¿Volver a escena? Visiones internacionales sobre teatro y confinamiento | Parte (I/III)

Con el confinamiento por la pandemia de la Covid-19, las artes de la presencia han sufrido una aguda sacudida, el propio fundamento de la corporalidad expectante ha sido puesto en pausa, y este impasse inédito las obliga a repensarse, sobre todo con el continuo alargue del encierro y cuyo fin, al menos en países como México (con altas comorbilidades en la población), no se advierte en el corto plazo. Para no caer solo en una reflexión endógena, gremial o ideológica, a propósito de pensar el teatro y el confinamiento, atendemos en esta serie de tres artículos algunas de las preocupaciones en voz de creadores escénicos que residen en distintas latitudes y viven contextos y posiciones diversas: Eugene van Erven (Países Bajos), Sofía Medici (Argentina), Borja López (París, Francia / Barcelona, España), Juan Domínguez (Berlín, Alemania / Madrid, España), Laura Blanch (Barcelona, España), Luisa Tupper (Santiago, Chile), Santi Rovira (Barcelona, España), Sandra Diris (Bruselas, Bélgica), Zhao Zhiyong (Beijing, China), y Yohayna Hernández (La Habana, Cuba / Montreal, Canadá).

Entrevistas por Alejandro Flores Valencia | Foto: Especial. Berliner Ensemble| ➜

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Nota introductoria | “Aquí y ahora, exceso de presente”: Francisco Arrieta

Hace poco participé junto con un grupo de creadorxs invitadxs por el Centro de Cultura Digital de México, en un conversatorio para hablar sobre la vida de las artes escénicas en la pandemia, los desafíos, las experiencias y las repercusiones. Una de las palabras que emergió de la reflexión fue la de resistencia; estrategias de resistencia que debemos activar ante un presente “denso” en el que además el gobierno no tiene ningún interés por activar el sector cultural manteniéndonos en una precariedad, que en realidad ya es una situación añeja pero que la pandemia vino a acentuar. Estrategias de resistencia que son posturas críticas frente a lo que acontece en todos los sectores, y que tienen la capacidad de volverse un germen de potencia vital en y desde las artes escénicas. Cuando leo las voces de lxs diversxs creadorxs que a continuación ponen sus reflexiones en este texto, pienso justo en ese germen que se activa desde el relato de sus experiencias, y pienso también en la importancia del registro y de la huella que estas voces ofrecen para un presente y un futuro.

¿Cómo han sorteado las instituciones, por un lado, y los creadores escénicos, por otro, el contexto de Nueva Normalidad en la ciudad o país donde radicas?

Eugene van Erven: La pandemia ha coincidido con los resultados de las aplicaciones para subvenciones estructurales (para los siguientes 4 años). Las grandes instituciones (el Concertgebouw, el Rijksmuseum, etc.) han sido protegidas. Instituciones igual como compañías de teatro en las regiones más alejadas de la capital han perdido subvenciones. Al nivel de artistas individuales se sufre mucho. Durante 3 o 4 meses los teatros han estado cerrados y actores y directores han perdido sus ingresos. Desde el 1 de junio han reabierto los teatros, pero a un máximo de 30% de su capacidad, lo que no es económicamente viable. El gobierno ha prometido un apoyo incidental de 300 millones de Euros para el sector cultural pero la mayoría de estos apoyos no llegan a los artistas independientes, la vanguardia artística. Para muchos en la zona alternativa, el futuro se ve problemático, aunque aquí sobre todo se ven muchas iniciativas originales.

Sofía Medici: En Buenos Aires aún no hay nueva normalidad. Estamos todavía en etapa de cuarentena casi total.

Borja López: En lo económico, los gobiernos han promovido una mejora excepcional de las condiciones de subsidio por desempleo para artistas tanto en Francia como en España, con el objetivo de dar oxígeno a este colectivo tras la avalancha de cancelaciones de giras, estrenos… Francia tiene una estructura de ayudas mucho más robusta y en ese sentido las medidas adoptadas allí siempre son más sólidas. En España la situación es más precaria y soy pesimista respecto a las posibilidades de que se siga estimulando al sector desde lo público una vez que se hagan sentir los efectos de la crisis económica en la que estamos entrando. Todavía no he podido intercambiar mucho con estos colectivos, pero pienso que la situación de las empresas teatrales, compañías y teatros privados y pequeñas salas puede ser muy delicada a partir del otoño. En lo organizativo, la pandemia ha paralizado las programaciones de los teatros de la segunda mitad de la temporada teatral aquí en Europa, que va de septiembre a junio, así como hemos visto la cancelación de la inmensa mayoría de los grandes festivales de teatro del verano como el de Avignon. En ese sentido la mayoría de grandes teatros públicos han suspendido lo que quedaba de temporada y se han centrado en reorganizar la temporada 20/21, supongo que con un importante grado de incertidumbre. También hemos visto cómo esos teatros han trabajado para mejorar sus contenidos expandidos en la red, primero presentando una programación online de espectáculos antiguos grabados en vídeo que se ofrecían gratuitamente a los internautas durante el confinamiento, y enseguida programando nuevos espectáculos adaptados a su difusión en vivo mediante plataformas como Zoom. En España algunos grandes teatros y festivales han vuelto a abrir sus salas desde mediados de junio con unos protocolos de seguridad nuevos para afrontar la situación sanitaria, siendo la primera medida la reducción de aforo. Por lo pronto estas iniciativas nos han permitido a los artistas sentir que tenemos algo de futuro inmediato. Pero está por ver cómo va a sobrevivir el sector dentro de la evolución de la pandemia. La reducción de aforo es algo que pienso que sólo se pueden permitir los grandes teatros públicos, que tienen una inversión detrás a fondo perdido, creo que son unas condiciones en las que el teatro privado y las pequeñas salas del off no podrán subsistir. Los creadores van haciendo lo que pueden entre crear nuevos proyectos o adaptar proyectos antiguos para esta programación extendida de contenidos en la red y tratar de que se les reprogramen fechas anuladas adaptándose a los nuevos protocolos de seguridad.

Juan Domínguez: Después del confinamiento se empezaron a abrir no hace mucho algunos teatros con protocolos de seguridad.,distancia y mascarillas + desinfección de manos a la entrada y recolección de datos personales. Luego los teatros si tienen 2 pases (funciones) desinfectan la sala antes de empezar el siguiente pase. Hay una distancia de seguridad que varía según la obra de hasta 6 metros entre el público y los actores o bailarines. La capacidad de la grada se ha reducido entre un 30 y un 50%. Si la circulación del aire es buena o se trata de presentar al aire libre, varía según la ciudad y los espacios de presentación. Yo puedo hablar de Madrid y Berlín que es donde trabajo habitualmente. La normalidad para el artista independiente no existe todavía. A parte de la ruina en la que estamos todos, no se sabe que se podrá hacer el año que viene o que no. No hay un plan de momento para trabajar de manera diferente. Hay soluciones para mostrar dentro de un teatro con protocolo de seguridad pero no hay realmente un plan claro ya que la pandemia no está controlada y parece que se tardará en controlar. Así que la incertidumbre para todos los que vivimos de mes a mes es inmensa. En Berlín, hay un plan de ayuda para la cultura bastante grande que puede ayudar a solucionar temporalmente la crisis, en Madrid no hay ninguno todavía concreto para la cultura y para los artistas independientes menos todavía. Son diferentes economías la de las dos ciudades. Berlín es mas fuerte y puede que aguante más tiempo sin que su economía sufra como la española. De ahí que se puedan afrontar retos mas grandes. Pero por ahora España aunque está reaccionando no parece que la cultura, el arte y los artistas independientes estén en su agenda de prioridades. También ha habido una diferencia grande en cómo se ha gestionado la pandemia a nivel estatal. En Alemania, Merkel no ha infundido ningún miedo a la población probablemente porque se sentía respaldada por la sanidad publica, en la cual se ha invertido mucho dinero y está mucho mas preparada que la española aunque a priori parecían igual, en donde había camas de sobra y respiradores y mascarillas. En España se ha ido ocultando la realidad que al final no pudo ocultarse más y es que los hospitales no estaban preparados para un brote como éste. Esa carencia creo que no ha dejado al gobierno ser lo suficientemente transparente. Y ha generado una inestabilidad y un caos durante el pico de la pandemia horrible. Si se aceptaran las carencias y los errores avanzaríamos más deprisa y en lo que más importa. En España no ha sido una cuestión de que gobierno estuviera en el poder. Yo creo que hubiese ocurrido lo mismo con otro gobierno o igual peor. Nunca lo sabremos y es mi opinión. Pero está claro que en Alemania hay diferentes factores que han ayudado a no caer en una crisis como la española por ahora. Uno de ellos es la inversión en ciencia y medicina. Y la cobertura médica para todos haciendo que sea más fácil la atención en momentos de crisis. De todas formas Berlín es un caso excepcional. Es de la ciudades alemanas con menos contagios. Veremos ahora que ya los críos han retomado las clases. Hay muchas cosas por solucionar en todo el mundo, cada sitio con sus especificidades.

