DARK: La angustia de la finitud

Por César Enrique Pineda | ➜ 

A propósito de la tercera y última temporada. [Spoilers incluidos].

DARK es la historia del nudo de los viajes en el tiempo. Pero no sólo.
DARK, el fenómeno de NETFLIX, es por supuesto, ciencia ficción.
Partícula de dios, saltos espacio-temporales, física cuántica, hoyos negros.
Pero DARK es también la más oscura reflexión sobre la humanidad y su finitud y parece ser que poco se habla de ello. La física se traga a la filosofía, y la historia literal del nudo del tiempo —insuperable como trama— oculta las mil y un metáforas sobre el sentido temporal de la humanidad y su destino.

Así es como la mayoría de los seguidores de DARK parecen poner más atención a la cita de Einstein y las explicaciones de Tannhaus (personaje científico) que a las citas evidentemente decisivas de Shakespeare, Nietzsche y Schopenhauer. Porque DARK es más que un intrincado nudo de viajes en el tiempo, es el vehículo para reflexionar sobre el tiempo y el hombre y, sobre todo, la dialéctica delirante de controlar el tiempo y, a su vez, el paso del tiempo sobre el hombre.

Porque si el tiempo es ilusión, la ruptura de la inocencia, la ingenuidad, que es a su vez el paso del tiempo en nuestros cuerpos y nuestras vidas, es una flecha irreversible que nos transforma, a veces en entidades monstruosas —como Adam en su rostro, que sólo simboliza su cambio pragmático y letal hacia la oscuridad y su violencia ¿masculina? en búsqueda de la destrucción del nudo—; y a veces como auto lesión —como en el rostro de Eve que se flagela a sí misma—, y su obsesión ¿femenina? de cuidar la vida en el nudo a toda costa.

La trama del tiempo está asociado necesariamente al principio de los hombres y las mujeres, al origen y por tanto siempre —lo queramos o no— a un árbol sin fin de relaciones padres-hijos. Estamos atrapados en esa trama —para bien y para mal. Es una trama infinita de la humanidad, de quien nos ha engendrado y de quienes engendraremos. Por eso no sólo hay un intrincado árbol genealógico de familias entreveradas, sino un rizo de patologías, competencias, ansiedades, heridas: es el dolor por el padre asesinado sin desearlo, es el odio de la madre controladora, es la ausencia de los padres de la huérfana y sobre todo, la pregunta del primer viajero, Jonas, quien sale en búsqueda de respuestas por el fin inconcebible e inexplicable de su padre, y la búsqueda subjetiva eterna de Charlotte de sus padres ausentes, de su origen.

Es a su vez, el amor incondicional, ciego incluso, por quien se ha engendrado. La búsqueda del hijo desaparecido culmina en dos tragedias. La incesante búsqueda de la vida de una hija termina en un viaje de décadas por los tiempos y, como sabemos después de la tercera temporada, por realidades paralelas. Es a su vez el conflicto eterno ante quien nos ha engendrado para volvernos nosotros mismos. ¿No es el hijo de Jonas quien hace arder en llamas la trama que ha construido Adam, su padre?

Y es aquí donde DARK juega con la tensión del destino, la voluntad y el caos. Entrelazados —como un nudo— nos angustia por estar atrapados por el destino, por fuerzas exteriores que no podemos derrotar a lo que se opone un impresionante voluntarismo: cambiar el sentido del pasado para controlar el futuro, derribar la historia conocida para proteger del dolor a los seres amados, no arrodillarse ante lo que ha acontecido. Pero DARK juega —a veces de manera conservadora— señalando los errores de la humanidad que juega a ser dios: tecnología apocalíptica, voluntarismo maternal y paternal que llevan a la tragedia. La voluntad de controlar el tiempo y su curso: es la obra del aprendiz de brujo.

Nosotrxs mismos nos hemos metido en esta tragedia, en este infierno, ¿o no son nuestras propias acciones las que nos condujeron a este delirio repetitivo de la historia?, ¿No es la soberbia humana de querer controlar su destino, su futuro el que provoca una y otra vez sufrimientos y consecuencias inesperadas?, ¿No es el caos parte de nuestra vida y en nuestro afán de derrotarlo, de desterrarlo, nos abrazamos a él cada vez más fuerte?, ¿No es el olvido el mejor bálsamo para el dolor? Pero no podemos olvidar el dolor: al hermano desaparecido, al hijo desaparecido, a la enfermedad incurable, las heridas que hemos infringido a los padres o a los hijos. No olvidamos.

DARK nos señala: el hombre no puede aceptar su finitud. No puede aceptar el dolor. Su incapacidad para olvidar el deseo y el dolor le infringen nuevas heridas una y otra vez, cíclicamente, para siempre. Los hombres y las mujeres, eternamente, entrelazados en conflicto perpetuo hiriéndonos sin aprender, cada generación, cada nuevo ciclo de vida. Pero el desenredo del nudo es la muerte. Y sólo la muerte y su aceptación, que es la aceptación de nuestra finitud, de nuestro paso si se quiere temporal e intrascendente, por el tiempo y el espacio es el fin de todos los nudos. ¿Nunca existimos?, pregunta Eva. Sólo aceptar lo aterrador de que la existencia humana es efímera nos libera, por fin, del dolor.

Y esa narrativa, esa conclusión tranquilizante y aterradora a la vez, la de que nuestra muerte nos comuniza, porque todos moriremos, todos desapareceremos, el tiempo nos borrará, nunca habremos existido, es el cierre más oscuro y profundo. Oscuridad infinita. Oscuridad del tiempo y del espacio. Es la oscuridad de DARK.

@cesarpinedar

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