Tecnoentusiasmos y candados: la educación frente al panóptico electrónico

Por Sofía Sienra | ➜

Las medidas urgentes ante situaciones de emergencia se suelen aplicar pasando por alto sus múltiples variables e implicaciones, que en momentos ordinarios se tendrían que considerar, negociar y debatir socialmente. Las soluciones transitorias surgidas de estos escenarios de excepción (Agamben, 2005) crean precedentes que favorecen su instauración legítima y permanente, ya que resulta más difícil dar la discusión una vez que se han vuelto operativas.

Resulta paradójico —pero no casual— que en el momento preciso de auge de los tecnoentusiasmos empiecen a proliferar candados digitales en forma de leyes y prohibiciones que coartan la libertad de expresión a la vez que criminalizan el conocimiento compartido y la autonomía tecnológica. La educación a distancia es una vía de entrada a una discusión vasta, que resulta por momentos laberíntica.

El optimismo tecnológico o tecnoentusiasmo refiere a la efervescencia causada por la implementación de una técnica, que porta una eficacia presuntamente neutral y universal, independiente de las circunstancias de las que surge y en las que opera. Esta visión restringida de técnica, asociada a la razón instrumental, no contempla la complejidad del entramado socio-técnico, sobre el cual se anuda la dimensión material-ideológica de cualquier práctica o artefacto.

La emergencia global sanitaria (que aún estamos viviendo y cuyas secuelas seguiremos experimentando y estudiando por años) ha provocado un fuerte viraje hacia los entornos virtuales haciendo de Internet la técnica por excelencia. Parece darse una especie de retorno a los albores de la WWW en los años 90 —donde la promesa de descentralización, horizontalidad y libertad impulsó una oleada de tecnoanarquismo ciberpunk para la generación de nuevas comunidades digitales de intercambio— solo que ahora los tecnoentusiasmos son embanderados por gobernantes, corporaciones, emprendedores siliconianos y tecnócratas de amplio espectro. Si bien desde antes de la pandemia ya (con)vivíamos en el ciberespacio, es notorio su exponencial incremento en tanto se ha convertido en el ámbito predilecto (y casi exclusivo) de relacionamiento y desempeño en los últimos meses, al menos para cierto sector de la población mundial.

La diseminación (¿saturación?) de eventos en línea ha impulsado demandas de productividad e hiperconexión inéditas, delineando un discurso hegemónico celebratorio que desconoce las condiciones de vida o las supone insignificantes u homogéneas. De este modo se despliegan solucionismos tecnológicos, a todas luces reductivos, efectistas y acríticos.

Panóptico electrónico educativo

Los desbarajustes que presenta la educación a distancia son un claro ejemplo de las inconsistencias, abusos y equívocos que acarrea el considerar la aplicación de una tecnología despojada de su dimensión material y cultural. Suponer que para implementar la educación a distancia solo hace falta conexión a Internet y un equipo, habla de una profunda ignorancia tanto de los procesos de enseñanza-aprendizaje, como de las desigualdades sociales que atraviesan a nuestro continente en general y a nuestro país en particular, donde existen brechas estructurales de diversa índole que limitan la implementación de modalidades educativas no presenciales (Venturini, 2020: en línea). En escenarios tan asimétricos como los de Latinoamérica, los solucionismos tecnoentusiastas tienden a opacar y agudizar dichas vulnerabilidades y precariedades, al mismo tiempo que se presentan como respuestas ágiles y salvadoras.

Buena parte de las instituciones educativas en todos los niveles, desconcertadas por la crisis se han esforzado por establecer protocolos y recolectar evidencias para la super-visión de la labor bur(r)ocrática docente-estudiantil en lugar de propiciar instancias genuinas de revisión, diálogo y construcción conjunta de modelos pedagógicos alternos y estrategias comprometidas con la transformación en clave de emancipación.

