando casi todos las propuestas en el cine documental. Esto ha generado escuelas e inclusive ha elaborado procesos formulísticos de cómo se debe hacer cine.

El trabajo de cine de no ficción, responde a intereses y búsquedas que no necesariamente son las de sus creadores ni a su arte.

Los cineastas intentamos entonces reproducir éxitos aunque no creamos en ellos, como forma para poder seguir filmando, y sobrevivir en un sistema de patrocinios, padrinazgos, becas y fondos. Todo esta normado, definido, y clasificado.

El cine documental sufre de este encorsetamiento. No puede además ser experimental, ni radical, ni reinventarse en la medida que para existir ha de responder a una lógica competitiva.

Un cine que se construye con lógica darwiniana, debido a los pocos recursos para que sea posible contar una historia, lo que permite que otros miles se queden sin contar la suya. Un arte darwiniano donde se pelea por la credibilidad y por los fondos, en un modelo y proceso individualista y de egos.

El pitching, por ejemplo, es una modalidad que se ha puesto de moda como forma de tener derecho a hacer arte, ha llegado para quedarse, lamentablemente. Este modelo es un sistema competitivo, con códigos y lógicas que representan todo lo que el arte audiovisual documental no debiera ser. Sin embargo, es el camino para poder construir cine hoy con presupuesto.

¿Cómo el cine documental puede ser revolucionario o experimental con tantos controles, balances y permisos? ¿Cómo se puede hacer arte, lo cual implica equivocarse, en un espacio de efectismo donde no hay oportunidad para ningún equívoco?

Debemos ser conscientes de las encrucijadas y de las lógicas que nos aprisionan para liberarnos de ellas.

Yo creo que es tiempo de un cine que ocurra en los bordes y los límite de los manuales. Un cine documental que construya una propuesta cuya expresión sea un fin en sí mismo y no que responda a otras agendas. Un cine de no ficción que no esté medido o evaluado con los criterios económicos del cine de ficción, ni con las lógicas del entretenimiento.

Propongo un cine documental que se permita entonces el surrealismo, que se revolucione como lenguaje, que se anime a escapar a la tiranía de la representación, y que sea capaz de construir sentido lejos del naturalismo, de la fidelidad al mundo posible e incorporando también la fantasía y lo imposible.

Es oportuno recordar que en los comienzos del cine, hubo un movimiento de cine experimental, que luego se llamó cine de avant garde. En esos inicios se exploró el concepto de realidad desde muchas direcciones. Varios artistas trataron de hacer cine a partir de conceptos abstractos, o a partir de temas e ideas. Otros se interesaron más por la forma, la perspectiva, el punto de vista, con el objetivo de desafiar la mirada de la audiencia. En especial, el movimiento conocido como avant garde buscaba hacer un cine experimental asociado a lo más absoluto, lo no narrativo, y se enfocaba en ser un cine con opciones para una experiencia de expansión que se saliera de las convenciones. Se caracterizó siempre por discurrir a contracorriente de las demandas de un mercado y por resistirse a la censura, por permitirse ofender a voluntad, por cuestionar y por rechazar cualquier definición que pretendiera agradar al gusto del público. Además, sus films procuraban cuestionar la realidad aportando una estética propia. De modo inherente a su propuesta, en el cine avant garde se desfiaban los códigos dramáticos del realismo, al determinar sus propios significados (History of Experimental Film and Video, A.L. Rees). Los artistas se permitían construir un producto significante, y significativo. Por eso mismo eran creadores y autores. Entendiendo que un autor es quien ejerce su autoría, en tanto puede desplegar su experiencia con su mundo exterior e interior a través de su obra.

En este contexto, hoy valdría la pena cuestionarnos por qué no podemos ser más experimentales, volver a esas máximas y ese espíritu. Crear a partir de conceptos e ideas, sobre la realidad que no es, sobre la que pudiera ser, una realidad imaginada. Sin embargo eso probablemente hoy no sería considerado o catalogado como parte del cine documental.

Desde comienzos del cine, hubieron artistas que crearon a partir de su propias ideas, usando fragmentos fotográficos, y mezclando esto de manera particular con collage, pintura, efectos de edición, etc. Usaron todos los recursos a su alcance en pos de crear un mundo o reflexionar sobre él. Su arte, a pesar de ser sobre el mundo de no ficción, no fue representacional sin una propuesta de resistencia frente a las expectativas y los deseos de otros por encapsular la realidad.

