“El cuerpo de la reina”. Experiencia a distancia sobre la otra pandemia

La reina de Lagos es una experiencia diseñada por Ana Sánchez Bernal, Benjamín Rubio, Cuauhtémoc Vázquez, Diana Echaury y Sara Pinedo, a partir del texto homónimo de Diana Echaury; desde los colectivos Centro-Centro (Guadalajara) y Un Colectivo (León) como parte del Programa Contigo a la Distancia.

Por Sara Pinedo | ➜

Hubo tiempo de resistencia, de adaptación en resistencia, de preguntarnos ¿qué tememos perder?, ¿qué deseamos rescatar?, ¿qué podríamos ganar? Y otras tantas preguntas que pasaron a segundo plano cuando logramos priorizar la realidad, esa que sigue sucediendo a pesar de la pandemia COVID-19.

De la noche a la mañana nos arrebataron la libertad de levantarnos de prisa y salir corriendo a trabajar; de tomar 15 minutos para comer en el Oxxo; salir a las 20:00, llegar a casa pasadas las 21:00 y prepararse para el día siguiente, con excepción del viernes que se acude al bar a sudar la jornada laboral, el sábado que se come fuera de casa, y el domingo que se va al supermercado; con algunas variables pero en general esa era una vida cotidiana de la ficcionada clase media pre pandémica. Quizá exagero, pero la idea es que nuestra libertad ya estaba confinada antes de que nos limitaran la movilidad. Incluso la movilidad en nuestro país ya se percibía restringida antes de la pandemia. Pienso en aquella ocasión en que decidimos no viajar a Michoacán por miedo a las amenazas en la carretera; pienso en los cuentos de terror que acompañaban las funciones en Fresnillo, Zacatecas; en la posibilidad de estudiar la maestría en la Universidad de Guanajuato, y detenerme porque la sede es Salvatierra; los espacios de miedo de Ciudad Juárez llegaron con rapidez al Bajío, incapaces de contenerse en divisiones políticas; y entre Lagos de Moreno, Jalisco y León, Guanajuato, hay en común más que una clave LADA.

1. Las ausencias

Un día vuelves a ser peyote, o eso sientes de ver puro cactus a tu alrededor.

La reina de Lagos.

Ileana Diéguez en Cuerpos sin duelo (2018) menciona que hay prácticas artísticas que se construyen como un desvío poético del imposible duelo, obras que se generan a partir de algún vestigio y no pretenden sustituir el duelo, sino generar una alegoría desde una situación de ruinas. En La reina de Lagos, Diana Echaury nos compartió esos vestigios, fue presentándonos el cuerpo ausente de Daniela (1990-2019) a través de relatos, de un trago de Jaral, de una blusa con flores, unos tenis blancos Nike; luego cada una de nosotras pudo indagar en las violentas representaciones contenidas de manera irresponsable en notas de prensa que colocan los cuerpos inertes en primera plana, que hace videos a partir de imágenes fijas para ahondar en detalles; en las narrativas de los grupos de búsqueda de personas desaparecidas en redes sociales: su cabello rizado, su estatura, sus tatuajes. Deseamos traer al presente su ausencia sabiéndonos incapaces de portar el dolor ajeno. Deseamos politizar su ausencia, haciendo visible el marco en que se produce: el de la criminalización de los cuerpos femeninos como objeto desechable de una narco-cultura heredada, naturalizada.

La reina de Lagos se construye además, a partir de otra ausencia, la de Paulo, que nos viene faltando en lo personal y lo profesional desde hace dos años. Seguramente media Guadalajara tiene objetos suyos; sin embargo, nosotras rescatamos de la basura uno de los más preciados: su tarot. Como parte de un ritual de iniciación de este proyecto, decidimos que ese oráculo debía habitar el proceso con Diana, y embalado en una pequeña caja de cartón viajó por paquetería rumbo a Lagos de Moreno. Un regreso a casa con escala. Así, a partir de la potencia afectiva y simbólica de la presencia de uno de nuestros compañeros a través de su vestigio, uno que no solo evoca, y testifica, sino que es; comenzaron a germinar dos semillas: el tarot como narrativa y la paquetería como posible medialidad.

