Lo poemático y la poesía nonata

Lenguaje para uno IV

Por Cuauhtémoc Camilo | ➜ 

Por otra parte, hay poesía sin poemas

Octavio Paz

Octavio Paz, demiurgo del amor, organiza desde la erudición y la Tradición literaria los signos de un misterio que nosotros, sombras en una caverna, habitamos a ciegas. El poeta, como la esfinge productora del enigma, mira al amor agazapado en el tiempo con unos ojos inmortales:

El amor comienza en el cuerpo / ¿dónde termina? / Si es fantasma, / encarna en un cuerpo; / si es cuerpo, / al tocarlo se disipa. / Fatal espejo: / la imagen deseada se desvanece, / tú te ahogas en tus propios reflejos. / Festín de espectros. (…) Tal vez amar es aprender / a caminar por este mundo. / Aprender a quedarnos quietos / como el tilo y la encina de la fábula. / Aprender a mirar. / Tu mirada es sembradora. / Plantó un árbol. / Yo hablo / porque tú meces los follajes.

Paz es la Esfinge que no se despeña nunca. Vive junto a los enigmas en algún soleado prado del topos uranus. Las respuestas, en cambio, mutan de milenio en milenio, de siglo en siglo y se encarnan en la experiencia de los seres humanos. El misterio se hace carne en millones de cuerpos desnudos cuya piel es pasto para el fuego y el fuego mismo toma la forma de la piel para consumirse en una vida, en un puñado de noches.

Hay filosofías, poesía y misterios hechos para lo infinito. Fraguadas en silencio por demiurgos, su naturaleza es pura e inalcanzable. Sus palabras absolutas tienden hacia los mitos y se heredan de una generación a otra, como relatos y fuentes de la historia. Si cautivan a pesar de los milenios, es porque prometen lo inalcanzable, son ellos mismos la ambrosía y la piedra filosofal, pero guardan el secreto y no se lo dicen a nadie.

También hay misterios terrenales. Hechos de palabras que parecen estar rotas, son enigmas que se habitan y cuyas respuestas son provisionales. Esos misterios trazan la alegría de vivir o la amargura en los corazones y en los actos de las personas. Quienes los hacen no son demiurgos ni místicos, si personas que no necesitan llamarse a sí mismos filósofos ni poetas –aun cuando esas autodenominaciones sean también una estrategia política).

Operarios, sombras del amor en la caverna, son los amantes. Pocos lo son: viven en la doble renuncia de ser demiurgos-patronos de las musas, y de la necedad agreste que no entienden de misterios. El amante, a diferencia del demiurgo-poeta, se desdobla en su sombra de piel y sangre. Está en las antípodas del cielo junto a los poetas viscerales. Aquellos que escriben sobre el amor que habitan y no sobre aquel que no pueden vivir aunque lo escriban de mil maneras.

Si para Paz pienso en los demiurgos, para los infras o vicerrealistas pienso en Bolaño, y junto a él en Rimbaud y la ambigüedad vital de sus consignas “hacer poesía con la vida”, “reinventar todas las canciones”. Pienso también en Albert Camus que evocando a Nietzsche proponía que “un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo”. Poesía no eres tú, como escribió Castellanos, porque ya no somos románticos, ni la poesía pertenece al cielo o a la eternidad.

Aún me gusta creer que esa poesía –y filosofías– funcionan como escritura vital, como ficción que da lugar a otro vivir. No me imagino como fatal e infinito espejo, como el tilo y la encina de la fábula atado a la eternidad y a una persona que si ya no me ama no tiene el valor de decírmelo. No me imagino invocando un amor eterno y metafísico que siendo más grande que yo, acabe destruyendo a los que amo.

Modesta y hasta pedestre esa poesía vital escribiría, como quería Fante, con la sangre. El devenir poético, el proyecto de “hacer de la vida una obra de arte” implicaría: vivir lo que se piensa-pensar lo que se vive, transformarse y transformar la realidad a través de una práctica en un marco ético. Todo lo contrario al anticuado chantaje coherentista de “vivir como se piensa”, de mantener la coherencia a costa de la ética y la realidad histórica misma. Paz que sabía del amor por la tradición y los libros, por las culturas y las palabras, nunca pudo conjurar el fantasma de (H)Elena, y fue así fantasma amante y fantasma padre por más que su poesía invoque El Amor, Al padre y Madre.

Los altos y eternos cristales con los que Paz-demiurgo escribe no tienen sangre terrenal sino aérea. Su belleza, reflejo misterioso de Tristán, Cristo y Platón, se multiplica y conmueve nuestro corazón y pensamiento. La vida amorosa de su doble, Paz-mortal, es por todos conocida. Evidentemente, no se trata de reprocharle al poeta que su “amor” terrenal por (H)Elena no corresponda con el de sus poesías, la ética de uno no es la del otro. ¿Cómo pedirle a cualquier ser humano que aprenda la quietud del tilo y la encina, o que su festín de espectros personales no acabe devorando a sus vivos? Más bien, se trataría de indicar que en ese desfase, en esa contradicción entre el demiurgo y el mortal se hace patente un ethos, una actitud, del poeta frente a la poesía.

