El fantasma de las costureras del 85

Por Guadalupe García | ➜

Las mujeres con buen comportamiento rara vez hacen historia.

Eleanor Roosevelt

Para el domingo 24 de septiembre ya se podía apreciar el memorial dedicado a las mujeres que perdieron la vida en el sismo del pasado 19; estaba ahí, en el mismo lugar que ocupaba el edificio de seis pisos de la colonia Obrera donde se maquilaba ropa. El memorial, elaborado por diversos grupos y brigadas feministas como acto de levantamiento contra lo sucedido en este predio, contrasta fuertemente con los equipos de rescate que todavía vemos en lugares como los multifamiliares en Tlalpan o el edificio ubicado en Álvaro Obregón, donde la maquinaria pesada ha tenido poca o nula intervención en la remoción de escombros. Se distingue, precisamente, porque los restos de la construcción ubicada en entre Bolívar y Chimalpopoca fueron limpiados con maquinaria pesada desde hace 5 días (viernes 22 de septiembre).

Sin ninguna prueba, el gobierno afirmó que ahí ya no había nadie. No se ofreció públicamente la lista con los nombres de trabajadoras o algún otro documento mediante el que se pudiera verificar quiénes estaban ahí. Sin una cifra clara, el gobierno se precipitó a remover las ruinas del inmueble a sabiendas de que aún podía haber gente en ellas, viva o muerta pero igualmente atrapada. A la fecha (27 de septiembre) las empresas responsables todavía no entregan informes del número de trabajadores a su cargo. Asimismo, se desconocen las condiciones laborales de las mujeres y su estado de salud actual.

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Además de exponer el autoritarismo del gobierno capitalino y la inconsistencia de la logística empresarial, el derrumbe en la colonia Obrera da cuenta de sensibilidades sociales, pues saltan a la vista las diferencias entre los tres edificios mencionados: una fábrica, un multifamiliar y departamentos en una cotizada zona de la ciudad. Pero la geografía y plusvalía inmobiliaria no acaban de resolver las dudas la duda de: ¿bajo qué criterio de información se decide qué reportes escuchamos en los noticieros?, ¿por qué no se difundieron los rumores sobre las posibles trabajadoras atrapadas bajo los escombros pero sí se concentró toda la atención en una niña inexistente?, ¿por qué nadie enfatizó el derecho a una muerte digna? o ¿qué es lo que esa omisión de información esconde y a qué responde la apresurada limpieza del predio?


Hoy, el terreno baldío recién escombrado no detona más que el desinterés por un grupo minoritario de mujeres trabajadoras olvidadas por el ojo público y el gobierno, nombres que han quedado rápidamente se han desvanecido porque nunca salieron a la luz ni se informó que estaban ahí a pesar de que distintos vecinos atestiguan su trabajo diario en ese lugar. Testimonios como el de Beatriz Ballinas, quien asegura “(…)ver cada mañana a docenas de costureras que bajaban del transporte público y caminaban, muchas veces de prisa, hacia el edificio colapsado” (obtenido de BBC Mundo
(Nájara, 2017)), saca a relucir, entre otras, dos situaciones importantes: la primera es la ausencia de una memoria específica respecto de quién muere y en qué circunstancias. El recuerdo del sismo de 1985 (Ortega & Roffiel, 1985) dio cuenta de numerosos edificios derrumbados que ocultaban maquiladoras en las que, clandestinamente, trabajan mujeres en condiciones laborales que hoy no hemos logrado superar, como lo demuestra la tragedia en la colonia Obrera.

En segundo lugar, que en medio de la crisis hay intolerancia, pues el ataque a las brigadas de rescate feminista, quienes al pie del edificio protestaban por aquellas que no podían hacerlo, es un gesto ofensivo contra un movimiento que aún hoy se confunde con un machismo invertido. Estos ataques son infundados pues las brigadas feministas sólo buscan la protección de los derechos de mujeres trabajadoras que otros grupos se niegan a visibilizar. Criticadas por llevar de bandera el feminismo se las desprecia, y se las ataca por suscribir una causa social en vez de trabajar en el anonimato del rescate de todos, de un rescate que aparentemente “no toma en cuenta sus condiciones o identidad” pero que sí influye en su olvido y difusión. El sismo deja en claro que hay un cierto espíritu machista en el anonimato, ese mismo anonimato que, después, medios de comunicación y políticos utilizarán a conveniencia y terminarán por apropiarse.

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Espero que los movimientos estudiantiles generados por el terremoto, como el de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, tengan presente el fantasma del 85 y las consecuencias de ese espíritu anónimo que anula y ensordece. Espero también que su actuar no sólo busque la reconstrucción de la cuidad y de la memoria de la roma-condesa, sino que fomenten memorias específicas respecto de quién muere y en qué circunstancias lo hace, que reclame los derechos de quienes hoy no tienen voz ni nombre en los barrios de Xochimilco, en los pueblos de Morelos, Puebla y Oaxaca, o que permanecen en el anonimato como las identidades de las trabajadoras de la maquila de la colonia Obrera en CdMx. Ese otro anonimato que envuelve a las trabajadoras, cobarde y nada heroico, es también el de la maquinaria burocrática que las desaparece y el de los feminicidios que asolan todos los días a las mujeres de México. Las brigadas feministas que asistieron a la Obrera no solamente se trataban de exigir el rescate de las maquiladoras sino de denunciar el olvido de sus derechos, pues ellas, al igual que los vecinos de la roma-condesa, no solo tienen derecho a ser rescatados sino a ser nombrados.

Después del sismo del pasado viernes 19 de septiembre no hay que olvidar que no se trata únicamente del reconocer el derecho a la vivienda, sino que es aún más importante el derecho a la vida y a no ser tratado como un ciudadano de segunda.

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Referencias

Nájara, A. (21 de septiembre de 2017). BBC Mundo. Obtenido de http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-41345526

Ortega, A., & Roffiel, R. M. (diciembre-enero de 1985). Sismo y Feminismo. Fem., 9(43).

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