“Kit de la Reina” en ruta de entrega. Foto: Especial.

2.    Narcanos Mayores.

Los Narcanos Mayores de La reina de Lagos son una apropiación de arquetipos, signos y símbolos que encontramos en un breve paisaje histórico del narcotráfico mexicano. Cuando se consulta el tarot, no son las cartas lo que hay que leer: lo que debe leerse es la propia vida. La reina de Lagos.

Parafraseando a Eliza Mizrahi (2018: 171), para Georges Didi-Huberman el montaje es una herramienta epistemológica que le permite hacer surgir y adjuntar tiempos heterogéneos, y proyectarlos en el mismo plano de proximidad. Su fuerza radica en hacer que la mirada vacile y con ella se volatilice el pensamiento: Capturar de golpe un gesto particular que haga de la imagen una escritura de la memoria.

El collage digital fue la herramienta que protagonizó nuestro ejercicio de montaje, una revisión crítica a los personajes, en su mayoría masculinos, objetos y escenarios icónicos que han levantado y sostenido el imperio simbólico que es la cultura del narcotráfico en nuestro país: extrañar, interpretar, descomponer, remontar algunos de los signos del narco mito mexicano para renombrarlos y propiciar nuevas lecturas e imaginarios.

Tirada de narco Tarot. Foto: Especial.

3. Una caja de zapatos.

Antes de continuar, hay que recordar que:

  • Nacimos en un mundo donde el correo postal había perdido popularidad y a menos que sea de Amazon, recibir un paquete puede despertar ansiedad. Las narrativas del terror se apropiaron de signos, modificando la connotación de sorpresa: la llamada de un número desconocido, una caja frente a la puerta, una manta sobre el auto.
  • Nacimos en un país donde el narcotraficante vivo más afamado de México tiene una marca con su rostro como logo, una página web, y una camisa igual de famosa que él.
  • Nacimos en casas de colonias populares, hijas de consumidores de drogas, crecimos consumidoras de drogas, amigas de consumidores de drogas y narco menudistas víctimas de la desigualdad social, esa es nuestra realidad, una de la que casi nunca hablamos. Con Daniela tenemos en común más de lo que pensamos.
  • Guanajuato ocupa el primer lugar en homicidios dolosos de mujeres en 2020, y Jalisco ocupó el tercer lugar en delitos contra mujeres hasta abril de este año.

Tomando como pretexto un cumpleaños a distancia y como referencia la marca El Chapo 701, diseñamos El kit de la Reina, una caja con contenidos que en ese momento consideramos pertinentes para decir feliz chamuco de parte de La reina de Lagos: alcohol en gel y cubre bocas fabricados en casa, tres cervezas (un tesoro en el mes en que escaseó), una botellita de Jaral, condones, pingüinos, y vela de pirotecnia, todo etiquetado con la imagen de la reina. Ese sería el primer paquete que llevaríamos personalmente a Lagos. Ese sería el primer intento de traficar una experiencia.

Paquetes de Kit de la Reina. Foto: Especial.