El reproche no es, desde luego, a la poesía. Pero hay una justicia poética en todo eso. La esfinge no es humana. Los misterios de la esfinge sólo lo son para los mortales. Ahí la fascinación, pero ¿Quién soporta a la esfinge en casa? ¿Quién la ama y le explica sus propios misterios con la humildad de la carne desnuda y vulnerable? Es misterio es inaccesible a la esfinge. Ignoro si internamente Paz se despeñó al captar su existencia humana y sus traspiés en el chisme mediático de las letras, pero las respuestas terrenales a los misterios de su poesía no suelen ser apreciados. Tal vez sea porque las respuestas terrenales generalmente no son poéticas, repiten los peores lugares comunes y se escriben sin hacer volar la inteligencia, pero en parte creo que esta tensión explica el tipo de apuesta poética que, en su mayoría, respalda y privilegia nuestro tiempo: novedad, publicidad, entretenimiento y estrategia política sin muchas reservas ético-creativas.

La dificultad de una apuesta que ocurra en la necesidad e imposibilidad de que la poesía y la vida sean una constituye el perímetro creativo de nuestra generación. Por un lado aún hay muchos anclajes a la generación metafísica de los absolutos y los abstractos disociados de la vida, en la que las esfinges devoraban generaciones enteras en aras de un ideal inhabitable y muchas veces incomprensible. Por el otro, está la propaganda poética de los estilos de vida, preferencias y aficiones, que no son otra cosa más que apologías sencillas cuya persuasión, a veces visceral, acaba en intereses propios, famas y proyecciones naïf de la vida común, que decanta en estridencias sin matiz. Finalmente el polígono se completa con la tendencia experimental y técnica, que va desde el show y la confrontación hasta la lectura en silencio, procurando la distancia entre las anteriores. Hoy, haciendo un quiasmo a Paz, hay poemas sin poesía: lo poemático. Lo que es poesía sin tener que ser poético.

Es cierto que hay tentativas poéticas de crítica al interior de la escritura poética, de protesta social, de formulación y reelaboración histórica, de poesía como medio de relación con otras artes, de poesía como simulación multimedia, de mapas y esquemas visuales-poéticos pero estos procesos creativos suelen apelar como archivo y espíritu creativo a la metafísica, la propaganda o la experimentación sin demasiados reparos ético-políticos, que es el punto a señalar en esta entrega de lenguaje para uno. No se trata entonces de una clasificación sino de un sentido de archivo y concepción del ejercicio poético del poeta.

Si en su devenir, la constante de la poesía es la poiesis (creación) ¿no sería hoy anti-poética la actitud de una poesía que prefiere amar al amor por encima de las mujeres concretas, incluso de hacerles daño en su nombre? ¿No lo será también aquella que en nombre de lo terrenal se forra de groupies y panfletos? ¿o la que prefiere creerse ajena a todo eso y escribe poemas con aviones de papel o stikers en redes sociales? Decir ‘no’ a la incuestionable esfinge metafísica no implica abrazar la vitalidad que llevamos dentro. Pero nombrarlo e intentar ver desde dónde escribimos ¿no es también un gesto poético? ¿con nosotros mismos, con los lectores? Renunciar a la tentación de idolatrar una sensibilidad demiúrgica (e inhumana) y un romántico terrenalismo propagandístico o una falsa neutralidad técnica es también una actitud frente a la poesía y un momento en su devenir. Una posición para la poesía nonata.

Las palabras son puentes. / También son trampas, jaulas, pozos. / Yo te hablo: tú no me oyes. / No hablo contigo: / hablo con una palabra, / Esa palabra eres tú, / esa palabra / te lleva de ti misma a ti misma. / La hicimos tú, yo, el destino. / La mujer que eres / es la mujer a la que hablo: / estas palabras son tu espejo, / eres tú misma y el eco de tu nombre. / Yo también, / al hablarte, / me vuelvo un murmullo, / aire y palabras, un soplo, / un fantasma que nace de estas letras.

Nada de esto implica renunciar a la calidad poética ni con desconocer la Tradición, tampoco anula los versos de Paz ni de la propaganda poética –lo cual sería una falacia ad hominem– pero sí interroga acerca de la disposición para leer y escribir poesía; cuestiona nuestra sensibilidad, su actualidad y postura. En el mundo premoderno el poeta encarnaba el sentir colectivo: heraldo ideológico, otorgaba expresión e ingenio al sentir común. Quizás en la actualidad poeta no sea quien canta (y refuerza) la sensibilidad que todos quieren escuchar, ni quien en el afán de la innovación mecaniza la creación o hace de ella espectáculo y panfleto. Tal vez hoy un poeta sea aquel que logra balbucear una sensibilidad que nosotros aún no somos capaces de habitar, pero que ella o él lleva a cuestas, que siente aquí y ahora, y de la cual su palabra no es prefiguración sino posibilidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s