Entre tanto, se ejecutan convenios con corporaciones GAFAM[1] para la utilización de plataformas (ahora devenidas) educativas y se apresura el desembolso de presupuesto para la adquisición de licencias de aplicaciones que generan cuestionarios cronometrados, como si de este modo se estuviera resolviendo la ‘migración’ hacia lo digital. El hecho de que actores socialmente tan relevantes en escala y agencia, como lo son las universidades y demás instituciones educativas públicas, adopten sistemas privativos y extractivistas para su funcionamiento, resulta alarmante. La implementación de dichas herramientas (nunca neutrales) en conjunto con la obligación de encender la cámara y estar conectado de manera sincrónica durante las horas de clase no solo constituye un abuso de poder, sino que fomenta la instauración de un neo-panóptico acorde con el modelo pedagógico “bancario” (Freire, 2005) reaccionario, donde cada una de las personas es aislada y monitoreada, en consonancia con el principio de la desconfianza y la vigilancia.

En definitiva, estos solucionismos pretenden saltar los procesos complejos y de largo aliento al interior de las comunidades, ofreciendo imponiendo respuestas pre-diseñadas a problemas aún no abordados. En lugar de abogar por un modelo crítico basado en la libertad, la solidaridad y el compromiso, la corriente principal parece orientarse hacia el cumpli-miento individualizado y estandarizado.

La (im)propiedad intelectual

Otro aspecto central tiene que ver con el acceso a los materiales de estudio, de creación e investigación que colisiona con las ‘cercas’ en torno a los contenidos culturales y su tratamiento. Una revisión sobre la legislación nacional y global en torno a este tema probablemente nos orille a repensar la pertinencia del término ‘propiedad intelectual’, que activistas y defensores de los derechos digitales suelen rechazar por considerarlo engañoso, optando por la denominación “Monopolios artificiales sobre bienes intangibles” (Busaniche, 2007).

Los tratados internacionales de libre comercio suelen venir con un paquete de medidas asociadas a la administración-privatización del dominio público bajo la noción de protección de los derechos de autor, que en realidad se refieren a los derechos de explotación de contenidos culturales por parte del sector industrial. Esta salvaguarda estatal de los intereses privados frente al bienestar social tiende a agudizarse, toda vez que se habla del siglo XXI como la era de la ideas, de la ‘propiedad intelectual’ y del trabajo ‘inmaterial’, con todas las falacias y abusos que la noción de ‘desmaterialización’ acompaña (Cfr. Parikka, 2012).

México, luego del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), se convirtió en el país más restrictivo en esta materia, liderando la lista mundial de vigencia del derecho de autor, que asciende a cien años después de la muerte del autor (ver imagen). Si bien podemos pensar que también es de los países ‘laxos’ donde prolifera la desdeñada piratería, en momentos como éstos las contradicciones se vuelven más evidentes, porque las leyes tienden a expandir y rigidizar dicotomías moralizantes que criminalizan buena parte de las prácticas propias de las culturales digitales actuales.

La restricción de acceso, uso y adaptación de contenidos diversos es una limitación para los ciudadanos en general, y para la educación en particular,[2]  ya que más allá de contadas y ambiguas ‘excepciones’ la realidad de la práctica educativa, creativa e investigativa colisiona con la reglamentación existente y trasnochada, que protege los derechos de un autor decimonónico.

Imagen 1. Duración de los derechos de autor por país, 2015, Wikisource.[3]

Nuevos candados por romper

Un hecho reciente y lamentable en el marco del nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) es la súbita aprobación a comienzos de julio de reformas a la Ley Federal del Derecho de Autor y al Código Penal Federal de México.[4] Las modificaciones institucionalizan los ‘candados’ que impiden la reparación y alteración tecnológica sin permiso del autor-fabricante, a la vez que legitiman la eliminación de contenido de manera opaca y discrecional, lo que supone una vulneración para la libertad de expresión, ya debilitada por décadas de persecución y censura a periodistas y activistas.