Laura Blanch: El panorama teatral aquí no se divide entre instituciones por un lado y creadores escénicos por el otro. Cuando digo aquí, hablo de Catalunya y Barcelona principalmente. Hay teatros públicos (TNC, Mercat de les Flors), teatros gestionados por fundaciones pero que reciben un porcentaje muy alto de ayudas públicas (Teatre Lliure, Sala Beckett) y hay salas pequeñas e independientes. Después, están los trabajadores de estos teatros. Los trabajadores regulares hay contratados pero también hay muchos (como por ejemplo técnicos) que aunque trabajan siempre en el mismo espacio no tienen contrato y son freelance (se llaman ‘autónomos’ en España). En cuanto a  los creadores escénicos, también hay muchos que trabajan sin contrato. Es un sector precario y muy vulnerable a la crisis de la Covid-19. Hubo diferentes etapas. En un principio, al inicio de la pandemia, el Gobierno español decretó el ‘estado de alarma’ y con eso todo se cerró y nos quedamos en casa cerrados durante 2 meses. Durante el estado de alarma, las ayudas que se publicaron, no tenían en cuenta la naturaleza del sector cultural (donde la mayoría no cobra un dinero mensual fijo y donde muchos trabajan sin contrato). El sector cultural se quejó y el Ministro de Cultura dijo: “tal y cómo dijo Orson Welles: primero la vida, después el cine”. Aún así, después de quejarnos se reguló diferente y muchas personas recibieron ayuda del gobierno. Ayuda económica de unos 650-700 euros/mes, hasta el fin del estado de alarma. Una vez se empezó el desconfiamiento, el estado de alarma se acabó y empezaron las fases para la vuelta a la “normalidad”. Entonces se decretaron los protocolos para los teatros y para los ensayos de las compañías. Teatros: 30% del aforo + líquido desinfectante al entrar y al salir + mantener la distancia de seguridad entre persona y persona. Ensayos: a) Estar todos 15 días juntos confinados y ensayando en un mismo sitio sin ir a casa a dormir. b) Ensayar un máximo de 10 personas, sin contacto físico y con mascarilla. Una vez los teatros, cines, etc ya habían abierto; en Cataluña los casos de Covid subieron y se tuvo que retroceder de fase con lo cual el gobierno “recomendó” cerrar los teatros y los cines como foco de contagio; aunque los bares y las terrazas y restaurantes seguían abiertos. Esto generó malestar en el sector cultural e incertidumbre en relación a los distintos festivales de verano. Eran recomendaciones porque sin el estado de alarma decretado, el gobierno no puede imponer nada porque es una vulneración de los derechos. El Festival GREC de Barcelona se aplazó pero finalmente decidió hacerse, cosa que dió un poco de aire a los artistas programados por el hecho de no cancelarse; tal y cómo ha pasado en muchos festivales europeos. 

Luisa Tupper: Para el sector cultural en Chile ha sido muy difícil enfrentar esta pandemia y se ha develado aún más la precariedad en la que se encuentran creadores y creadoras, organizaciones y agentes culturales. Fuimos el primer sector en cerrar y seremos uno de los últimos en reabrir. Sin embargo también hay una necesidad de seguir buscando espacios de reflexión, creación y conexión con los públicos, han surgido nuevos formatos muy interesantes, hay experimentación, nosotros mismos desde Fundación Teatro a Mil desarrollamos todo un ciclo que teníamos pensando de manera presencial y lo llevamos al online con nuevas propuestas. También hemos visto muy fuertemente la fortaleza de la asociatividad, con el surgimiento y el fortalecimiento de redes de colaboración, porque hay una certeza que de esta tenemos que salir más juntos que nunca.

Santi Rovira: Ha sido un proceso muy complicado, donde ha habido muchas contradicciones, tales como que los teatros han tenido que reducir los aforos hasta el 30% e incluso suspender pases, mientras las terrazas de los bares contiguos al teatro estaban 100% operativas. En general las instituciones no han primado la cultura como un bien imprescindible.

Sandra Diris: Desde el inicio de la pandemia en Bélgica, digamos alrededor del 15 de marzo, todo el mundo tuvo que dejar inmediatamente lo que estaba haciendo, también todo el sector cultural. Los teatros se vieron obligados a detener todas las actividades, dentro y fuera del lugar. La mayoría de nosotros nos quedamos en casa. Después de aproximadamente 2 meses, podríamos regresar lentamente al trabajo. Se podía ensayar, pero sin público y los actores debían mantener la distancia. Luego, los teatros y lugares públicos podrían reabrir al público con un máximo de 100 personas en sala y 200 personas en exteriores. Esta fue una buena noticia para los creadores escénicos que podrían actuar nuevamente para el público, pero no tanto para los grandes teatros: si solo se les permitiera tener a 100 personas en una sala de 800, tendrían muchas pérdidas. Así que ahora el ejercicio consistía en encontrar un equilibrio entre la tarifa de los artistas y los ingresos por la venta de entradas. A muchos artistas se les pidió que redujeran el costo de sus presentaciones. Además de eso, la mayoría de los teatros y pequeños festivales al aire libre tuvieron que hacer una gran inversión para hacer su lugar “a prueba de coronavirus”: seguridad adicional, plan de circulación, desinfección, alcohol, etc. Entonces algunos teatros (grandes) decidieron permanecer cerrados hasta tiempos mejores. Mientras tanto, un movimiento del sector cultural comenzó a presionar a nuestro gobierno para que flexibilizara las reglas para los teatros y eventos. Como resultado, a partir de septiembre se nos permite tener 200 personas en interiores y 400 en exteriores. Que todavía es poco. Los grandes locales siguen cerrados.

Zhao Zhiyong: En China no estamos relacionados con ese término “nueva normalidad”. Supongo que está relacionado con la cuarentena y la distancia social, etc. después de la pandemia. Si es el caso, tengo que decir que aquí en China los creadores y artistas casi no pueden hacer nada porque el gobierno es muy poderoso y el espacio en la sociedad civil es muy estrecho. Durante la pandemia, algunos artistas sobrevivirán sirviendo a la propaganda política y el resto, digamos la mayoría de ellos, solo puede esperar la reapertura del teatro, el cine, la galería o la sala de conciertos. En septiembre, el gobierno permitió la reapertura de teatros y cines, pero fijó la asistencia máxima al 50%. Esperamos que la situación mejore en las próximas semanas.

