Al mar como laboratorio. Arte, ciencia y navegaciones en la obra de Santiago Genovés (1/3)

Por Fernando Martín Velazco | ➜

A Fausto Zerón-Medina y Gonzalo Altamira

“No saben que soy el primer hombre que ha hablado con un pez”

El mar, los peces y yo

Algunas obras anteceden por décadas la aparición de su oficio. Con la institucionalización de la deconstrucción y las filosofías posmodernas, las humanidades escritas han tendido a concentrar su ejercicio reflexivo en los espacios y tiempos demarcados por la academia. Se relega la exploración —entendida en términos territoriales e introspectivos— a disciplinas presuntamente auxiliares [1] como la etnología o la paleontología, o bien a los oficios asociados al arte, que es su objeto de estudio, pero que por lo general se le desacredita como gnosis [2]. En los últimos años esta condición ha sido confrontada cada vez con mayor determinación, impulsada por la incursión de teóricos en la práctica y viceversa, así como por la tendiente valorización de la multi-, trans- e interdisciplina. Hoy se acepta, con razonable probidad, que las artes y las humanidades descriptivas contribuyen al saber de las ciencias. Consecuencia ha sido la adopción —a ocasiones rigurosa— del laboratorio, espacio generalmente asociado a las ciencias biológicas y exactas, como modelo para la producción de conocimiento para las artes expandidas y en última instancia, como espacio de investigación de la naturaleza humana.

El personaje que nos ocupa anticipó estas nociones superándolas. Regresa a nosotros luego de varias décadas de un lastimoso silencio editorial, con el Fondo de Cultura Económica, el Instituto de Investigaciones Antropológicas y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM como co-editores. Santiago Genovés: Obra reunida (México: 2020) es una compilación, en efecto, pero es también una reinterpretación de la obra del otrora connotado antropólogo físico, escritor, e investigador en temas de agresión y violencia. Y lo es puesto que su compiladora, Catherine Leguillou, reúne sus textos no en función de su trayectoria científica sino de lo que ella valora como una “dramaturgia en proceso”. Escribe en su introducción:

“se han omitido repeticiones de artículos aparecidos en diferentes publicaciones e idiomas (comunes en las bibliografías científicas), privilegiando la unidad temática de las distintas secciones del libro, procurándoles un orden cronológico y presentándolas como un pensamiento en constante proceso de transformación y cuya concreción, como obra, está en las experiencias que refieren.” (p. 1)

Valoración esta no exenta de polémica, partiendo de que previo a esta publicación las obras de Genovés eran prácticamente inexistentes para el mercado editorial hispano. Esta ausencia no disimula su extrañeza. Genovés fue uno de los antropólogos físicos más destacados de su generación. Nacido en España y de prematura nacionalidad mexicana, saltó a la celebridad internacional en la década de los setenta por participar en las expediciones Ra I y II junto a Thor Heyerdahl, así como por dirigir el experimento Acali —en ambos casos cruzando el Atlántico en una balsa. Tuvo una prolífica trayectoria en el cine, la radio y la televisión como divulgador científico y participante de tertulias. Realizó poco ortodoxas investigaciones sobre la violencia, no sólo en las embarcaciones mencionadas, sino entrevistando secuestradores en México y miembros de ETA en el país vasco. Se convertiría en una figura pública definitiva a finales de siglo, al promover las Declaraciones de la UNESCO sobre la violencia y sobre la ciencia, y ser un diligente activista en favor del cuidado del medio ambiente. Luego su figura se diluiría, en parte quizá por la edad, en parte por la pérdida de prestigio a ojos de sus colegas científicos, en parte por su propio silencio.

Hasta ahora la posteridad lo había tratado con injusticia. Ninguno de sus libros se había reimpreso desde su muerte, si bien sus existencias permanecían agotadas. Los productos audiovisuales en que participó se encuentran enlatados en las bodegas de algunas televisoras —quienes niegan los derechos de reproducción a quien los solicita [3] — y su archivo pareciera haberse esfumado. En 2016 localicé 40 ejemplares de su Expedición a la violencia en una bodega del Fondo de Cultura Económica de Guadalajara con un precio de venta de diez pesos. Luego de solicitar todos los ejemplares para mí, fui notificado que el reporte se debía a un error de inventario y los ejemplares no existían. Experiencias similares me han sucedido a mí y a algunos colegas, con otros títulos solitarios en diversas cadenas librerías y algunas bibliotecas. La última novedad en memoria suya radica en el estreno, hace un par de años, del desafortunado documental The Raft (2018), de Marcus Lindeen, sobre los 101 días de travesía del experimento Acali, donde los hechos del mismo se distorsionan sin tapujos y la investigación y biografía de Genovés quedan completamente desdibujadas. En tal panorama este libro constituye una oportunidad y una ruptura.

Ahora bien, imposible abstraernos en nuestra revisión de la tesis de quien aquí compila: Obra reunida, más que una suma de textos, entiende una suma de experimentos y experiencias que van transformando la concepción del autor sobre la ciencia y la investigación, sobre la naturaleza, sobre el ser humano y sobre sí mismo. Esta invectiva es riesgosa: podría resultar —como en el caso del documental mencionado— en una distorsión de la obra de Genovés. No es el caso.