Artistas, hackers, makers, comunicadorxs, defensorxs de derechos digitales, autodidactas, labs y comunidades de compartición afines a la cultura libre y la autonomía tecnológica alertan sobe los riesgos, y reavivan los debates en torno a la privatización de la cultura en la era digital. El pronunciamiento del Rancho Electrónico enfatiza: “Los candados digitales buscan impedir la innovación y la presencia del usuario en su uso de la tecnología como un actor con poder (…) Esto es fundamental, si no tienes el poder de alterar tu computadora, no tienes poder sobre ésta” (2020: en línea).[5]

En definitiva, creemos que internet y otras tecnologías pueden abrir muchas puertas no solo para la educación sino para una diversidad de actividades y esferas de la vida pública y privada, pero es necesario pensar cómo las emplearemos, desde qué marcos regulatorios y hacia qué objetivos sociales. Si se trata de repensar la educación y tender hacia la democratización de la cultura y el conocimiento, habría que comenzar reconociendo que estos cambios no serán fáciles ni rápidos. Sobre todo porque parece que vamos yendo hacia atrás, cada vez que se extienden las iniciativas que criminalizan y coartan las acciones de compartir, expresar, apropiar, y adaptar libremente.

En estos momentos pandémicos y panópticos, donde todo indica la agudización de brechas y la vulneración de derechos humanos, resulta urgente atender a las organizaciones hacktivistas, ciberfeministas y demás actores que apuestan por la construcción colectiva de una internet más libre y segura. Concebir a la red como territorio en disputa y cuestionar los supuestos que habitan en los discursos tecnoentusiastas resulta central –sobre todo desde América Latina– si queremos gestar ciudadanías digitales críticas y evitar que se propaguen las desigualdades y violencias que ya atraviesan a nuestras sociedades precarizadas.

Campaña Salvemos Internet https://salvemosinternet.mx/

Campaña #NiCensuraNiCandados https://r3d.mx/tmec/

Fuentes de consulta

Agamben, Giorgio (2005) Estado de excepción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Busaniche, Beatriz, et. al, (2007) Monopolios artificiales sobre bienes intangibles. Córdoba: Fundación Vía libre. Disponible en: https://biblioteca.articaonline.com/files/original/60ddeebb9aa33cf818cbace6aef0f4ab.pdf

Freire, Paulo (2005) Pedagogía del oprimido. México: Siglo Veintiuno.

Rancho Electrónico (2020) “Pronunciamiento contra reformas legales en el contexto TMEC” disponible en: https://ranchoelectronico.org/pronunciamiento-contra-reformas-legales-en-el-contexto-tmec/

Parikka, Jussi (2012) “New Materialism as Media Theory: Medianatures and Dirty Matter” en Communication and Critical/Cultural Studies Vol. 9, No. 1, March 2012, pp. 95100.

Venturini, Jamila (2020) “Los límites de la educación a distancia en América Latina” en Derechos Digitales, disponible en: https://www.derechosdigitales.org/14324/los-limites-de-la-educacion-a-distancia-en-america-latina/


[1] Se llama GAFAM al puñado de empresas que dominan el entorno digital: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft.

[2] Un abordaje más detallado sobre este punto puede revisarse en: https://adigitalizar.org/2020/03/24/el-problema-nunca-resuelto-del-copyright-y-la-bola-de-nieve-del-covid19/

[3] Disponible en: https://es.wikisource.org/wiki/Wikisource:Duraci%C3%B3n_de_derechos_de_autor_por_pa%C3%ADs

[4] Para una relatoría al respecto ver: https://www.derechosdigitales.org/14673/pero-que-necesidad-los-derechos-humanos-no-son-moneda-de-cambio/

[5] Acceder al comunicado completo aquí: https://ranchoelectronico.org/pronunciamiento-contra-reformas-legales-en-el-contexto-tmec/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s