Yohayna Hernández: Estoy viviendo en Montreal (Quebec, Canadá). Llevo en esta ciudad un año y seis meses, por lo tanto, no conozco aún a profundidad el contexto institucional, cultural y artístico. Mis respuestas estarán más próximas a mi experiencia particular que a un análisis panorámico. Personalmente, me he batido mucho con ese concepto, tremendamente peligroso, de “la nueva normalidad” que se ha manejado en diferentes países. Ese “volver a la nueva normalidad” siento que no interroga los problemas y las complicidades que la normalidad o “la vieja normalidad” que vivíamos tiene con los actuales tiempos pandémicos. Me siento más próxima del llamado que hace la activista feminista boliviana María Galindo a “habitar la anormalidad”, cuando dice que “la normalidad” (y no solo el virus) es el problema. Y me siento también muy próxima a la reflexión que propone el filósofo Bruno Latour sobre los gestos barreras a pensar y activar, en tiempos pandémicos, para impedir la recuperación de esa normalidad que vivíamos. Acá, la cuarenta y la pandemia han revelado la precarización económica de los creadores escénicos. Muchos tuvieron que sumarse al programa de prestación de urgencia del gobierno federal (PCU). Generalmente, los creadores escénicos viven de una suma de pequeños contratos (presentaciones, giras nacionales e internacionales, docencia, becas) y con el cierre de los teatros, de las instituciones culturales y la imposibilidad de la movilidad, sus economías se vieron profundamente afectadas y tuvieron que pedir estas ayudas. Desde las instituciones ha habido un abanico de posibilidades. Inicialmente un trabajo inmenso de repensar y reprogramar todo el trabajo previamente diseñado (quizás estos tiempos de inmensa anticipación y aceleración en la planificación de la actividad artística y cultural sea un aspecto para interrogar). Muchas instituciones también tuvieron que diseñar qué zonas del trabajo institucional podían continuar desde el “teletrabajo” y cuáles no. Por ejemplo, en la institución en la que yo trabajaba como dramaturgista, justo cuando empezó la cuarentena, nosotros organizábamos un festival de artes vivas que hace ese organismo, La Serre, de manera anual. En medio de la cuarenta, con los teatros cerrados y las medidas sanitarias que se tomaron, era imposible pensar y realizar el festival que habíamos concebido. Ahí comenzamos un proceso de diálogos con los artistas (muchos, por razones económicas, tuvieron que renunciar de la programación del Festival y su pago para poder demandar el PCU).  A partir de estos diálogos, con los artistas que podían seguir en el programa, se abrió la posibilidad de pensar cómo instalar un gesto de sus obras desde nuevos formatos (online o en la distancia o en sus barrios respetando las medidas sanitarias). De esta forma La Serre no canceló el Festival sino que imaginó una versión “déconfiné”. Las obras en lugar de acontecer en las salas de teatro pasaron en Google Drive, en Zoom, en sitios web, por teléfono (llamada telefónica), por correo postal, o en diferentes deambulaciones en los espacios públicos (callejuelas, parques, balcones), en el espacio sonoro (podcast, radio).

El Consejo Nacional de Artes Montreal sacó una convocatoria para apoyar proyectos artísticos (perfomances espontáneos, es interesante la relación que esta convocatoria abría a la espontaneidad de la obra) que acontecieran en los espacios abiertos privados durante el verano y el otoño. Este tipo de ayuda, y la voluntad y la acción de muchos artistas que habían empezado ya a tener iniciativas como estas incluso antes de que este fondo saliera, permitió tener una movida artística más descentralizada de los circuitos de programación habituales, y más conectada con espectadores en los barrios o de manera online que habitualmente no van al teatro. Tengo la impresión de que para los grandes festivales o estéticas o producciones del espectáculo en la ciudad la cuarentena ha sido un desastre (económico), pero que para prácticas más precarias, organismos o instituciones más pequeñas ha habido, en medio de los tristes duelos profesionales para hacer, una posibilidad de reinvención mayor. Por otro lado, a diferencia de todas las iniciativas de los artistas y de los apoyos de algunas instituciones, algo que ha sido particularmente doloroso es haber visto los teatros cerrados. Completamente vacíos una vez que se ha desarticulado la maquinaria productiva de obras y programaciones y sin la capacidad de explorar (como ha pasado en otros contextos) una relación con las comunidades en las que se encuentran físicamente instalados.  

Si en tu país se retomaron ya las funciones de teatro, ¿te ha parecido que se hizo pronto o que se hizo en el tiempo adecuado? Asimismo, ¿cómo se aplicó esa transición, cómo lo tomó el público, ha cambiado el ritual que en si es ya la escena? 

Eugene: Yo creo que se ha hecho al momento adecuado. Tengo la impresión que el público sigue teniendo mucho cuidado y no vuelve a los teatros en masa. Lo que hay que tener en cuenta también que en el verano (entre 1 de julio y 1 de septiembre) cerraron muchos teatros por vacaciones. Eso es la temporada de festivales y todos han sido cancelados. Normalmente atraen miles y miles de espectadores, sobre todo jóvenes. Hay algunas funciones con poco público y en esos el ritual se ha convertido en algo mucho más intimo o se ha desplazado a espacios privados (vea, por ejemplo: https://samenuitthuis.nl/)

Sofía: Hace pocos días se aprobó un protocolo para que los teatros filmen obras sin público y hagan streaming. Todavía no está en práctica así que no puedo comentar mucho al respecto. Realmente va todo muy lento en este sentido porque aún hay muchísimos contagios.

Borja: En España algunos teatros y festivales retomaron su programación ya en los últimos días de junio, iniciada la desescalada. Participé en el festival GREC de Barcelona la primera semana de julio y puedo decir que la organización fue impecable, se implementaron con muy poco margen nuevos protocolos de seguridad para público, equipos técnicos y artistas y se hizo un esfuerzo importante para comunicar todo esto y compartir los tiempos y espacios de trabajo con un clima de comprensión y solidaridad. Todo el sector se había sentido muy amenazado por las implicaciones de la crisis sanitaria y sabíamos que íbamos a tener el foco de la opinión pública muy pendiente de lo que pasaba con la reapertura de los espectáculos. Era muy importante que todo saliese bien para dar un mensaje de que se puede volver al teatro en estos tiempos, y el resultado fue el mejor que podíamos esperar. Desgraciadamente el ritmo de los contagios ha vuelto a acelerarse en España a finales de agosto, pero lo cierto es que no he tenido noticia de ningún rebrote que haya surgido a consecuencia de la celebración de un espectáculo público. Entonces creo que estamos asentando la idea de que el teatro puede coexistir con la pandemia, aunque lamentablemente lo que parece la herramienta básica de seguridad, la reducción de aforo, no va a ser algo que todos los formatos de teatro se puedan permitir. Nuestra primera presentación ante el público del festival GREC fue en el Teatro Lliure, el más emblemático de la ciudad de Barcelona, después de 4 meses cerrado. El aforo estaba reducido al 30%, por lo que era difícil sentir la energía de los espectadores durante el espectáculo. Al terminar se encendió uno de los aplausos más emocionantes que he vivido. Más allá del reconocimiento de la obra en sí, creo que fue un momento de comunión entre todos los que amamos las artes vivas, de reconocernos por fin en torno a un escenario. Un momento catártico después de tanto miedo y aislamiento, bellísimo.

Juan: No sé muy bien si se hizo pronto o no. En parte de Europa se han cancelado muchos festivales y mucho teatros no han abierto todavía. Los que han abierto tienen complicado reprogramar y continuar con el programa previsto para la temporada 20-21. Al no saber y haber tantas opiniones encontradas es difícil opinar. En Berlín se empezó en agosto con muchas medidas de seguridad y aquí no ha habido casi muertes (226) y muy pocos contagios (10.500), ¡imagínate en Madrid donde ha habido miles de muertos y miles de contagiados! Muy complicado todo. Eso hace que todo vaya más lento y sea más torpe. El público ha estado esperando a saber qué pasaba. En una crisis con tantos muertos no te atreves a tomar decisiones a lo loco. Ha habido mucho miedo y confinarse por meses ha generado psicosis, aunque ahora que se han abierto algunos teatros ha habido público y se han llenado los teatros en su nueva capacidad, la gente está con ganas de volver pero con cautela. Los rituales escénicos no han cambiado de momento. Es un poco como de ciencia ficción el protocolo de seguridad, como ir a un aeropuerto y ver que no hay casi nadie y el protocolo te deshumaniza mucho.

