¿Se puede navegar interiormente? Conversación con Fernando Martín Velazco | Podcast TEORÍA Y DISTORSIÓN

A propósito de su texto Al mar como laboratorio. Arte, ciencia y navegaciones en la obra de Santiago Genovés, que Fernando Martín Velazco publicó en este sitio como reseña crítica del libro Santiago Genovés. Obra reunida. Compilación y traducciones Catherine Leguillou (FCE-UNAM: México, 2020), los miembros de Telecápita Cuauhtémoc Camilo, César Cortés Vega y Alejandro Flores Valencia sostuvimos una conversación en torno de los experimentos marítimos y otras derivaciones comunes a toda charla heterogénea. El resultado puede escucharse en dos episodios de nuestro podcast Teoría y distorsión.

Asimismo, compartimos las tres partes del texto de Martín:

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Podcast Teoría y distorsión

“Un navío, la heterotopía por excelencia”. Conversación con Fernando Martín Velazco (Parte 1)

Comenzamos esta deriva común con Martín, quien nos platicó que la posibilidad de experimentar en el mar fue su punto de partida, y en el camino se encontró con la figura de Santiago Genovés, un espíritu de una profundidad artística bastante interesante para él, porque se hizo a la mar para realizar experimentos sobre el comportamiento violento de los humanos. Martín hizo hincapié en que hoy se puede hacer una relectura sobre su obra, así como un análisis desde los espacios heterotópicos.

César Cortés Vega aprvoechó para poner de relieve al oceanógrafo francés Jacques Cousteau además de algunos experimentos de los anti-psiquiatras que intentaron realizar sociedades utópicas entre los enfermos para demostrar los dogmas científicos, o al menos poner en entredicho la ciencia y los dogmas académicos. Aspecto que para Genovés implicó un cuestionamiento de las propias metodologías de estudio sobre la experiencia humana.  Para César, en la película Vida acuática (2004), de Wes Anderson, “los personajes encuentran algo más allá de sus propias expectativas; hay un límite conceptual con el cual parten a la mar y ésta los sorprende, pero ese deseo es suficiente para darle posibilidad a lo que encontrarán y finalmente ocurre la maravilla”. Parten sin rumbo premeditado “porque eso mata la experiencia del presente”.

Sobre las heterotopías, Cuauhtémoc Camilo advierte que son “espacios donde las categorías regulares no valen, y en donde un criterio de unicidad es saboteado por el propio lugar que los hace coexistir”. Y, después, Cuauhtémoc hizo referencia a lo que llamó “la poética de los objetos”, e hizo referencia a un “experimento” particular de  Sterling Hayden, actor de westerns norteamericanos y clásicos como Dr. Strangelove (Stanley Kubrik, 1964), que decide en cierto momento de su vida hacerse al agua, anda por unos canales en Europa, acompañado de muchos objetos,”y él decía que la renuncia a una morada en tierra y a un compendio de experiencias que lo hacían reconocible como una figura púbica, lo habían llevado a la valoración de una serie de objetos que sirven en el agua y no sirven en la tierra”.

Dirá Martín: “a pesar de que la experiencia cotidiana del mar es completamente potente, al final los símbolos y los referentes que lo anclan a las experiencias usuales en tierra suelen ser muy básicos: agua, olas, viento, etc. Pero eso mismo produce cambios en la experiencia que vuelven muy poderoso ese impulso.”

Alejandro Flores Valencia destaca el gesto de hacerse a la mar característico no solo en genovés, sino como parte de un espíritu romántico, y cita el ensayo titulado Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán (Tusquets, 2009) , del filósofo holandés Rüdiger Safranski, que se fija en la figura del filósofo Johan W. Herder, y un acto fundacional que es hacerse a la mar, “trocar el elemento de la vida, lo sólido por lo fluido”.

Sobre su trabajo con ballenas, Martín confiesa que le viene de una noción meramente poética, como intentar regresar a leer en el mar, “y parece que el entorno sí te escucha y reacciona y, de repente, ya no estás tratando con un ambiente objetual sino con uno de interacciones. Es difícil referirlo sin coquetear con los modelos de la locura”.

Cuauhtémoc ataja esa idea y menciona: Esos “modelos de locura o hipótesis disparatadas indican una voluntad de poner a prueba las teorías. Es una distorsión en el campo de lo teórico”.