El deseo de un artista de expresarse y crear a partir de la realidad caótica en la que vive, y ordenar esa realidad usando su subjetividad, no se ha acabado.

Si bien la evolución de la tecnología y el video llegaron a las manos de los artistas para supuestamente democratizar el arte. Y se pregona que más gente ahora puede hacer cine documental, y explorar con una cámara a mano, esto no es tan cierto. La rigidez del género documental hace que este deseo creativo, radical, y experimental sea utópico. Para que su trabajo sea considerado cine documental, el realizador se vuelve presa de la forma y las convenciones establecidas.

La demanda del mercado del cine documental acota todo tipo de posibilidades. Elegir un arte radical, y un cine documental experimental, es una alternativa que se elige con el peligro de perder los apoyos, y la posibilidad de que los trabajos no se muestren nunca en festivales o no consigan distribución.

Pero si pudiéramos nutrirnos del cine avant garde, retomar hoy su espíritu para nuestras creaciones, daríamos un gran paso. En principio el cine documental tiene todo para reencauzarse en esa dirección, aunque hoy el cine de no ficción, el cine más personal, y experimental, sea minoritario y la excepción a la regla.

Y es que el cine documental que hace uso de convenciones para explicar conceptos y dar cuenta de eventos, puede ser muy creativo, pero no es arte.

La realidad en la que nos toca vivir es compleja. Como artistas podemos dejar emerger nuestro arte cuando nos permitamos manifestarnos de manera particular y propia, priorizando la expresión por encima de los códigos de las teorías de comunicación. Cuando creamos y hacemos arte, la mayoría de las veces no lo hacemos de forma consciente, premeditada, o efectista para manufacturar un producto que tenga un fin determinado. El trabajo de un documentalista pensado como artista audiovisual, es expresar su verdad, acotar historias de vidas propias y de sus semejantes, destilar eventos, organizarlos, analizarlos para representarlos en una síntesis desde su perspectiva de verdad y honestidad.

La realidad, como sabemos, no se puede capturar ni en uno ni en muchísimos films. A pesar de intentarlo, y creer que se ha logrado, eso es imposibile. A los pocos segundos de concebir esta falacia, cualquier realizador tiene conciencia de que la realidad ha cambiado, y que lo que ya se ha construido, puede otra vez ser ajustado, o modificado. Sin contar además que esa posibilidad ya enunciada por su realizador, cambiará en la mente y el corazón de la audiencia al ser percibida e incorporada a sus vidas.

La realidad es una construcción de fragmentos, de pedazos de propia perspectiva, siempre en discusión. Un artista siempre crea desde una determinada perspectiva cultural y a partir de una arbitrariedad formada. Poder abrazar y reconocer esta realidad del documentalista es importante. Pero además tener la certeza de que la realidad que el autor le presentará a su audiencia también ayudará en la construcción que esta haga de la realidad misma.

Me he dedicado a seleccionar y analizar una cantidad importante de películas de cine de no ficción. En algunas de ellas he encontrado la confluencia de tres características que las hacen innovadoras y radicales y, por ello, ejemplo para una vía esperanzadora. Estas son las características:

1) Dan cuenta de una realidad social y tienen a su realizador dentro de la propuesta. 2) Ofrecen una estructura de narración no lineal, subjetiva y con lugar a pensamientos. 3) Son films que experimentan con la forma, la luz, la música, los colores, como medio para expresar y acentuar el punto de vista del creador. Después de analizar esta tendencia, he llegado a la conclusión que cuánto menos fotografía contenga un film documental, más artístico se vuelve y más puede ser radical e innovador.

Al comienzo del cine avant garde, los artistas jugaban y creaban haciendo uso de la fotografía, detrayéndola, combinándola, sobreexponiéndola, etc. La fotografía era un medio y no un fin, una herramienta, un dispositivo para dar cuenta de la visión de realidad del autor (véase el cine de Many Ray, Buñuel, etc.)

Pero hoy en día, pareciera que la fotografía no es el espacio de oportunidad para crear y tener una conversación con la realidad, jugar con ella, combinarla, desafiarla.