Laura: No fue justa la incoherencia de cerrar los teatros y los cines diciendo que no eran seguros, cuando se dejaba a las personas ir a restaurantes y bares. La transición y los rituales han cambiado en el sentido que hay butacas vacías para mantener la distancia e incluso en algunos espectáculos/teatros se ha programado la hora de entrada para tener horas distintas de acceso y no crear colas. Asimismo, en algunos casos, se nombran las filas para ir saliendo del teatro una vez finalizado el espectáculo.

Luisa: Aún no se ha regresado a la actividad presencial, en general todos los espacios y organizaciones culturales estamos trabajando en la instalación de protocolos y adecuación de nuestros espacios y prácticas y pensando en un futuro híbrido, donde convergerán lo digital y lo presencial.

Santi: Evidentemente se ha retomado con muchas ganas, tarde y con excesivas medidas de seguridad. Por suerte, el ritual escénico es lo que se ha mantenido más vivo, a pesar de las restricciones que se hayan aplicado.

Sandra: Creo que el contenido de las presentaciones que se están realizando ahora no difiere mucho del anterior, pero es principalmente la orientación del público la que ha cambiado mucho. Hay más reglas, todavía hay distancia entre las personas, hay un plan de circulación, la gente tiene que usar cubrebocas y caretas… todo crea una atmósfera diferente. La gente realmente está tratando de respetar todas esas reglas (ponerse la mascarilla) y tratar de mantener una actitud positiva. Por otro lado, hay muchas personas que tienen miedo, que ya no se atreven a venir al teatro, que necesita que le digan que está bien, es seguro venir.

Zhiyong: He visto dos representaciones teatrales desde el 5 de septiembre. Uno es el remontaje de un espectáculo antiguo y el otro es una nueva producción. Como sé, hay muchas nuevas producciones en ensayo sobre el tema de la muy llamada “Experiencia exitosa de China en la lucha contra la pandemia”, que por supuesto están patrocinadas por el gobierno. También hay algunos artistas y compañías independientes que quieren retomar sus creaciones y por supuesto tendrán aún más retos que afrontar.

Yohayna: Bueno, acá los teatros y sus programaciones fueron uno de los primeros lugares en cerrar y uno de los últimos en abrir. Y eso por supuesto ha creado enormes debates sobre todo en función de lo que el gobierno considera esencial o no (¿para el cuidado de la vida?, ¿de la economía?). Ahora mismo estamos en un periodo que, luego de abrir las salas, volvieron a cerrarlas nuevamente por 28 días. Y de nuevo regresa una polémica porque cierran los teatros, los cines, los bares y los restaurantes, pero están abiertas las tiendas, las peluquerías, los salones de depilación, por ejemplo. Desde mi pronta llegada a este contexto, desde mi choque de vivirlo en otra lengua y desde mi aún escasa comprensión de la relación entre lo público y lo privado en el sector de la cultura (pues vengo de un contexto donde todos los teatros y el sistema escénico es público), siento que necesito tiempo para contestar con mayor claridad esta pregunta. No obstante, apuntaría algunos hechos tangenciales a la misma. Primero, cuando los teatros cerraron y cuando los nuevos eventos (como el Festival de La Serre anteriormente comentado) empezaron a mutar, una de las mutaciones que me interesó mucho fue la del billete o la billetería solidaria. Este aspecto me sorprendió positivamente desde los públicos (el no reclamar la devolución del dinero de los billetes que se habían comprado con anterioridad y que las funciones fueron canceladas por la pandemia) y desde algunas instituciones que cuando los teatros reabrieron tenían una billetería solidaria (más bajos precios). O por ejemplo, la Serre, en su festival, la billetería solidaria consistía en billetes a precio 0, 25 o 50 CAD para ver toda la programación (pero considerando el pago de 25 o 50 como una donación, se podía ser el festival gratuitamente si alguien así lo necesitaba). Cuando los teatros reabrieron (también los cines), lo hicieron con enormes medidas de seguridad (personalmente siento que cambian muchos los protocolos y los rituales de ir al teatro) y a mitad de su capacidad (con muchas butacas vacías para permitir la distanciación). Personalmente no pude ver ninguna obra en el teatro (sí en el cine) en estas nuevas condiciones porque todos los billetes se vendieron a la velocidad de la luz (como hay poca capacidad las entradas se agotan) y solo he podido comprar un billete, en septiembre, ¡para noviembre! Creo que había ahí un público deseando retornar a las salas (¿o no sé si será el mismo público del medio escénico que agota la capacidad de las salas?). También, como otro hecho tangencial, en medio de la cuarenta, cuando los teatros estaban cerrados, circuló una carta firmada por muchos artistas de las artes vivas y del espectáculo, exigiendo la apertura de los teatros. Esa carta la leí y no la firmé, no porque no entienda la urgencia y la importancia de la actividad artística y cultural en tiempos pandémicos, sino porque no me interesó la manera conservadora en la que se pensaba esa urgencia ni las ideas de las prácticas vivas que se compartía en ella. ¡Que abran los teatros, de acuerdo! ¿Pero que abran para qué, para quiénes, por qué y cómo? No sé, creo que hay mucho mainstream a interrogar y ojalá que la pandemia al menos nos deje unas cuántas preguntas al respecto.  

¿Me podrías relatar o describir brevemente alguna experiencia o imagen de los protocolos de sanidad aplicados al teatro o a las actividades artísticas en los últimos meses?

Eugene: Personalmente no he ido a ninguna función presencial en un teatro. Me quedo en casa y tengo cuidado con los contactos con otras personas, incluso con mis hijos. Cada dos semanas tengo un ensayo en mi jardín con un grupo de 4 músicos. Sé que en los teatros te toman tus datos personales antes de entrar, desinfectas tus manos y te sientan con dos sillas libres entre tú y tu vecino, también delante y detrás de ti. En unas salas te obligan usar máscaras, pero no en todos. Ahora hay una discusión en el Parlamento de cómo seguir con este protocolo.

Sofía: Recién el mes que viene se va a comenzar a trabajar en los teatros. El protocolo parece ser muy estricto: no puede haber público, no pueden interacturar todas las áreas, los actores no pueden tener contacto a menos que sean convivientes.

Borja: Los protocolos son básicamente los que estamos viendo en todos los ámbitos de nuestro día a día: toma de temperatura al entrar al teatro, distancia, mascarillas, desinfección de manos y objetos tras el trabajo… Pero esto no es evidente de aplicar al trabajo artístico en sí. Tengo amigos en Italia que han estrenado un espectáculo tras el confinamiento y han tenido que respetar la condición del distanciamiento social en su puesta en escena, era un condicionante del teatro que les producía la obra. Entonces te encuentras dirigiendo una obra en la que los actores tienen que estar en todo momento a 1.5 metros unos de otros… En nuestro caso la obra ya estaba estrenada y no tuvimos que adaptar casi la puesta en escena. Se nos recomendó que todos los actores nos hiciésemos un test antes de viajar, que nos pusiésemos de nuevo la mascarilla entre cajas cada vez que saliésemos de escena… Lo cierto es que es difícil hacer un protocolo estricto que conviva con la escena, en el fondo lo más importante es la responsabilidad individual de todos los que vamos a trabajar dentro del grupo para cuidarnos antes y durante el período de trabajo. Bromeábamos diciendo que estábamos volviendo a ese concepto tan ancestral de cuerpos sacrificiales como esencia de la escena

Juan: Solo te puedo decir que yo he estado en algunos teatros y no había gente a tu lado, se dejaban dos asientos libres entre persona y persona y se dejaban dos asientos contiguos para parejas. Lavarse las manos a la entrada y a la salida, rellenar formulario con tus datos personales. Para mí lo más emocionante fue el primer evento en el que estuve en Berlín en pleno confinamiento, aunque aquí no era obligado pero sí responsable: fue un concierto desde las ventanas de un edificio. El público al otro lado del río tirados en la hierba, ahí tu decidías tu protocolo. Pero este gesto de artistas músicos independientes fue realmente emocionante, esperanzador, supongo que esperanzador de que no nos quedaremos quietos aunque el futuro parece terrorífico, ya lo era pero ahora más.