Los dos volúmenes nos muestran la transformación de un antropólogo físico ‘convencional’ con un interés acentuado en cuestiones anatómicas y evolutivas, su gradual paso al estudio de temas históricos y del comportamiento humano, y finalmente, su vuelco particular a temas ‘ambientales’ (definición que nos merecerá un comentario posterior) desde un enfoque introspectivo –y por tanto prosaico.

Como se prefigura en el comentario anterior, el libro se divide en tres secciones: la primera, “Miradas sobre el origen del hombre: 1954-1970”, incluye una representativa colección de artículos publicados en revistas académicas nacionales e internacionales, con un marcado acento en temas de antropometría y evolución. Destacan los trabajos sobre “el hombre de Tepexpan” (1960) que Genovés descubre era en realidad una mujer, así como sus disruptivos artículos sobre la definición del sexo de los restos óseos prehistóricos (1954, 1956, 1959g, 1960c, 1963). De especial interés serán también sus revisiones sobre temas evolutivos (1959b, 1960b), no comunes para los antropólogos de su época. La segunda parte se titula “Miradas sobre la naturaleza humana: 1966-1993” y es la más extensa. Recoge los resultados sobre las expediciones en balsa a través del Atlántico e indagaciones de otra naturaleza, como las ya mencionadas durante el secuestro de un avión en que era pasajero (1972a, 1972b) y las entrevistas realizadas a miembros de ETA en el país vasco (1980d, 1984c). Rescata polémicas poco conocidas para el ámbito hispano, como el debate sostenido en Science a inicios de los años sesenta sobre el racismo (1961a, 1961e, 1962a), lo que prefigurará su interés en el estudio de la violencia y agresividad. Concluye la colección “Miradas sobre el mar: 1969-2013”, que recoge desde textos sobre los posibles contactos transatlánticos en la época prehistórica (1969a), hasta trabajos postreros, de un carácter histórico incierto.

Entre dichas secciones parpadean otras dos, a manera de apostillas y en un papel diferenciado, que se entrelazan entre las ya descritas: “Sobre el método” y “Sobre ciencia y filosofía”, sin delimitación temporal. La primera se enfoca en el diseño de las actividades investigativas, dígase de las herramientas de medición y comparación de restos óseos prehistóricos (1961,1962, 1965h, etc.), el diseño de las embarcaciones que cruzarían el Atlántico o las estrategias de experimentación sobre comportamiento humano (1971b, 1977b). También se incluyen aquellos textos sobre la preparación de los procesos de introspección en su etapa tardía (1983c). Contiene imágenes, bosquejos, así como tablas descriptivas. En la segunda de estas secciones se recogen algunos textos dirigidos a la divulgación, los cuales, cobran aquí su dimensión de verdaderas conceptualizaciones teóricas a la luz de la dilución de las fronteras disciplinarias. También se incluyen declaraciones de redacción colectiva. Concluye la edición una Bibliografía crítica vinculada a repositorios digitales (este texto ordena sus referencias respecto a esta última).

El libro presenta una visión panorámica que al mismo Genovés resultaría discutible [4], pero que resulta coherente con su trayectoria. Seguir el desarrollo de esta transformación nos ayuda a entender la coherencia y radicalidad de su propuesta última, y en parte, la razón de su subsecuente olvido. Pero también nos abre una nueva ventana sobre su obra a la luz de la investigación actual. Al definir a Genovés como dramaturgo, Leguillou no sólo reinterpreta su obra, sino devela su búsqueda continua por una metodología (o la carencia de la misma) como el elefante en la habitación de la cultura contemporánea: el paquidermo, en su estancia, va en una balsa que naufraga.

Esta provocación nos obliga a una reflexión sobre la trayectoria de Genovés, como el científico  que fue y como el artista que ahora reconocemos en él. Sobre los caminos que abrió, con sus revisiones postreras, y sobre todo de las rutas que inauguradas por él, nadie más aún ha recorrido. Sobre sus aportes a la multi-, ínter- y transdisiciplina, y también sobre sus advertencias.

***

Sus colegas conjeturan como causa del olvido al que ha sido relegado Genovés, su propia renuencia a formar discípulos. Los jóvenes antropólogos físicos encontrarían difícil alentar su hambre de novedad en sus tablas osteométricas, no así en el caso de los oficiantes de otras disciplinas avezados en el estudio de los cuerpos.

Es común que los estudiantes en diferentes ramas de la ciencia se esfuercen por obtener resultados nuevos y positivos de sus investigaciones. Ideas erróneas surgen a menudo debido a la idea profundamente arraigada de que deberían estar ‘probando’ o dando un estado definitivo a algo, mientras que en realidad solo pueden declarar lo que han encontrado y no lo que se han propuesto encontrar”. (1954)

El párrafo que inaugura su obra ya intuye sus usos imprevistos. El tono precautorio con que se aproxima a su primer estudio un joven antropólogo físico, se convierte en un consejo erudito para la disciplina que con mayor amplitud han influido sus estudios tempranos sobre el origen del hombre: la criminología forense.