4. Tráfico de experiencias

Algo apasionante en La reina de Lagos es que atiende a lo dialógico y procesual. El lapso de tiempo entre solicitar unirte a la reina y despedirnos desde una pantalla, puede ser de tres días, y a lo largo de ellos aparecen distintos soportes y calidades de comunicación: la llamada, el whatsapp, la visita, el recado (porque no está durante la visita), y el convivio virtual; sin embargo, la experiencia comienza artesanalmente un poco antes,  en la línea de producción, durante la impresión, corte, ensamble, limpieza y embalaje. Continúa cuando nos metemos en esos trajes plásticos y ruidosos, y emprendemos la ruta de entrega. Encontrar el domicilio, ponerse el cubrebocas, llamar a la puerta con las miradas atentas de vecinas y vecinos que pese a la curiosidad prefieren guardar distancia de nosotras, y de esa fachada que compone nuestro escenario. Un nuevo comienzo, el primer contacto. Frente a nosotras tenemos a una persona que ha confiado en decirnos dónde vive, que nos ha abierto la puerta, y sin terminar de conocer nuestros rostros recibe un paquete cuyo contenido sabrá hasta dentro de unas horas. Una vez abierto el paquete, lo primero que encontrará es un pequeño libro de viaje, una suerte de instructivo que mediará las interacciones entre lo presencial y lo virtual, algunas de ellas para realizar en conjunto entre el equipo de la reina y el resto de invitadas; otras, acciones sugeridas para llevar a cabo en intimidad. Ya antes del confinamiento hablábamos del vínculo de confianza entre ejecutantes y espectadores en el teatro; sin embargo, esta experiencia nos permite revisar y atesorar otra dimensión de la confianza, donde los dispositivos están dispuestos y decidir activarlos o no es una decisión personal, es el acompañamiento mutuo a la distancia.

5. Ahora que estamos juntas

Nuestros cuerpos no nos pertenecen;

Sin embargo, nos dejan tenerlos.

Nunca se sabe cuándo podrán necesitarlos.

A las 21:00 recibes una llamada, es alguien contándote cómo sería esa experiencia si fuera presencial, si pudiéramos estar juntas. Te pide que reproduzcas un video para que te sitúes en un posible escenario, te pide que lo habites, te pide luego que lo abandones y que escuches el vacío. Te pide que vayas a tu libro y que sigas las instrucciones. Promete que volverán a encontrarse pronto. Al final de un viaje.

Daniela nos hizo revisar nuestros cuerpos y su relación con ciertos espacios: Todo es culpa de la geografía. ¿Qué hubiera sido de Daniela si no se hubiera quedado en Lagos? ¿Qué hubiera sido de mí si hubiera permanecido en Sinaloa? ¿Qué sería de nosotras? Una mujer y un baldío. ¿Cómo se construye esa relación? ¿Cómo podemos transformar esa relación? Una tarde fuimos a sembrarnos en el descampado, a esperar la lluvia, a vivir la espera. Otra tarde nos bañamos desnudas en barro y fuimos tierra mojada. Otra tarde nos tiraron las cartas y contemplamos el paisaje. También hicimos ceviche y margaritas con la memoria de nuestros padres, y El Furcio nos hizo esta canción:

Abordar La reina de Lagos en un proceso creativo a distancia no fue sencillo; estudiar la ausencia sabiendo que aquello que nos detone será acompañado únicamente por la virtualidad de la otra, por las palabras sin aliento, y la imposibilidad del tacto, parecía potenciar la desolación del proyecto; sin embargo, esa carencia permitió que la exploración en los contenidos, medialidades, materialidades, modelos de producción y estrategias de comunicación a distancia fueran genuinas, que nos dejáramos atravesar por las ausencias y el confinamiento.

Comenzamos por el Loco, el cero. La carta ausente de nuestra experiencia. Y terminamos con él, brindando con Jaral, el mezcal favorito de Daniela. Brindamos por recuperar la sorpresa, porque la distancia no se haga costumbre, ni normalidad la ausencia. Nos despedimos con una invitación: que esto no termine hasta encontrarnos de frente.

Siempre imaginamos estar lxs cinco, o más,

presentes en el presente.

Que estarían presentes nuestros cuerpos vivos

y nosotras, las tres, ahí frente a ti,

de pie en el presente

con nuestros cuerpos vivos,

algo que tal vez nunca ha sido fácil

pero que ahora parece más difícil que nunca.

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