Laura: El aforo de los cines/teatros es del 50%, el público tiene que ir con mascarilla y ver el espectáculos/película con mascarilla, ponerse gel en las manos al entrar al espacio; y también tiene que dejar una butaca vacía cómo mínimo a sus lados y delante y detrás. 

Luisa: Desde los organismos públicos los protocolos han sido más bien vagos, y cada organización debe ajustarlos a sus necesidades y cada actividad en específico. Por otro lado, la implementación de esos protocolos tampoco está clara en cuanto a financiamiento. Para muchas salas, abrir con un 25% de capacidad e implementar estos protocolos no será viable.

Santi: Se ha reducido a un tercio los aforos, con separación de dos butacas entre espectador y espectador. Entradas y salidas escalonadas. Permanecer con la mascarilla durante toda la función y aplicación de gel hidroalcohólico a la entrada y a la salida del recinto.

Sandra: En primer lugar, está la reducción del público: hoy para las presentaciones al aire libre se permiten 400 personas, y para salas está restringido a 200. Las personas se colocan en ‘burbujas’: cuando vienes con tu familia de máximo cinco personas, pueden sentarse juntos alrededor de una mesa y debe haber una distancia de al menos 1.5 metros entre las  diferentes mesas/burbujas. No está permitido deambular, debes permanecer sentado, o si no hay asientos, las burbujas deben estar unidas alrededor de una mesa de cóctel. Tienes que usar cubrebocas todo el tiempo. Los boletos deben reservarse con anticipación y debes dejar tu número de teléfono en caso de que lo necesiten para “rastreo de contactos”; en caso de que alguien de la audiencia parezca infectado con Covid19, pueden advertirte.

Zhiyong: En realidad, los teatros y cines reabrieron sus puertas hace dos semanas en Beijing. Y el gobierno estableció que la tasa de asistencia al teatro y al cine no puede superar el 50%. Eso significa que el teatro perderá al menos la mitad de la taquilla. Anoche fui a ver una obra de teatro danza. El lugar está ubicado en el distrito de las universidades y la asistencia es de aproximadamente el 35%. Puedes considerar que a los universitarios les encanta ir al teatro. Pero el caso es que actualmente a los universitarios no se les permite salir del campus por lo que los eventos culturales pierden temporalmente un grupo de su público objetivo. Así que puedes imaginar que la situación para los artistas sigue siendo difícil, incluso si hemos hecho un buen trabajo al lidiar con el virus.

Yohayna: Por ejemplo, para mí uno de los momentos más duros ha sido retornar a un salón de ensayos con estos protocolos. También ir al cine o a una exposición. Una de las creadoras con las que trabajo ahora como dramaturgista es una coreógrafa mexicana, Sonia Olivia. Juntas y con otras mujeres del equipo nos tocó hacer una residencia de creación con los protocolos de sanidad. Quiero decir que disfrutamos mucho la posibilidad del encuentro más allá de los protocolos porque los meses anteriores estuvimos completamente detenidas ante la imposibilidad de trabajar una pieza coreográfica sin la posibilidad de poner los cuerpos. Pero tengo que confesar que para mí todo esto tiene como una zona de ciencia ficción. Entrar al estudio, desinfectarse las manos en la puerta, llenar una encuesta sobre tu estado de salud en la última semana, volver a desinfectarte las manos antes de entrar al tabloncillo, mantener la distancia con las personas, llevar todo el tiempo la máscara, respirar con la máscara, hablar enmascarados. Las imágenes y las sensaciones son muchas. El otro día en una galería una artista nos hacía un recorrido por sus piezas. Y mientras ella explicaba su obra, su investigación, yo sentía la respiración profunda, como si se estuviera ahogando, de otra persona que la escuchaba. Su respiración me hizo mirarla, estaba embarazada. Y 15 minutos después se disculpó, interrumpió la explicación y pidió salir porque no se sentía bien, le faltaba el aire. Ahí le dijimos, espera, siéntate unos minutos, le buscamos una silla, nos alejamos todos de ella para que pudiera quitarse la máscara con seguridad (irrespetando el protocolo y tomar agua) y respirar antes de partir.

[Continúa en: https://telecapitarevista.org/2020/10/25/volver-a-escena-visiones-internacionales-sobre-teatro-y-confinamiento-parte-ii-iii/]

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Eugene van Erven (Utrecht, Países Bajos), director artístico del Festival Internacional de Artes Comunitarias – ICAF (International Community Arts Festival, www.icafrotterdam.com)

Sofía Medici (Buenos Aires, Argentina), directora, performer, dramaturgista, docente y productora de artes performáticas. https://www.sofiamedici.com/bio

Borja López (Barcelona, España / París, Francia), creador escénico, ayudante de dirección y producción compañía Atra Bilis (España) http://www.angelicaliddell.es/

Juan Domínguez (Madrid, España / Belín, Alemania), intérprete, coreógrafo y creador multidisciplinar formado en danza. http://juandominguezrojo.com

Laura Blanch (Barcelona, España), actriz y productora de escena.

Luisa Tupper (Santiago, Chile), Coordinadora Área Circulación Internacional Fundación Teatro a Mil. https://www.fundacionteatroamil.cl/

Santi Rovira (Barcelona, España), actor y co-creador de la compañía Kamchátka. http://kamchatka.cat/es/portada/

Sandra Diris (Bruselas, Bélgica), productora y represetante de comunicación de la compañía Faso Danse Theatre. https://www.fasodansetheatre.com/

Zhao Zhiyong (Beijing, China), profesor en la Central Academy of Drama, en Beijing, China, director y dramaturgista de teatro comunitario.

Yohayna Hernández (La Habana, Cuba / Montreal, Canadá), dramaturga, gestora cultural y teatróloga cubana.


Returning to the stage? international views about theater and confinement | Part (I / III)

The confinement due to the Covid-19 pandemic it is in the arts of presence where the very foundation of expectant corporality has suffered a sharp shake and has had to undergo an unprecedented impasse that even forces them to rethink especially with the continuous lengthening of the confinement whose end is not seen in the short term, at least in countries like Mexico where a good part of its citizens are population risk. To avoid falling into endogenous reflection, in this series of three articles we address some of the concerns associated with this phenomenon in the voice of scene creators from different latitudes.

By: Alejandro Flores Valencia

How have the institutions and the scenic creators managed the context of “New Normal” in the city or country where you reside?

Eugene van Erven: The pandemic has coincided with the results of applications for structural grants (for the next 4 years). The large institutions (the Concertgebouw, the Rijksmuseum, etc.) have been protected. Institutions such as theater companies in the regions furthest from the capital have lost subsidies. At the level of individual artists you suffer a lot. For 3 or 4 months the theaters have been closed and actors and directors have lost their income. Since June 1, theaters have reopened, but at a maximum of 30% of their capacity, which is not economically viable. The government has promised an incidental support of 300 million Euros for the cultural sector but most of this support does not reach independent artists, the artistic avant-garde. For many in the alternative zone, the future looks problematic, although here above all there are many original initiatives.

Sofía Medici: In Buenos Aries there is still no new normal. We are still in almost total quarantine stage.