A lo cual, Martín responde con que en verdad “Genovés quería contrastar los estudios de agresividad y violencia desde bases etológicas, que venían desde la escuela norteamericana con una visión del darwinismo social que hablaban de una disposición natural del ser humano en conjunto hacia la violencia. Él lo quiere hacer en una balsa porque no había posibilidad de que si las cosas se salieran de control se interrumpiría el experimento. El esquema de mando es vital para que una balsa llegue a su destino. Es mejor tener un capitán loco que dos capitanes cuerdos”. Citó el caso de Moby Dick, y que al final de cuentas siempre se necesita un liderazgo.

 “Ser mar pensante”. Conversación con Fernando Martín Velazco (Parte 2)

César comienza retomando lo dicho por Martín con respecto a Moby Dick, y recuerda otra novela de Herman Melville, Billy Budd, marinero (1924), en donde “sucede el caos social dentro de la embarcación y Billy llega a ser una especie de ente santificado por el propio escritor… El asumir de nuevo el mandato y que de alguna manera el rizoma finalmente siempre desea el Estado uno se da cuenta de lo radical que es la vida en términos no normativos. De algún modo, ése es el descubrimiento: la violencia siempre va a ocurrir, va a regresar de modos insospechados. Quizás sea fácil pensar esto en este momento distópico”.

En la conversación se cruzan algunos comentarios sobre  la película The Raft (La barca, Marcus Lindeen, 2018), visiones encontradas sobre lo que fue el experimento Acalli, que para Alejandro la réplica de la balsa utilizada como escenografía o fondo de los testimonios en la película, así como el ejercicio de la memoria “va activando, quizás una falsa memoria, pero un relato. Me parecía interesante ver la ruina de aquel intento, ver los cuerpos en decadencia, con ciertos recuerdos, enconos no resueltos”.

Y, vuelve a Herder, “para ponerlo en el ángulo de la tradición romántica porque nos ayuda a pensar al romanticismos no como un género sino como una tradición y más bien un espíritu que no se puede circunscribir  a una época y que se mantiene en gestos como el de Genovés. Herder escribe un diario durante su expedición. Se lo comparte a Goethe y éste va a tomarlo como figura para la creación del Fausto.”

Pregunta Flores Valencia algo parecido a esto a propósito del actúa confinamiento: ¿se puede navegar interiormente?

César Cortés responderá que “los límites están en nuestra conciencia. Y este confinamiento nos coloca en ese lugar en donde los objetos pesan aún más, están perdiendo su poética en la medida en que no pueden ser enfrentados a la vida insospechada. En esta inmovilidad, los objetos pierden esta potencia, pero la pierden porque los extra-significamos en su funcionalidad. Quizás el viaje lo que permite es poner en juego la necesidad de estos objetos. Incluso, ¿necesito de los libros para poder conocer el mundo? No será que el otro radical que está en el otro extremo del mundo o la cultura podrá enseñarme más, o los animales con su comunicación distinta y distante a lo humano sí tiene cosas qué decirme?

Cuauhtémoc precisará que “lo que esta en juego parece ser el significado… Los objetos cargan de una cierta fuerza significativa o vital en la medida en que hay algo que permite dislocarlos de su uso común y los resignifica a nivel simbólico”.

Martín explica que en su texto ha incluido una breve cita sobre Philippe Descola, antropólogo francés, que después de pasar ocho años en el amazonas escribe La selva culta: Simbolismo y praxis en la ecología de los Achuar (2014) “que habla de su experiencia con una comunidad allí, que va a ser su base para definir las culturas animistas y cómo tienen relaciones de cotidianidad o parentescos, etc. Establecen una serie de relaciones con lo que nosotros podríamos llamar objetos y que ellos consideran otro con una interioridad similar a la nuestra… El problema en el encierro es que el entorno lo hemos creado nosotros y las oportunidades de alteridad son restringidas. Estando en el desierto, en la selva o en el mar la interpelación es desbordante”.

Alejandro citará tanto la novela La vorágine (1924), de José Eustasio Rivera, “el paso de la naturaleza a lo urbano, a la modernidad. Y su final ‘se los tragó la selva’, quizás hoy nos faltaría un poco de eso. Y el final de la película Contagio (2011), de Steven Soderberg, una máquina talando arboles y el hábitat de los animales se altera y eso genera su mudanza y de allí se deriva una pandemia. Y eso nos ayuda a pensar sobre lo que falta, ya no solo desde la voluntad romántica, sino ponerle pausa o alto a la destrucción del planeta por el exceso de racionalidad instrumental. Quizás hoy sea lo deseable poder entrar en la selva”.

Velazco tomará la referencia para hacer una cita contundente de la novela La vorágine: “Al principio de La vorágine está esta frase: Antes de que me hubiera enamorado de mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”.

Y otra de Genovés: “Algo así como llegar a ser mar pensante es lo que quiero llegar a ser”.

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