Paradoja histórica más que epistémica. Buscando la génesis de los vestigios humanos antiguos, Genovés termina dando con el modelo más eficiente para la identificación de los restos en la especificidad del contexto mesoamericano (1967a). Distingue una anomalía: las mexicanas tienen los huesos más largos con respecto a su estatura. Revisa cientos de cadáveres obtenidos de la Escuela Nacional de Medicina pertenecientes a estratos poblacionales pobres e indígenas, e intuye correlaciones entre la condición social y étnica. Recientemente un grupo interdisciplinario adscrito a la BUAP desarrolló la aplicación para teléfonos móviles Forensic Anthropology BETA, herramienta para identificar restos óseos de desaparecidos en México. La aplicación está basada en el modelo de estimación propuesto por Genovés (et. al.), diferenciando su algoritmo de otras programaciones similares por su adecuación al contexto mexicano.

Visto esto, los estudios de la primera etapa de Genovés parecieran —sin habérselo entonces propuesto— más afines a las emergencias del presente que a la indagación de la génesis humana. “Pocos son los datos que nos pueden aportar los restos óseos en sí”, concluye en “Problemas relativos al origen del hombre en América” (1965g). Notamos en todo caso el inicio de un desplazamiento, tanto temático como metodológico, en sus intereses. En 1967(b) escribe para Current Anthropology un texto en cierta medida conclusivo sobre el tópico:

Hasta hace algunos años recolectábamos datos métricos, principalmente sobre cráneos; hoy nos damos cuenta de que esto no dio grandes resultados. Recientemente se ha puesto de moda ir a campo mejor equipado, con mayores recursos, y recopilar todo tipo de datos biológicos (desde PTC hasta excreción de ácido-β-aminoisobutírico); hasta ahora esto tampoco ha significado mayor recompensa. Es necesario, ahora, el tipo de investigación que se puede llevar a cabo sin más herramientas que una buena biblioteca, un par de anteojos, un bolígrafo y papel. La investigación científica no es solo la acumulación de certezas, sino la comprensión a través de la interpretación de los hechos. Para entender la historia de nuestros orígenes, debemos volver a un enfoque más humanista e integrador.” (1967b)

El autor se apega entonces a la no aún del todo aceptada teoría del poblamiento de América por sucesivas olas migratorias. Sus conclusiones provocan una amplia correspondencia. Discute el tema de forma elemental, pero sus palabras finales llevan ya la dirección de su interés genuino:

Nunca descubriremos los restos de los pobladores “originales” de América, así como nunca descubriremos la cuna de la humanidad buscando en todas partes del Viejo Mundo; pero a través de un mejor conocimiento de la variación humana en el pasado y en el presente, nos acercaremos a la comprensión de las afinidades biológicas de nuestros antepasados, aquí o allá y, por lo tanto, a una mejor comprensión de nuestras formas y culturas.” (Ídem.)

En lo sucesivo, Genovés se apartará de la antropometría. Seguirá mostrando cierto interés en la hipótesis difusionista sobre el desarrollo cultural de la América precolombina —la de sus contactos prehistóricos con pueblos africanos y europeos—, y ahondará en estudios de agresividad y violencia. Profundizará en su refutación de la eugenesia y el pseudo-darwinismo social, y denunciando el sesgo racista de algunas instituciones académicas propugnará por un estudio sistemático de las causas culturales y biológicas de estos problemas.

Sin embargo, su vuelco más rotundo será metodológico.

[Continúa en: https://telecapitarevista.org/2020/08/23/al-mar-como-laboratorio-arte-ciencia-y-navegaciones-en-la-obra-de-santiago-genoves-2-3/]

Genovés, Santiago (2020) Obra reunida. Compilación y traducciones. Catherine Leguillou. FCE-UNAM: México.


[1] Por su carácter preponderantemente descriptivo.

[2] Por su carácter preponderantemente estético.

[3] Escribe José Luis Espinosa Piña su experiencia siendo director del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa: “Hace más de 4 años solicité por escrito a Televisa su autorización para transmitir de nuevo la serie “Expedición a la Violencia” sobre la cual aquella empresa posee los derechos […]. Había recuperado aquel material y consideré que debía difundirse ampliamente […]. Después de muchos meses de esperar, al fin recibí una seca respuesta: sin dar razones, la compañía no consideró conveniente otorgar la autorización para la retransmisión de la serie.” MADRID SEIE 2 octubre 2015.

[4] Había realizado Kon-Tiki (1947), cruzando en balsa el Pacífico desde Perú hasta la Polinesia francesa, y después realizaría Tigris (1978), en el mismo formato para ir de Iraq a la India. El primer viaje quedó registrado en una película homónima (1951) ganadora del Oscar; el último fue incendiado como protesta contra la guerra en el Golfo Pérsico.

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