Borja López: Economically, the governments have promoted an exceptional improvement in the conditions of unemployment benefits for artists both in France and in Spain, with the aim of giving oxygen to this group after the avalanche of cancellations of tours, premieres… France it has a much more robust aid structure and in this sense the measures adopted there are always more solid. In Spain, the situation is more precarious and I am pessimistic about the possibilities of continuing to stimulate the sector from the public sphere once the effects of the economic crisis we are entering are felt. I have not yet been able to exchange much with these groups, but I think that the situation of theatrical companies, companies and private theaters and small theaters can be very delicate as of autumn. Organizationally, the pandemic has paralyzed theater programming for the second half of the theater season here in Europe, just as we have seen the cancellation of the vast majority of the great summer theater festivals such as Avignon. In this sense, the majority of large public theaters have suspended the remainder of the season and have focused on reorganizing the 20/21 season, I suppose with a significant degree of uncertainty. We have also seen how these theaters have worked to improve their expanded content on the Internet, first by presenting an online program of old shows recorded on video that were offered free to Internet users during confinement, and then by programming new shows adapted to broadcast live through platforms like Zoom. In Spain some large theaters and festivals have reopened their rooms since mid-June with new security protocols to deal with the health situation, the first measure being the reduction of capacity. For now, these initiatives have allowed us artists to feel that we have something for the immediate future. But it remains to be seen how the sector will survive within the evolution of pandemic. The reduction of capacity is something that I think only large public theaters can allow, which have a lost fund investment, I believe that these are conditions in which private theater and small off theaters will not be able to subsist. The creators are doing what they can between creating new projects or adapting old projects for this extended programming of content on the network and trying to have canceled dates reprogrammed, adapting to the new security protocols.

Juan Domínguez: Not long ago after confinement some theaters with security protocols began to open. distance and masks + hand disinfection at the entrance and collection of personal data. Then the theaters if they have 2 performances disinfect the room before starting the next show. There is a safety distance that varies according to the work of up to 6 meters between the audience and the actors or dancers. The capacity of the stand has been reduced between 30 and 50%. Whether the air circulation is good or it is about presenting outdoors, it varies according to the city and the presentation spaces. I can talk about Madrid and Berlin, which is where I usually work. Normality for the independent artist does not exist yet. Apart from the ruin in which we are all, it is not known what will be possible next year or not. There is no plan at the moment to work differently. There are solutions to show inside a theater with security protocol but there is not really a clear plan since the pandemic is not controlled and it seems that it will take time to control. So the uncertainty for all of us who live from month to month is immense. In Berlin, there is a fairly large aid plan for culture that can help to temporarily solve the crisis, in Madrid there is none yet concrete for culture and for independent artists even less. The economies of the two cities are different. Berlin is stronger and may last longer without its economy suffering like the Spanish one. Hence, bigger challenges can be faced. But for now Spain, although it is reacting, does not seem that culture, art and independent artists are on its agenda of priorities. There has also been a big difference in how the pandemic has been managed at the state level. In Germany, Merkel has not instilled any fear in the population, probably because she felt supported by public health, in which a lot of money has been invested and is much more prepared than the Spanish one, although a priori they seemed the same, where there were plenty of beds and respirators and masks. In Spain, the reality that in the end could not be hidden any more has been hidden, and that is that hospitals were not prepared for an outbreak like this. I think this lack has not allowed the government to be transparent enough. And it has generated instability and chaos during the peak of the horrible pandemic. If the shortcomings and mistakes were accepted, we would move faster and in what matters most. In Spain it has not been a question of which government was in power. I think the same would have happened with another government or the same worse. We will never know and it is my opinion. But it is clear that in Germany there are different factors that have helped not to fall into a crisis like the Spanish one for now. One of them is investment in science and medicine. And health coverage for everyone making care in times of crisis easier. In any case, Berlin is an exceptional case. It is from the German cities with the least contagion. We will see now that the kids have already taken up classes. There are many things to solve around the world, each site with its specificities.

Laura Blanch: The theater scene here is not divided between institutions and scenic creators. When I say here, I’m talking about Cataluña and Barcelona mainly. There are public theaters (TNC, Mercat de les Flors), theaters managed by foundations but which receive a very high percentage of public aid (Teatre Lliure, Sala Beckett) and there are small and independent rooms. Then there are the workers of these theaters. There are regular workers contracted but there are also many (such as technicians) who, although they always work in the same space, do not have a contract and are freelancers (they are called ‘freelancers’ in Spain). As for the scenic creators, there are also many who work without a contract. It is a precarious sector and very vulnerable to the Covid-19 crisis. There were different stages. Initially, at the beginning of the pandemic, the Spanish Government decreed the ‘state of alarm’ and with that everything was closed and we stayed at home closed for 2 months. During the state of alarm, the aid that was published did not take into account the nature of the cultural sector (where the majority do not charge a fixed monthly money and where many work without a contract). The cultural sector complained and the Minister of Culture said: “as Orson Welles said: first life, then cinema.” Even so, after we complained, it was regulated differently and many people received help from the government. Financial aid of about 650-700 euros / month, until the end of the state of alarm. Once distrust began, the state of alarm ended and the phases for the return to “normality” began. Then the protocols for the theaters and for company rehearsals were decreed. Theaters: 30% of the capacity + disinfectant liquid when entering and leaving + maintaining a safety distance between person and person. Rehearsals: a) Spending 15 days together confined and rehearsing in the same place without going home to sleep. b) Rehearse a maximum of 10 people, without physical contact and with a mask. Once the theaters, cinemas, etc. had already opened; in Cataluñaa, the Covid cases rose and the phase had to go backwards, with which the government “recommended” closing the theaters and cinemas as a source of contagion; although the bars and the terraces and restaurants were still open. This generated malaise in the cultural sector and uncertainty in relation to the different summer festivals. They were recommendations because without the decreed state of alarm, the government cannot impose anything because it is a violation of rights. The GREC Festival in Barcelona was postponed but finally decided to do it, something that gave a bit of air to the artists scheduled by the fact that it was not canceled; just as it has happened in many European festivals.

Luisa Tupper: For the cultural sector in Chile it has been very difficult to face this pandemic and the precariousness of creators, organizations and cultural agents has been further revealed. We were the first sector to close and we will be one of the last to reopen. However, there is also a need to continue looking for spaces for reflection, creation and connection with the public, new very interesting formats have emerged, there is experimentation, we ourselves from the Teatro a Mil Foundation developed a whole cycle that we had thought in person and we took it online with new proposals. We have also seen very strongly the strength of associativity, with the emergence and strengthening of collaboration networks, because there is a certainty that we have to get out of this more together than ever.

Santi Rovira: It has been a very complicated process, where there have been many contradictions, such as that the theaters have had to reduce capacity by up to 30% and even suspend shows, while the terraces of the bars adjacent to the theater were 100% operational. In general, institutions have not prioritized culture as an essential asset.

Sandra Diris: From the start of the pandemic in Belgium, let’s say it was around 15 March, everybody immediately had to stop what they were doing, also the whole cultural sector. Theatres were forced to stop all activities, inside and outside the venue. Most of us stayed home. After about 2 months we could slowly return to work. It was possible to rehearse, but without public and actors should keep a distance. Then theatres and public venues could reopen for public with a maximum of 100 people inside and 200 people outside. This was good news for the scenic creator who could perform again for public but not so good for the big theatres: if they were only allowed to have 100 people in a room of 800, they would make a lot of loss. So now the exercise was to find a balance in between the fee of the artists and the revenue from ticket sales. So many artists were asked to lower their fee. Besides that, most theatres and small outdoor festivals had to make a large investment to make their venue “corona-proof”: extra security, circulation plan, disinfection alcohol etc. Some (big) theatres decided to stay closed till better times. Meanwhile, a movement of the cultural sector began to put pressure on our government to loosen the rules for the theatres and events. As a result from September on we are allowed to have 200 people inside and 400 people outside. Which is still little.. The big venues are still closed.

Zhao Zhiyong: I am not sure that I know exactly what the new normality mean. I guess it is related to quarantine and social distance, etc after the pandemic. If it is the case I have to say that here in China the creators and artists can hardly do anything because the government is so powerful and the space in the civil society is very narrow. During the pandemic a few artists will survive by serving the political propaganda and the rest, let’s say the majority of them, can only wait for the re-open of the theatre, cinema, gallery, and music hall. On September the government allowed the theatre and cinema to re-open but set the maximum attendance to 50%. We are hoping that the situation will turn better in the coming weeks.