Muchos títulos de cine documental innovadores, y disruptivos en la construcción de realidad, se enmarcan en la categoría de documentales animados. Da la impresión que los ilustradores y animadores cinematográficos tienen licencia para expresar su subjetividad y el caos del que son testigos en este mundo. Ellos pueden usar sus dibujos e imaginación para mediar con la realidad que supuestamente nosotros los documentalistas, con una cámara de video y uso de fotografía, deberíamos capturar para ofrecer a la audiencia.

Los artistas de cine documental de animación tienen más permiso para ser eclécticos, escépticos, y proponer una mirada propia gracias a que, en parte, su arte se aleja de la fotografía y se puede sostener solo a partir de su propuesta de representación interna, en una expresión única de cómo ellos perciben el mundo en sus trazos y técnicas.

¿Qué hay además en común en las propuestas de cine experimental, más allá de la idea de artistas con espíritu libre que creen en la inexistencia de reglas o un método acotado para crear, inspirados en la realidad, con el cine documental posible radical e innovador?

Desde esta perspectiva, estudie películas que tienen en común el ser cine documental y a la vez experimental. Encontré el siguiente patrón:

  1. Construidos en conversación con la realidad, pero más surrealistas que realistas o representacionales.

  1. En su sintaxis, en su forma, se hace uso de collage, de pastiches, de yuxtaposiciones, y diversos recursos para impactar a la audiencia e invitarla a que se vea el material alejado de la objetividad, donde la subjetividad se evidencia y profundiza como virtud.

  1. Poca narración lineal o claridad del relato.

  1. Se descree de la voz de dios o de hablar con la verdad. Prima la parcialidad, la construcción, la subjetividad. No es una voz sabia, unívoca, sino llena de cuestionamientos, preguntas, contradicciones y emociones.

  1. Hay belleza. Una estética que busca estar al servicio de una temática.

  1. Hay poesía y metáfora, es evocativo. Invita a la audiencia a co-crear significados. A que quien mira realice su propio viaje y recree su concepto de realidad. Aborda conceptos abstractos que transcienden la imagen que se presenta en pantalla.

  1. Intentan mantener el arte vivo en el tiempo, no hacen cine coyuntural.

Luego de estos hallazgos me reté, y me reto, a cuestionar la razón de por qué este tipo de documentalistas deban quedarse fuera del sistema monopólico del documental contemporáneo. ¿Por qué el cine experimental documental y surrealista, no puede expandirse, tener más seguidores y audiencia? ¿Es que no hay espacio posible de evolución, de transformación del quehacer del realizador de cine documental?

Hay posiblemente razones prácticas y financieras que restringen y condicionan al género documental, que impiden romper fronteras, hibridarse y ser más revolucionarios en la construcción de una realidad nueva o diferente.

Esto es algo que a mí me perturba y preocupa.

¿Por qué en el mundo de cine documental hay tan pocos artistas que hacen cine radical?

En el comienzo este cine era arte: ofensivo y cuestionador. Se negaba a adherirse a una definición de gusto del público de una época.

Lo que es interesante es que el cine documental le pide a su audiencia aquello que no hacen sus realizadores y productores. Se puede predicar la observación de la realidad de una forma nueva, pero no se propone una innovación del lenguaje, ni una ruptura en la forma en la que se construye la mirada, ni su estructura narrativa, ni casi nada. Por el contrario, se enseña, se teoriza, se desarrollan manuales y se evalúan propuestas desde parámetros acotados con los cuales se permita existencia.

Tal vez los documentalistas hoy no somos radicales porque creemos que tenemos mucho por perder. Ahí la paradoja: ¿cómo es que los realizadores queremos que nuestra audiencia se cuestione y sea crítica con la realidad, si no nos animamos a hacer lo mismo con nuestros procesos artísticos?

El cine documental atrapa hoy a sus practicantes proponiéndoles una lógica de prisionero. Por eso es que hay tan pocos artistas que intentan proponer una revolución de la mirada, o se animen a ser transformadores. Sin embargo esto no siempre esto ha sido así, y por eso mismo es posible una salida. El primer paso es el darnos cuenta que tenemos mucho por ganar.

 

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