Yohayna Hernández: I am living in Montreal (Quebec, Canada). I have been in this city for a year and six months, therefore, I still do not know in depth the institutional, cultural and artistic context. My answers will be closer to my particular experience than to a panoramic analysis. Personally, I have struggled a lot with this extremely dangerous concept of “the new normal” that has been used in different countries. That “return to the new normal” I feel that it does not question the problems and complicities that normality or “the old normality” that we lived in has with the current pandemic times. I feel closer to the call made by the Bolivian feminist activist María Galindo to “inhabit abnormality”, when she says that “normality” (and not just the virus) is the problem. And I also feel very close to the reflection proposed by the philosopher Bruno Latour on the gestures of barriers to thinking and activating, in pandemic times, to prevent the recovery of that normality that we lived through. Here, the forties and the pandemic have revealed the economic precariousness of the scenic creators. Many had to join the federal government’s emergency benefit program (PCU). Generally, stage creators live off a sum of small contracts (presentations, national and international tours, teaching, scholarships) and with the closure of theaters, cultural institutions and the impossibility of mobility, their economies were deeply affected and they had to ask for these grants. From the institutions there has been a range of possibilities. Initially an immense job of rethinking and reprogramming all the previously designed work (perhaps these times of immense anticipation and acceleration in the planning of artistic and cultural activity is an aspect to question). Many institutions also had to design which areas of institutional work could continue from “telework” and which could not. For example, in the institution where I worked as a playwright, just when the quarantine began, we organized a festival of living arts that that organization, La Serre, does on an annual basis. In the middle of the forties, with the theaters closed and the sanitary measures that were taken, it was impossible to think and carry out the festival that we had conceived. There we began a process of dialogues with the artists (many, for financial reasons, had to resign from the Festival’s programming and their payment to be able to sue the PCU). From these dialogues, with the artists who could continue in the program, the possibility of thinking about how to install a gesture of their works from new formats (online or in the distance or in their neighborhoods respecting sanitary measures) was opened. In this way, La Serre did not cancel the Festival, but rather imagined a “déconfiné” version. The works instead of taking place in theaters happened on Google Drive, in Zoom, on websites, by phone (phone call), by post, or in different wanderings in public spaces (alleys, parks, balconies), in the sound space (podcast, radio). The Montreal National Arts Council issued a call to support artistic projects (spontaneous performances, the relationship that this call opened to the spontaneity of the work is interesting) that took place in private open spaces during the summer and fall. This type of help, and the will and action of many artists who had already begun to have initiatives like these even before this fund came out, allowed for a more decentralized artistic movement than the usual programming circuits, and more connected with viewers in neighborhoods or online that don’t usually go to the theater. I have the impression that for the big festivals or aesthetics or productions of the spectacle in the city the quarantine has been an (economic) disaster, but that for more precarious practices, smaller organizations or institutions there have been, in the middle of the sad professional duels to do, a greater possibility of reinvention. On the other hand, unlike all the initiatives of the artists and the support of some institutions, something that has been particularly painful is having seen the theaters closed. Completely empty once the production machinery for works and schedules has been dismantled and without the ability to explore (as has happened in other contexts) a relationship with the communities in which they are physically installed.

If theater performances were already resumed in your country, did you think that it was done early or that it was done at the right time? Likewise, how was this transition applied, how did the public take it, has the ritual that is already the scene changed?

Eugene: I think it was done at the right time. I have the impression that the public is still very careful and does not return to the theaters en masse. What must also be taken into account that in the summer (between July 1 and September 1) many theaters closed for holidays. That’s festival season and they have all been canceled. They normally attract thousands and thousands of viewers, especially young people. There are some functions with little public and in those the ritual has become something much more intimate or has shifted to private spaces (see, for example: https://samenuitthuis.nl/)

Sofía: A few days ago a protocol was approved for theaters to film plays without an audience and stream them. It’s not in practice yet so I can’t comment much on it. Everything is really going very slow in this sense because there are still many infections.

Borja: In Spain, some theaters and festivals resumed their programming already in the last days of June, when the de-escalation began. I participated in the GREC festival in Barcelona the first week of July and I can say that the organization was impeccable, new security protocols for the public, technical teams and artists were implemented with very little margin and a significant effort was made to communicate all this and share times and work spaces with a climate of understanding and solidarity. The entire sector had felt very threatened by the implications of the health crisis and we knew that we were going to have the focus of public opinion very aware of what was happening with the reopening of the shows. It was very important that everything went well to give a message that you can go back to the theater in these times, and the result was the best we could hope for. Unfortunately the rate of infections has accelerated again in Spain at the end of August, but the truth is that I have not heard of any outbreak that has arisen as a result of the celebration of a public show. So I think we are establishing the idea that the theater can coexist with the pandemic, although unfortunately what seems to be the basic security tool, the reduction of capacity, is not going to be something that all theater formats can afford. Our first presentation to the public of the GREC festival was at the Lliure Theater, the most emblematic of the city of Barcelona, ​​after 4 months closed. The capacity was reduced to 30%, so it was difficult to feel the energy of the spectators during the show. At the end there was one of the most moving applause I have ever experienced. Beyond the recognition of the work itself, I think it was a moment of communion between all of us who love the living arts, of finally recognizing each other around a stage. A cathartic moment after so much fear and isolation, beautiful.

Juan: I don’t know very well if it was done soon or not. In parts of Europe many festivals have been canceled and many theaters have not yet opened. Those who have opened have a difficult time rescheduling and continuing with the program planned for the 20-21 season. Not knowing and having so many conflicting opinions, it is difficult to give an opinion. In Berlin, many security measures began in August and here there have been almost no deaths (226) and very few infections (10,500), imagine in Madrid where there have been thousands of deaths and thousands of infected! Very complicated everything. That makes everything slower and clumsier. The public has been waiting to know what happened. In a crisis with so many deaths, you don’t dare to make crazy decisions. There has been a lot of fear and confinement for months has generated psychosis, although now that some theaters have opened there has been an audience and the theaters have filled in their new capacity, people are eager to return but with caution. The stage rituals have not changed at the moment. The security protocol is a bit like science fiction, like going to an airport and seeing that there is hardly anyone and the protocol dehumanizes you a lot.

Laura: The incoherence of closing theaters and cinemas saying they were not safe was not fair, when people were allowed to go to restaurants and bars. The transition and the rituals have changed in the sense that there are empty seats to keep the distance and even in some shows / theaters the entry time has been programmed to have different access hours and not create queues. Also, in some cases, the lines are named to leave the theater once the show is over.

Luisa: We have not yet returned to face-to-face activity, in general all cultural spaces and organizations are working on the installation of protocols and adaptation of our spaces and practices and thinking about a hybrid future, where the digital and the face-to-face will converge.

Santi: Obviously it has been resumed with great enthusiasm, late and with excessive security measures. Fortunately, the scenic ritual is what has remained most alive, despite the restrictions that have been applied.

Sandra: I think the content of the performances that are now being made does not differ so much from before but it’s it’s mainly the public guidance who has changed a lot.

There are more rules, there’s still the distance between people, there’s a circulation plan, people have to wear masks.. it all creates a different atmosphere. People are really trying to respect all of those rules (putting the mouth mask on,..) and try to stay positive On the other hand there are a lot of people who are afraid, who don’t dare to come to the theatre anymore, who need be told it’s ok, it’s safe to come.

Zhiyong: I have watched two theatre performances since September 5th. One is the revival of an old show and the other is a new production. As I know there are a lot of new productions in rehearsal on the theme of the so called ‘China’s successful experience of anti-pandemic’, which are of course sponsored by the government. There are also some independent artists and companies who want to resume their creation and of course they will have even more challenges to face.

Yohayna: Well, here the theaters and their programming were one of the first places to close and one of the last to open. And that of course has created huge debates especially in terms of what the government considers essential or not (for the care of life? The economy?). Right now we are in a period that, after opening the rooms, they closed them again for 28 days. And again a controversy returns because theaters, cinemas, bars and restaurants are closed, but shops, hairdressers, hair removal salons, for example, are open. Since my early arrival in this context, from my shock to live it in another language and from my still little understanding of the relationship between public and private in the cultural sector (since I come from a context where all theaters and the system stage is public), I feel like I need time to answer this question more clearly. However, I would point out some facts tangential to it. First, when the theaters closed and when new events (such as the La Serre Festival mentioned above) began to mutate, one of the mutations that interested me a lot was that of the ticket or the solidarity ticket. This aspect surprised me positively from the public (not claiming the return of the money of the tickets that had been bought previously and that the functions were canceled due to the pandemic) and from some institutions that when the theaters reopened they had a solidarity ticket (more low prices). Or for example, in La Serre, at its festival, the solidarity ticket consisted of tickets at a price of 0, 25 or 50 CAD to see all the programming (but considering the payment of 25 or 50 as a donation, you could be the festival for free if someone like that needed it). When the theaters reopened (also the cinemas), they did so with enormous security measures (personally I feel that the protocols and rituals of going to the theater change many) and at half capacity (with many empty seats to allow distance). Personally, I could not see any work in the theater (yes in the cinema) in these new conditions because all the tickets were sold at the speed of light (as there is little capacity, the tickets are sold out) and I have only been able to buy one ticket, in September, for November! I think there was an audience there wanting to return to the theaters (or don’t I know if it will be the same audience from the scenic environment that exhausts the capacity of the rooms?). Also, as another tangential fact, in the middle of the forties, when the theaters were closed, a letter signed by many artists of the living arts and of the spectacle circulated, demanding the opening of the theaters. I read that letter and did not sign it, not because I did not understand the urgency and importance of artistic and cultural activity in pandemic times, but because I was not interested in the conservative way in which that urgency was thought or the ideas of living practices that was shared in it. Let the theaters open, all right! But that they open for what, for whom, why and how? I don’t know, I think there is a lot of mainstream to question and hopefully the pandemic will at least leave us a few questions about it.

Could you tell me or briefly describe any experience or image of the health protocols applied to theater or artistic activities in recent months?

Eugene: Personally, I have not been to any face-to-face function in a theater. I stay home and I am careful with contacts with other people, even my children. Every two weeks I have a rehearsal in my garden with a group of 4 musicians. I know that in theaters they take your personal data before entering, disinfect your hands and sit you with two free chairs between you and your neighbor, also in front and behind you. In some rooms they force you to wear masks, but not in all of them. Now there is a discussion in Parliament on how to continue with this protocol.

Sofia: Only next month will work in theaters begin. The protocol seems to be very strict: there cannot be an audience, not all areas can interact, the actors cannot have contact unless they are living together.

Borja: The protocols are basically what we are seeing in all areas of our day to day: taking the temperature when entering the theater, distance, masks, disinfection of hands and objects after work … But this is not obvious to apply to work artistic itself. I have friends in Italy who have premiered a show after confinement and have had to respect the condition of social distancing in its staging, it was a condition of the theater that produced the play. Then you find yourself directing a play in which the actors have to be at all times 1.5 meters from each other… In our case the play was already released and we hardly had to adapt the staging. It was recommended that all the actors take a test before traveling, that we put on the mask again between boxes every time we left the scene … The truth is that it is difficult to make a strict protocol that coexists with the scene, in the background the most important thing is the individual responsibility of all of us who are going to work within the group to take care of ourselves before and during the work period. We joked that we were returning to that ancestral concept of sacrificial bodies as the essence of the scene …

Juan: I can only tell you that I have been to some theaters and there were no people by your side, two seats were left between person and person and two adjoining seats were left for couples. Wash your hands at the entrance and exit, fill in the form with your personal data. For me the most exciting thing was the first event in which I was in Berlin in full confinement, although here I was not forced but responsible: it was a concert from the windows of a building. The public on the other side of the river lying on the grass, there you decide your protocol. But this gesture by independent musician artists was really exciting, hopeful, I suppose hopeful that we will not stand still, although the future seems terrifying, it already was but now more.

Laura: The capacity of cinemas / theaters is 50%, the public has to wear a mask and watch the show / movie with a mask, put gel on their hands when entering the space; and you also have to leave at least one empty seat to your sides and front and back.

Luisa: From public bodies, the protocols have been rather vague, and each organization must adjust them to its needs and each specific activity. On the other hand, the implementation of these protocols is also unclear in terms of financing. For many rooms, opening with 25% capacity and implementing these protocols will not be feasible.

Santi: The capacity has been reduced to a third, with a separation of two seats between spectator and spectator. Staggered inputs and outputs. Remain with the mask throughout the function and application of hydroalcoholic gel at the entrance and exit of the room.

Sandra: First of all there’s the reduction of the public: today for outside performances 400 people are allowed, inside it’s restricted to 200. People are placed in ‘bubbles’: when you come with your family of 4, you can sit together around one table and there should be a distance of at least 1,5m in between different tables/bubbles. The maximum amount of persons in a bubble is 5. You are not allowed to walk around, you have to stay seated, or if there are no seats, the bubbles must be gathered around a cocktail table. You have to wear a mouth mask all the time. Tickets need to be reserved in advance and you have to leave your phone number in case they need it for “contact tracing”; in case somebody of the audience seems infected with Covid19, they can warn you.

Zhiyong: Actually the theatre and cinema just re-opened two week ago in Beijing. And the government set it that the attendance rate of theatre and cinema can’t be above 50%. That means the theatre will lose at least half of the box office. Last night I went to see a dance theatre. The venue is located in the universities’ district and the attendance is about 35%. You may consider that the university students love theatre-going. But the case is that currently the university students are not allowed to leave the campus thus the cultural events lose a group of their target audience temporary. So you can imagine that the situation for the artists is still tough even we have done good job on dealing with the virus.

Yohayna: For example, for me one of the hardest moments has been returning to a rehearsal room with these protocols. Also go to the cinema or to an exhibition. One of the creators I work with now as a playwright is a Mexican choreographer, Sonia Olivia. Together and with other women on the team, we had to do a creation residency with the health protocols. I want to say that we very much enjoyed the possibility of the meeting beyond the protocols because the previous months we were completely stopped before the impossibility of working a choreographic piece without the possibility of putting the bodies. But I have to confess that for me all this has something like a science fiction zone. Enter the studio, disinfect your hands at the door, fill out a survey on your state of health in the last week, re-disinfect your hands before entering the court, keep your distance from people, wear the mask at all times, breathe with the mask, speak masked. The images and feelings are many. The other day in a gallery an artist gave us a tour of her pieces. And while she explained her work, her research, I felt the deep breath, as if she were drowning, of another person who was listening. Her breathing made me look at her, she was pregnant. And 15 minutes later he apologized, interrupted the explanation and asked to leave because he did not feel well, he was short of breath. There we told her, wait, sit down for a few minutes, we found her a chair, we all moved away from her so that she could safely remove her mask (disrespecting protocol and drink water) and breathe before leaving.

Eugene van Erven (Utrecht, Netherlands), artistic director of the International Community Arts Festival – ICAF (www.icafrotterdam.com)

Sofía Medici (Buenos Aires, Argentina), director, performer, playwright, teacher and producer of performing arts. https://www.sofiamedici.com/bio

Borja López (Barcelona, ​​Spain / Paris, France), stage creator, assistant director and production company Atra Bilis (Spain) http://www.angelicaliddell.es/

Juan Domínguez (Madrid, Spain / Belín, Germany), performer, choreographer and multidisciplinary creator trained in dance. http://juandominguezrojo.com

Laura Blanch (Barcelona, ​​Spain), actress and stage producer.

Luisa Tupper (Santiago, Chile), Coordinator of the International Circulation Area of ​​the Teatro a Mil Foundation. https://www.fundacionteatroamil.cl/

Santi Rovira (Barcelona, ​​Spain), actor and co-creator of the Kamchátka company. http://kamchatka.cat/es/portada/

Sandra Diris (Brussels, Belgium), producer manager of the Faso Danse Theater company. https://www.fasodansetheatre.com/

Zhao Zhiyong (Beijing, China), professor at the Central Academy of Drama, in Beijing, China, director and playwright of community theater.

Yohayna Hernández (Havana, Cuba / Montreal, Canada), playwright, cultural manager and theatrologist.

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